Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "El diablo a todas horas" · Antonio Lozano (Qué Leer) -
  2. 01 de Diciembre de 2012
  1. El diablo a todas horas, de
  2. Donald Ray Pollock

Dueña de unas virtudes formales que no admiten discusión, El diablo a todas horas […] plantea, sin embargo, unos dilemas morales muy peliagudos. […] El conflicto que genera este libro habla bien de Pollock por cuanto la literatura también está, por descontado, para convulsionar, levantar ampollas, crear bandos. […] Una milimétrica tela de araña tejida con una prosa maléficamente embriagadora.
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La violencia en el arte, incluso la más atroz y gratuita, ha sido muy fácil de justificar en la era posmoderna: que si era un simple reflejo del perverso estado del mundo, que si filtraba una crítica nihilista a la deshumanización del individuo, que si servía de expiación a nuestras pulsiones más secretas… en última instancia siempre se podía apelar a la soberanía absoluta del creador, lo que automáticamente suponía la asociación del que disentía con un represor y un puritano. Dueña de unas virtudes formales que no admiten discusión, El diablo a todas horas, al igual que ocurría con los anteriores relatos hilados de su autor, Knockemstiff, plantea, sin embargo, unos dilemas morales muy peliagudos. Obviamente, a todos aquellos que piensen que cualquier obra de arte debe tener un centro (que no un propósito o una misión) moral, por pequeño que sea. Introducir la moral en la valoración de una obra es por sistema resbaladizo, pues coloca al crítico en una posición a medio camino entre el santurrón y el censor. Por ello comenzaré diciendo que el conflicto que genera este libro habla bien de Pollock por cuanto la literatura también está, por descontado, para convulsionar, levantar ampollas, crear bandos… Ahora bien, en su seguimiento de un hatajo de ruinas humanas ávidas de sangre, el autor no parece impelido por otro motivo que no sea demostrarle al lector que, recurriendo a su talento para la composición de personajes que se cruzan en una milimétrica tela de araña tejida con una prosa maléficamente embriagadora, es capaz de apelar a esa morbidez congénita sin dejar de avanzar por muy enfermiza que se ponga la cosa. Con su ensañamiento en lo sórdido —hasta el sol "asomó en el cielo como un forúnculo enorme e infectado"—, el libro va perdiendo efecto hasta devenir casi grotesco; entre las capas de mugre y los cadáveres amontonados asoma todo el rato el músculo narrativo, mas no se divisa ningún fondo. Más preocupante se antoja que, como ocurría con American Psycho y algunas escenas de Tarantino, el envoltorio estético y el humor negro impidan ver que no hay más sentido final. ¿De verdad es deslumbrante el horror? ¿La crueldad puede ser guay?

Argumento

Un chaval es forzado a extenuantes sesiones de rezo en las que se llevan a cabo sacrificios de animales por parte de su padre, un fanático religioso que confía en salvar así a su esposa del cáncer. Una pareja de asesinos en serie salen a la carretera a cazar autoestopistas, cuyos cadáveres son fotografiados con propósitos sexuales. Un predicador que abusa sexualmente de menores y un sheriff que aprieta el gatillo sin despeinarse. El diablo no descansa en el sur de Ohio.

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