Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Donald Ray Pollock: 'El diablo a todas horas'" · Izaskun Gracia (Koult) -
  2. 20 de Diciembre de 2012
  1. El diablo a todas horas, de
  2. Donald Ray Pollock

Una vez leído El dia­blo…, no pode­mos sino des­cu­brir­nos ante el autor y reco­no­cer que Donald Ray Pollock anda sobrado de talento y que su pri­mera novela no sólo está a la altura de su debut lite­ra­rio, sino que, si eso es posi­ble, con­si­gue superarlo. […] Pollock con­si­gue retra­tar lo que acon­tece a sus per­so­na­jes sin caer en el tre­men­dismo, y apor­tando en oca­sio­nes peque­ñas dosis de poe­sía a la narra­ción, con­si­guiendo que logre­mos atis­bar cierta belleza den­tro de la tragedia.
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Donald Ray Pollock sor­pren­dió a pro­pios y extra­ños cuando, en 2008 (2011 en España), publicó Kno­ckems­tiff, una colec­ción de rela­tos ambien­tada en el pue­blo que da título al libro (y donde el autor nació y cre­ció) y que retra­taba un mundo mar­cado por la vio­lencia gra­tuita, las dro­gas y el sexo, que fas­ci­naba y cau­saba rechazo a par­tes igua­les. Cua­tro años des­pués (o uno, según se mire), Pollock ha visto publi­cado su siguiente libro, que tam­bién es su pri­mera novela.

No son pocos los que reci­bie­ron El dia­blo a todas horas con cierto recelo –y no es para menos–: ¿esta­ría este libro a la altura de su pre­de­ce­sor? ¿Real­mente Pollock tenía talento o nos vería­mos obli­ga­dos a reco­no­cer que Kno­ckems­tiff no había sido más que un golpe de suerte? Sin embargo, una vez leído El dia­blo…, no pode­mos sino des­cu­brir­nos ante el autor y reco­no­cer que Donald Ray Pollock anda sobrado de talento y que su pri­mera novela no sólo está a la altura de su debut lite­ra­rio, sino que, si eso es posi­ble, con­si­gue superarlo.

El dia­blo… nos lleva de vuelta a Kno­ckems­tiff y nos pre­senta a Arvin Rus­sell, un joven cuya infan­cia quedó mar­cada por la enfer­me­dad de su madre y la locura de su padre, y que se con­vierte en un joven cuya par­ti­cu­lar bús­queda de la jus­ti­cia le lle­vará a cru­zarse con Carl y Sandy, una pareja de ase­si­nos en serie con cierta inquie­tud artís­tica; con Roy y Theo­dore, pre­di­ca­do­res y enga­ña­bo­bos; con Pres­ton Tea­gar­tin, un cruel y las­civo sacer­dote; y con Lee Bode­cker, she­riff corrupto que, ade­más, es her­mano de Sandy.

El autor se encarga de dar forma a veinte años de his­to­ria, en la que estos per­so­na­jes se cru­za­rán entre sí e influi­rán –gene­ral­mente, de forma trá­gica– en las vidas de los demás, muchas veces sin darse cuenta de ello y ape­lando a razo­nes que tie­nen mucho que ver con una idea equi­vo­cada de la fe. Pues, si hay algo que todos estos per­so­na­jes tie­nen en común, eso es Dios. Pero el Dios de Kno­ckems­tiff no se puede encon­trar en nin­gún otro lugar. Según Pollock, este Dios es cruel y san­gui­na­rio y tor­cido y sucio e incluso sería blas­femo ante sí mismo, y por eso acu­den a él los per­so­na­jes de esta novela, por­que sólo Algo tan sinies­tro y mons­truoso como ellos puede sal­var­los de sí mismos.

Y, sin embargo, el autor no se rego­dea en el horror. A pesar de las cosas terri­bles que suce­den en la hon­do­nada y de que esta­mos ante una his­to­ria trá­gica pro­ta­go­ni­zada por seres deses­pe­ra­dos con­de­na­dos desde su naci­miento, Pollock con­si­gue retra­tar lo que acon­tece a sus per­so­na­jes sin caer en el tre­men­dismo, y apor­tando en oca­sio­nes peque­ñas dosis de poe­sía a la narra­ción, con­si­guiendo que logre­mos atis­bar cierta belleza den­tro de la tragedia.

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