Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "'Knockemstiff', de Donald Ray Pollock" · Jorge Lara Gómez (Fantasymundo) -
  2. 04 de Febrero de 2013
  1. Knockemstiff, de
  2. Donald Ray Pollock

Vivencias (ficticias, eso sí) relatadas a través de un prosa durísima y cercana, tan cercana que apesta a estercolero, a sudor rancio, a cerveza barata, a sueños hechos añicos, cuyos efluvios hacen que pierdas la verticalidad. […] Es tremendamente atrayente, es directa, es cruda, es descarnada, inquietante, es… VERDADERA.
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«Knockemstiff» es un tren de mercancías que te arrolla y no deja de ti ni el recuerdo. Es un lugar pequeño e insignificante que se alimenta de dolor, rabia, incomprensión y fracaso humano. Es un brutal puñetazo al mentón, una novela bestial.

Knockemstiff, situada al sur del estado de Ohio, Estados Unidos. Su población ronda los 200 habitantes y hubo que esperar hasta los años cuarenta para poder encontrarla en un mapa de carreteras. Sobre el origen de su nombre tres teorías se barajan: una pelea legendaria en la taberna del pueblo; un consejo que el clérigo allí destinado le dio a una mujer para evitar que su marido le siguiera siendo infiel; y una tercera (mi preferida) sobre el mismo clérigo, que al ver como dos mujeres se peleaban por el mismo hombre, este “buen” pastor les instó a que lo “dejaran tieso” a él, en lugar de pegarse entre ellas, puesto que el tipo en cuestión era poco más que carroña. Sea como fuere, lo que sí es cierto es que “Knockemstiff” proviene de la expresión inglesa Knock them/him staff: déjalo/s tieso/s… y poco creo equivocarme al afirmar, que tras la lectura de lo que muchos afirman es el primer clásico de la literatura americana del siglo XXI, “tieso” es como vas a quedarte, como poco, al inicio, durante y tras la culminación de cada uno de los 18 relatos que su autor, Donald Ray Pollock, un currito de los de toda la vida (en un fábrica de papel) reconvertido en novelista tardío, despliega sobre la mesa mostrando con total naturalidad y sin azúcares añadidos, lo “perra” que puede llegar a ser la vida.

“Bienvenidos a Knockemstiff, Ohio. Lo de bienvenidos es un decir. Nadie ha sido jamás bienvenido aquí, y los que vinieron no piensan en otra cosa que en marcharse…”. La verdad es que tras un comienzo de novela como éste, ya empecé a hacerme una idea de lo que podría encontrarme en cada uno de los 18 relatos, a los que perfectamente podríamos sumarles el excepcional prólogo -de donde está extraída esta frase-, del periodista, novelista y Dj, Kiko Amat.  Y es que hasta la fecha, no me he encontrado con un prólogo tan extenso: 12 páginas, y tan tremendamente… desgarrador, acorde con el tono impregnado a fuego por Pollock. Sin duda, de las mejores introducciones que he leído hasta ahora.

Como digo, me fui acomodando para lo que se me venía encima, pero ni aun habiendo leído el “relato” de Amat, y pese a que ya me puso sobre aviso semanas antes, un profesional que del verbo escrito sabe un poco, conocido en los círculos más íntimos como el “Sr. Electricista”: “Un pelotazo en los huevos, relatos muy crudos, con un estilo descarnado y la ostia de interesantes”, creo que NADA me hubiera preparado para lo que hallé tras la puerta de "Knockemstiff".  Y es que tras su puerta no encontraréis fantasía, tampoco terror o ciencia ficción, ni siquiera drama, “drama” era el hermano de Vincent Chase en la magnífica serie “El séquito” (que tanto echo de menos).  Estas historias van mucho más allá del drama: son vivencias (ficticias, eso sí) relatadas a través de un prosa durísima y cercana, tan cercana que apesta a estercolero, a sudor rancio, a cerveza barata, a sueños hechos añicos, cuyos efluvios hacen que pierdas la verticalidad, y cuando estás intentando erguirte, te lanza una brutal combinación de jab- cross, jab-cross que de nuevo vuelve a tumbarte, y boqueas como un pez fuera del agua, porque Knockemstiff es eso: una falta de aire, un uppercut en las costillas, un punzón hurgándote en una herida que no termina de curar, un tipo duro malcarado que mientras te ve en el suelo retorciéndote como una babosa a la que le han echado sal, te escupe a la cara una mezcla de saliva y tabaco de mascar mientras te propina una patada en salva sea la parte, y con un voz grave y poderosa te dice que mires su bota, una bota que luce un slogan en su puntera que reza: “¿Te duele? te jodes, esta es la vida real”.  Llegados hasta aquí ¿[email protected] habéis torcido ya el gesto? Unos cuantos, bien, sigamos.


Es por ello que “Knockemstiff” (editorial Libros del Silencio, colección Miradas) es algo que debes leer con calma, tras haber hecho la digestión y sin que nada te perturbe, te moleste, te estorbe y te distraiga. Sólo así no te harás daño y serás capaz de disfrutarla en todo su esplendor, de encontrar la belleza, la compasión, el oscuro sentido del humor que esconde. Asépticamente, el primer trabajo de Pollock (al que le ha seguido su primera novela “novela”, “El diablo a todas horas” editorial Libros del Silencio, colección Miradas) es una colección de relatos entrelazados que nos lleva de los años cincuenta a los noventa en la vida de un pueblo perdido de América, y donde sus habitantes son los protagonistas de cada uno de ellos. Un rebaño de personajes que se irán moviendo, saltando de un relato a otro, de una década a otra, de una parte de su existencia a otra, y con los que te encontraras un par de veces para darte cuenta de lo poco o nada que han hecho por cambiar sus anodinas vidas.  Pero en el fondo, una vez que te zambulles en sus turbias aguas (letras) te das de bruces con un receptáculo (en forma de libro) de desechos humanos, en los que cada habitante es un ejemplo perfecto de fracaso evolutivo, para los cuales, olvidar sus miserables vidas puede que sea lo mejor que hagan nunca, ya que cualquier cosa que hagan por alargarlas acabará siendo peor que la agonía de vivirlas.

Ray Pollock recopila todas las miserias que rodean al ser humano y nos las lanza a la cara, eso sí, de una en una (se agradece el detalle), confeccionado una sucesión de sórdidos cuentos a cada cual mas desolador. Proponiéndonos un viaje al lado más oscuro y ponzoñoso del alma humana sentados junto a un piloto kamikaze que nos hará colisionar sin margen de error contra la alcoholemia, la drogadicción, los malos tratos, la violencia, la pobreza, los abusos sexuales, la mentira, el robo, el racismo, el odio, el engaño, la prostitución… ¡el crimen!, pero lo más descorazonador de todo, es que sus víctimas, sus verdugos, sus… habitantes, aún siendo conscientes de que sus vidas se evaporan como el Bactine que inhalan metiendo la cabeza en un bolsa, no son capaces de dar un golpe de timón, de reescribir su destino, de cambiar el tiempo verbal “me iré” por el “me fui”, de decir ¡BASTA!.  Como estar entre arenas movedizas y ver con desidia como te van engullendo poco a poco. Porque para ellos, Knockemstiff es una prisión en forma de ridícula hondonada, muy al estilo de “Nobleza”, la isla relatada en “Tres vidas chinas” de Dai Sije (editorial La Esfera de los Libros), aquel lugar dónde van a parar los desechos eléctricos de la China moderna. Solo que en el pueblo del sur de Ohio de Pollock, los desechos son humanos y viven poseídos por “la maldición del verdugo” en la que la víctima se acostumbra al castigo.

[email protected] que torcieron el gesto antes y [email protected] que lo hayan hecho ahora, estarán pensando que esta novela no es para [email protected], que se trata de una lectura muy desagradable, y ese “él” o “ella” se estarían equivocando (pienso) totalmente, un CRASO ERROR como diría Marco Licinio Craso, porque acabará siendo novela de culto, no tengo duda.  No es desagradable, es más, a su manera, es tremendamente atrayente (a mi me tuvo hipnotizado), pero sobre  todo es directa (“Mucha gente tiene la impresión equivocada de que tocar fondo tiene algo de romántico o trágico”), es cruda (“Mi padre me enseñó a hacer daño a la gente cuando yo tenía 7 años”), es descarnada (“A cambio de una pinta Thunderbird dejaba que los blancos intentaran romperme los dientes"), inquietante (“uno de esos estercoleros donde siempre suceden cosas que nadie quiere admitir que han pasado”), es… VERDADERA, tan verdadera como “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl (editorial Herder) y es que la verdad siempre duele, pero por mucho que duela, ambas son el ejemplo perfecto de ese tipo de novela que hay que leer, pero con una GRAN diferencia entre ambas: la de Pollock, aunque inspirada en un lugar real, sus personajes e historias son ficticias, el mismo autor lo deja patente en los agradecimientos: “crecí en la hondonada rodeado de una buena familia y de unos vecinos ejemplares”; la de Frankl, sin embargo, pertenece a un período de la historia vergonzante y todo en ella es terriblemente verídico, pero eso ahora no es objeto de análisis.


Para aquellos seguidores de la Cofradía del Clavo Ardiendo (como yo) os diré que incluso puede encontrársele sitio en esta novela a la esperanza y al alivio, sensaciones que os embargarán al terminar el último de los relatos: “Los combates”, reflexionar detenidamente sobre la visita turística realizada a esta hondonada en mitad de ninguna parte que vio nacer a Donald Ray Pollock y terminar concluyendo que pensándolo bien “mi vida no está tan mal”. Como veis, en "Knockemstiff" encontraremos de todo.

Primero de, espero, los muchos libros de Libros del Silencio que reseñaremos en FantasyMundo, y no podíamos haber elegido nada mejor para debutar con ellos que este primer trabajo de Ray Pollock (ya en su segunda edición), tanto por su carga literaria como por la fidedigna labor de traducción (que no ha pecado de almibarar la prosa original) y un cuidadísimo diseño en el que se incluye un mapa iconográfico desplegable a tres páginas que muestran los lugares y familias de Knockemstiff que protagonizan cada uno de los relatos. De verdad, una delicia que viene a constatar que las señas de identidad y principal prioridad de esta editorial son algo más que palabras en su carta de presentación.

Grge dixit: "Un libro es un fragmento de silencio en las manos del lector. El que escribe calla. El que lee no rompe el silencio."  Esta reseña va dedicada a Gonzalo Canedo. Hasta siempre compañero.

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