Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "La gente siente que el Gobierno le ha declarado la guerra". Entrevista a Iván Repila · Isabel Urrutia (El Correo) -
  2. 25 de Febrero de 2013
  1. El niño que robó el caballo de Atila, de
  2. Iván Repila

Toda la historia se huele, se palpa y se paladea. A ratos opresivo, a ratos mágico, es un libro que invita a salir adelante.
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El autor bilbaíno publica su segunda novela, ‘El niño que robó el caballo de Atila’, «una alegoría de la situación actual en España»

Aficionado a las artes marciales desde pequeñito, en cuanto se enfundó los guantes descubrió un mundo a la medida de los tiempos -tan rematadamente duros- que corren. No porque pretenda emprenderla a puñetazo limpio, sino porque el boxeo le ha inculcado lo fundamental para sobrevivir: «Me ha enseñado dos cosas: a no tener miedo a los golpes y a evitar que me hagan daño. ¿Cómo se consigue? Muy fácil: hay que echarse hacia adelante, así le quitas fuerza al golpe del enemigo».

Palabra de Iván Repila, un joven bilbaíno de 34 años que acaba de publicar su segunda novela: 'El niño que robó el caballo de Atila' (ed. Libros del Silencio). Tiene poco más de 130 páginas, esquema de cuento tradicional -con personajes que se llaman el Grande y el Pequeño- y toda la historia se huele, se palpa y se paladea. A ratos opresivo, a ratos mágico, es un libro que invita a salir adelante.

-¿De qué va exactamente?

-De todos nosotros. De ti y de mí, hundidos en un pozo. Le di los últimos toques el año pasado, así que te puedes imaginar... Es una alegoría, con muchos guiños literarios, de lo que estamos viviendo y sufriendo en España.

-Hay rabia y amargura.

-Rabia, claro que sí. Pero no hay amargura. ¡Qué va!

-¿No?

-No, yo reflejo el sentir de muchísima gente que ya no puede más. Hay rabia pero no amargura.

–¿Y a usted cómo le va? ¿Cómo es su día a día?

-Busco trabajo, estoy con mi mujer, salgo con los amigos, saco al perro y... estoy informado. No vivo en una burbuja. Soy un tipo muy sencillo, que pasa de chuminadas y saraos literarios. No me interesa ese mundillo.

-¿En qué trabajaba hasta ahora?

-Era gestor cultural en el Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo, en Madrid. Su director es José Monleón, ganador de un Max honorífico en 2011.

-Y ahora usted vive en Valencia.

-Ya ves, me busco la vida y, además, aquí tengo familia. Me pateo las calles y, oye, el otro día vi una pintada que me dejó de piedra.

-¿Qué decía?

-'Bárcenas=cárcel. O me hago terrorista'. Duro, muy duro.

-Aparte de peligroso.

-Por eso me llamó la atención. Y encima en una comunidad autónoma tradicionalmente gobernada por el PP. No sé, hay una sensación generalizada de que el Gobierno nos ha declarado la guerra. La gente tiene una percepción muy negra del futuro. Esto es una bomba de relojería.

-¿La indignación ya es cosa del pasado?

-Hace muy poco le oí decir al escritor Pablo Gutiérrez que «este país necesita menos indignación y más dinamita». Con eso se dice todo.

-Su libro empieza con citas de Margaret Thatcher y Bertolt Brecht, y como colofón hay una de Albert Camus. ¿También ha elegido usted esta última?

-Sí, por supuesto. Es una que dice: 'En mitad del invierno, he descubierto en mí un verano invencible'.

-Menos mal, ¿no?

-Albert Camus es uno de mis autores favoritos. Me he leído sus obras completas.

-¿Termina bien su novela?

-Bueeeeno. ¿Tú qué crees?

-Interesa más lo que usted piensa.

-(Risas) Nada, nada, que cada uno saque sus conclusiones. Ni yo, ni nadie tiene fórmulas mágicas. ¿Cuál es la solución a lo que está pasando? ¿Basta con echar a Rajoy? ¿Convocar elecciones anticipadas? Yo no tengo la fórmula mágica y el final de la novela..., pues tampoco.

Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, se ha batido el cobre de mil maneras. Se ha ganado la vida como creativo publicitario, gestor cultural, diseñador gráfico, corrector de pruebas y, en calidad de editor, ha sacado «dos libros de poesía soberbios», del poeta vasco Sergio Oiarzabal (1973-2010).

Los títulos 'Delicatessen Underground: Bilbao Ametsak' y 'Traductor de sueños por Babilonia' todavía se pueden conseguir en www.masmedulaediciones.com y no descarta continuar publicando más textos.

Tampoco descuida la producción propia, porque ya está planeando más de una novela, «que bien podrían ser historias de amor o de ciencia ficción». Le cuesta decidirse y, además, no tiene prisa. El repentino fallecimiento de su editor, Gonzalo Canedo, fundador de Libros del Silencio, le ha dejado «con una sensación de orfandad muy grande». Normal. Fue su mentor y amigo, un profesional que no dudó en apostar ciegamente «por un chico que rompe con la pana». Así lo definía el propio Canedo.

«Publicó mi primera novela... ¿Qué más se puede decir? Se titula 'Comedia canalla' y es muy distinta a 'El niño que robó el caballo de Atila'. Tiene un ritmo trepidante y es bastante bestia», confiesa entre risas su autor, que acaba de terminar un guion inspirado en el libro, para una futura película con mamporros a lo Tarantino. Lo ha escrito mano a mano con el cineasta madrileño Max Lemcke y solo espera que algún productor se avenga a poner el dinero.

-¿Piensa quedarse en Valencia?

-No, volveré a Bilbao muy pronto.

-¿Así que descarta marcharse al extranjero?

-Pues no. Con mi mujer, que es directora de teatro, estoy barajando marchar a Brasil o Australia, si no encuentro trabajo en Bilbao.

-¿Por qué esos países?

-Ana Cristina es portuguesa, de Madeira, y tiene parientes allí. Yo solo quiero llevar una vida normal, formar una familia y ese tipo de cosas. Aunque reconozco que duele irse cuando tu país más te necesita.

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