Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "'El diablo a todas horas' de Donald Ray Pollock · Esteban Gutiérrez Gómez (Bacovicious) -
  2. 27 de Enero de 2013
  1. El diablo a todas horas, de
  2. Donald Ray Pollock

Prosigue Donald Ray Pollock con la narrativa descarnada, franca y no amigable, con decorados en pueblos fantasmas de ese Estados Unidos sureño, selvático, y personajes humanizados despojados de caretas. […] Un entramado perfecto, equilibrado. […] Una auténtica gozada.
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Sin duda alguna Knockemstiff me dejó impactado. Leí el libro de relatos de Donald Ray Pollock por recomendación encarecida (lo vas a flipar) de José Ángel Barrueco. Acertó de lleno en la diana, aquellos cuentos completamente desesperanzadores todavía dan hoy vueltas en mi cabeza. Los personajes de la llamada Norteamérica profunda pujan por salir de su miseria hundiéndose más en ella, más y más, hasta que acaban tragados por la inmundicia. Sí, no future: si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos.

Donald Ray Pollock llega tarde a la publicación, a los 55 años (Knockemstiff se publicó en 2008 en Estados Unidos, y se tradujo al castellano (brutal la traducción de Javier Calvo) publicándose por Libros del Silencio en febrero de 2011), pero durante todos estos años estuvo amasando el buen hacer literario, la técnica que dota a su narrativa de efectividad.

El diablo a todas horas, su primera novela, se publica en Estados Unidos en 2011 y su éxito es inmediato. Prosigue Donald Ray Pollock con la narrativa descarnada, franca y no amigable, con decorados en pueblos fantasmas de ese Estados Unidos sureño, selvático, y personajes humanizados despojados de caretas: tontos de pueblo, poderosos infelices, corruptos hombres de la ley, entregados seguidores de Dios, asesinos en busca de la última instantánea, putas sin posibilidad de ser otra cosa… Vuelve  Donald Ray Pollock a equilibrar la balanza entre personajes buenos y personajes malvados, exactamente de la misma manera que lo hacía Cormac McCarthy en La oscuridad exterior, sin duda alguna una de sus mayores influencias. Personajes, en suma, que no pueden escapar de su negro destino.

Al igual que en Knockemstiff se entrelazan las historias de un modo casi fragmentario, pero el armazón resultante, la estructura que soporta la narración, es un entramado perfecto, equilibrado, que hace que la novela obtenga una consistencia acerada.

Solo un fragmento se escapa de esa estructura, el capítulo inicial que, a modo de preámbulo necesario, nos hace aterrizar en un mundo de sombras, de rezos a la sangre, de sacrificios de animales (y otros “tipos” de sacrificios), de bestialismo y crueldad inimaginables. Un mundo oscuro del que solo se saldrá al acabar de leer la novela.

Y será entonces, cuando la novela ya esté leída, cuando empezarán a deambular por la memoria todas las imágenes que sugiere El diablo a todas horas: cadáveres con ramas insertadas en los orificios de bala que les causaron la muerte, troncos pringosos cubiertos de sangre con miles de insectos a su alrededor, arañas recorriendo el suelo de la iglesia a la búsqueda de fieles creyentes, “basura blanca” con un bote al cuello en el que caen sus babas, muchachas que quemaron la ficha del futuro condenadas a no salir jamás de sus agujeros…

Como dice Kiko Amat, el artífice de que se haya publicado tan pronto a Donald Ray Pollock en España: una auténtica gozada.

Leer en [Bacovicious]

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