Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Reseña Carlos Casares, 'Narrativa breve completa'" · Uxue Juárez (GRUNDmagazine) -
  2. 15 de Febrero de 2013
  1. Narrativa breve completa, de
  2. Carlos Casares

Es esta misma voz humilde, audaz, dramática a veces y repleta de humor en otras ocasiones […], con tintes de narrativa oral, la que nos atrapa. […] Una muestra indispensable para conocer la narrativa de Carlos Casares. […] Se debe destacar por un lado la labor realizada por la editorial Libros del Silencio […], quienes se han esforzado en reunir la narrativa traducida de Carlos Casares. Por otro lado, resulta llamativa la capacidad del autor a la hora de hilvanar historias de temáticas y estilos tan diversos y […] donde demuestra un profundo conocimiento de la psique humana.
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Dice Juan Cruz Ruiz en el prólogo a la Narrativa breve completa de Carlos Casares (Ourense, 1941- Vigo, 2002) que este autor siempre

[Carlos] te contaba las últimas cosas que sabía con la destreza del que quiere entretenerte sin darse otra categoría que la de humilde contador de historias.

Me encantaba Carlos, me gustaba mucho hallarlo en cualquier rincón del mundo por el que transitábamos, y a veces lo llamaba por el único placer de escucharle contar de nuevo historias que ya le había oído en otras ocasiones.

Es esta misma voz humilde, audaz, dramática a veces y repleta de humor en otras ocasiones la que encontramos en la obra de este escritor que modernizó la escritura costumbrista norpeninsular e impulsó la Nueva Narrativa Gallega.

Es esta misma voz con tintes de narrativa oral la que nos atrapa y nos introduce en el universo del barrio, la calle, la culpa o la violencia de la primera parte del libro, El juego de la guerra y otros cuentos, que presenta una Galicia sofocante donde el sol acompaña y nubla la mente de los protagonistas. Es esa voz la que perfila el juego entre víctimas y verdugos que, de manera velada, se pacta a menudo en la etapa adolescente, la que habla del sadismo, del modo en que ejercemos la violencia o recibimos su impacto con la misma naturalidad con la que despertamos, desayunamos o nos cepillamos los dientes.

Ahora estoy en este colegio desde hace un año. Es primavera y no puedo salir. A lo mejor me dejan marchar en julio, pero todavía no lo sé. Ayer me llevaron a la sala de castigos. Dicen que en el recreo no puede andar uno solo paseando por el patio, que hay que jugar. Tampoco se puede andar de dos en dos. ¡La puta que los parió a todos! Yo quiero andar solo. A mí no me gusta jugar al fútbol ni al frontón ni al baloncesto. Me gusta jugar en el lavabo. Tampoco se puede, porque está también prohibido. Pero por las noches, cuando todos duermen, me levanto y voy a los lavabos y juego a la guerra. Durante el día cojo moscas, les arranco las alas y las guardo en una caja de cerillas. Por la noche meto las moscas en la pileta y abro el grifo, poquito a poco, muy despacito. Las moscan suben, huyen por la pileta arriba, pero yo las empujo para abajo con una pajita y se ahogan. Es la guerra.

Junto a otros episodios en los que se ejerce la violencia entre adultos (<<Ética, estética, dietética>>, <>, <> o <>) o se analizan el sentimiento de culpa (<>, <>) y la soledad (“Espera larga al sol”), esta primera parte incluye también otra serie de relatos en torno al tema de un amor de juventud que nunca llega a olvidarse (<>, <>) y que sumerge al protagonista en una de sus primeras experiencias melancólicas:

Y el tardará en dormir, pero dormirá. ¿Dormirá?

Mañana, al levantarse, se sentirá triste. Más triste que nadie. ¿Y qué será de Anne? No la volverá a ver. ¿Nunca más? Nunca más.

Se levantó muy temprano. Se marchó corriendo al campo de la feria. En el sitio del cerco sólo quedaba un redondel.

En oposición a un estilo más cercano a la oralidad, en la segunda parte del libro, Los oscuros sueños de Clío, Casares adopta un lenguaje preciso y minucioso, paródico, plagado de detalles sobre personajes históricos gallegos a quienes el autor simula conocer a partir de estudios hallados en hemerotecas o bibliotecas. A caballo entre la realidad y la ficción, acerca al lector de Narrativa breve completa a un conjunto de narraciones con características cercanas a lo real-maravilloso. Casares abre la puerta de su universo fantástico gallego y reyes, caballeros normandos, espíritus, alquimistas, obispos, falsos santos y escritores salen al encuentro del asombrado lector.

A pesar de la versatilidad propia del autor, un rasgo que comprobaremos una vez más en la tercera sección del libro, Relatos dispersos, donde el escritor introduce personajes tan variados como un pulpo gigante que rapta a un criado, un narrador indignado que critica a un ciclista cetrino  o un herrero que comienza a poner huevos y acaba convirtiéndose en un gallo, la atracción y el interés que despiertan los relatos de la parte inicial se difuminan en el resto, sobre todo en la parte central. En este sentido, aunque la obra constituya una muestra indispensable para conocer la narrativa de Carlos Casares, la selección resulta un tanto irregular y pierde intensidad en la ya citada Los oscuros sueños de Clío, donde la enumeración de personajes gallegos y de datos históricos invaden el espacio dedicado antes al desarrollo del perfil psicológico y la crueldad de los protagonistas.

De todas formas, se debe destacar por un lado la labor realizada por la editorial Libros del Silencio y por su tristemente desaparecido editor Gonzalo Canedo, quienes se han esforzado en reunir la narrativa traducida de Carlos Casares. Por otro lado, resulta llamativa la capacidad del autor a la hora de hilvanar historias de temática y estilo tan diversos y, por supuesto, tal y como demuestra en Juegos de la guerra, donde demuestra un profundo conocimiento de la psique humana. Relatos breves e inolvidables que reflejan maldad de los que el ser humano es capaz. Porque el ser humano encierra la posibilidad del mal y Casares no duda en destaparla. El autor narra y dice: mira, entra. Y salen los alacranes. Y el lector olvida entonces todo lo que había al otro lado. Casares libera los males de la Caja de Pandora en forma niños que juegan en el río y el lector, cómplice aterrado, presencia el acto con fruición.

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