Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "John Hawkes" · Philipp Engel (Go Mag) -
  2. 25 de Enero de 2013
  1. El caníbal, de
  2. John Hawkes

Ópera barroca y enloquecida, donde los fantasmas de la mente se funden con los de la Historia. […] Una explosión de horror gótico donde los miedos ancestrales salen a la superficie en un diluvio de imágenes monstruosas que se suceden en desorden. […] Una obra que se perfila radical y sin concesiones, tan fascinante como turbadora.
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"Aplaudo a la oscuridad de la noche. Amo a la oscuridad. No sólo por los placeres tradicionales que conlleva: la comodidad, la seguridad, la paz del sueño. No, las variantes de la inmovilidad sensual no casan bien con mi carácter activo, aunque no niego que de vez en cuando me entregue a ellas con gusto. Lo que sucede es que para mí la noche es lo que las gafas de protección son para el soldador. A través de los cristales gruesos y tintados de la noche sólo veo las luces más brillantes y terroríficas". John Hawkes ("Travesti").

En un país donde prácticamente no se lee, y donde lo que mayormente lee la gente poco o nada tiene que ver con la literatura, un escritor como John Hawkes, pionero de la postmodernidad que se ganó la desilusionante etiqueta de 'escritor para escritores' (aclamado por Barth, Bradbury, Eugenides, Moody o Pynchon, entre otros), tiene todos los números para seguir siendo un ilustre desconocido. Y sin embargo, nuestras editoriales, en su quijotesca labor educadora, no han cesado de abrirnos las puertas a una obra que se perfila radical y sin concesiones, tan fascinante como turbadora. Si se nos pasaron por alto las oportunidades que nos brindaron Alfaguara, Fundamentos o Empúries (seis títulos sobre un total de 20), el año que se fue nos dejó otras dos nuevas, y puede que inmejorables, ocasiones de conocer a John Hawkes. Libros del Silencio presentó "El caníbal" (1949), su primera novela, y la editorial vasca Meettok, que ya publicó "La pata del escarabajo" (1951), repitió con "Travesti" (1976), las tres expertamente traducidas por Jon Bilbao. Separadas por un cuarto de siglo, "El caníbal" y "Travesti", son las puntas del compás que permite imaginar la evolución de un novelista que, en un juego de identificación perversa, gustaba de confiar la narración a un psicópata.

El conductor que, en "Travesti" (donde no hay transexuales), surca la noche de Francia acompañado de su hija, y de un amigo, amante de esta y de su mujer, planea estampar su coche a final de trayecto; mientras que, en las ruinas apocalípticas de la pequeña ciudad alemana de "El caníbal", un nazi aspira a restaurar el régimen asesinando al único norteamericano que circula, en moto, por su universo de pesadilla. Ambas novelas no pueden, por lo demás, ser más distintas: todo lo que tiene "El caníbal" de ópera barroca y enloquecida, donde los fantasmas de la mente se funden con los de la Historia, lo tiene "Travesti" de mínima. A pesar de su crueldad y también gracias a ella, esta última brilla por su alta elegancia poética y tiene momentos de gran sensualidad, como el de las adolescentes que, con los ojos vendados, las manos atadas a la espalda y de rodillas, compiten para comerse las zanahorias colgadas ante ellas con ese fin. "El caníbal" es en cambio una explosión de horror gótico donde los miedos ancestrales salen a la superficie en un diluvio de imágenes monstruosas que se suceden en desorden. El caos total frente al orden perfecto. 

Hawkes dejó dicho que "la trama, los personajes, el escenario y el tema son los mayores enemigos de la novela""El caníbal" y "Travesti" disponen todavía, a su manera, de estos elementos, aunque de forma difusa y desviada, huyendo de la psicología y del realismo: la tenue trama desaparece bajo el peso de la palabra, los personajes son pretextos, el paisaje es mental y los temas no constituyen el motivo para la edificación de la obra. En tanto que declaración de principios, "El caníbal" nos confirma a Hawkes como adepto a lo que Vila-Matas define, en "Chet Baker piensa en su arte", como la vía Finnegans. Es decir, que se postula como el creador de una ficción que no tiene en cuenta al lector arraigado en la tradición decimonónica, necesitado de todas esas cosas que decía odiar. Una ficción que, rindiendo honores al antropofágico título de la novela, se alimenta de sí misma.  

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