Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Sexo, muerte y condenación" · Carolina Velasco (numerocero) -
  2. 26 de Diciembre de 2012
  1. El diablo a todas horas, de
  2. Donald Ray Pollock

Donald Ray Pollock vuelve a ese Knockemstiff de sus primeros relatos y que ya va camino de convertirse en un lugar mítico de la literatura, como antes lo fueran el Macondo de García-Márquez o el Yoknapatawpha de Faulkner y con quien Pollock, sin duda, tiene muchos puntos en común. […] Pollock no edulcora ni la desesperación ni la pobreza (no sólo económica) de sus personajes, tampoco las usa como coartada para redimirlos, tan solo se limita a mostrar unas cartas que no son fáciles de digerir. […] 'El diablo a todas horas' no solo revuelve y desasosiega, sino que plantea cuestiones vitales sobre el lado más oscuro de la naturaleza humana... y no, no da respuestas, por la sencilla razón de que no las hay.
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'El diablo a todas horas' comienza con la demoledora imagen de Willard Russell rezando junto a su hijo Arvin, momento en el que el chico, de sólo 10 años, aprende una lección que marcará el resto de su vida, una lección que habla de venganza, muerte y fanatismo religioso. Así comienza el debut como novelista de Donald Ray Pollock, que vuelve a ese Knockemstiff de sus primeros relatos y que ya va camino de convertirse en un lugar mítico de la literatura, como antes lo fueran el Macondo de García-Márquez o el Yoknapatawpha de Faulkner y con quien Pollock, sin duda, tiene muchos puntos en común: esos personajes condenados desde la cuna y que se aferran a la religión, el sexo o el crimen. En esta novela coral tenemos desde una pareja de asesinos que usan la fotografía como excusa a predicadores de medio pelo, pasando por beatas, supervivientes de la guerra de Corea tocados por lo visto en la guerra y niños cuyo destino está escrito con sangre desde la cuna.

Pollock teje a lo largo de las páginas de 'El diablo a todas horas' una novela en la que las vidas de los protagonistas se cruzan en la década de los 40 y que se vuelven a encontrar, cerrando un perverso círculo, a mediados de los 60, en una América profunda, hiriente, supersticiosa, que huele a whisky y a cerveza caliente y que tiene ecos de las novelas de Cormac McCarthy, el 'Badlands' de Terrence Malick, las canciones de Hank Williams y la iconografía de ese EEUU rural que se ha venido tejiendo durante décadas en el imaginario colectivo. Pollock no edulcora ni la desesperación ni la pobreza (no sólo económica) de sus personajes, tampoco las usa como coartada para redimirlos, tan solo se limita a mostrar unas cartas que no son fáciles de digerir: maridos capaces de prostituir o matar a sus mujeres a sangre fría, hombres capaces de abusar de niños y sheriffs corruptos. Sí el título no miente, el verdadero protagonista es el Diablo, la otra cara de ese Dios al que muchos de los protagonistas a veces rezan con mojigatería y otras con crueldad satánica. Pero Pollock tampoco se limita a trazar personajes planos y unidimensionales, y es fácil sentir lástima por esa Sandy arrastrada al crimen o por ese pequeño Arvin que termina dejando tras de sí un reguero de cadáveres. 'El diablo a todas horas' no solo revuelve y desasosiega, sino que plantea cuestiones vitales sobre el lado más oscuro de la naturaleza humana... y no, no da respuestas, por la sencilla razón de que no las hay.

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