Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "El diablo a todas horas" · Sonia Fides (Mademoiselle joue avec son revolver) -
  2. 03 de Diciembre de 2012
  1. El diablo a todas horas, de
  2. Donald Ray Pollock

Incisiva, de una brutalidad verbal controlada, pero de una crudeza visual demoledora, El diablo a todas horas se convierte en un puñado de sal en la garganta del sediento, un chorro de vinagre en la boca de un enfermo o en un latigazo sobre la piel ya marcada de un esclavo. Pollock no defrauda, su puntería no se resiente y da exactamente en ese punto de la retina en el que las historias se hacen necesarias. […] Delicatessen imprescindible.
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¿Qué pasa cuando un adolescente se ve acorralado por esa extravagante manera en que a veces Dios alimenta a sus corderos? Pues está claro, que el diablo hace de las suyas a cada movimiento del segundero. Esta es una novela en la que queda claro que Dios tiene muy mala memoria, una historia en la que la gente no tiene más remedio que defenderse de los olvidos de Dios, una novela en la que la buena puntería te salva o si no te salva al menos te redime. Lejos de la brutalidad explícita que Ray Pollock desplegó en su libro de cuentos, El diablo a todas horas es un preciso mosaico elaborado a base de escenas de brutalidad controlada. El autor sabía que si dejaba a esta historia alimentarse de las rentas, la historia sería una bala imprecisa e inocua. Por fortuna no pasa y Pollock construye una historia coral, admirable y consistente, en la que deja más claro que nunca que la corrupción de la ley, el sibilino abuso de la iglesia, o el insano abuso del poder, acaban engendrando monstruos en sus insanos úteros. Un catalogo expresionista de revanchas, un vademécum de personajes limitados y al límite. Fanáticos religiosos, religiosos que abusan de su poder, fuerzas del orden que ordenan vidas ajenas cuando la suya es un pozo imantado para recoger la peor basura. Adolescentes cuyo cuerpo será su sentencia de muerte y mujeres que creen que el amor es el más férreo seguro de vida. No parece nada nuevo, pero sobre las manos hábiles de Ray Pollock esta aventura se convierte en una cacería a cuatro bandas. Muchas maneras de matar on the road. Arvin Russel bien podría ser la versión armada de Antoine Doinel. Incisiva, de una brutalidad verbal controlada, pero de una crudeza visual demoledora, El diablo a todas horas se convierte en un puñado de sal en la garganta del sediento, un chorro de vinagre en la boca de un enfermo o en un latigazo sobre la piel ya marcada de un esclavo. Pollock no defrauda, su puntería no se resiente y da exactamente en ese punto de la retina en el que las historias se hacen necesarias. Quién dice que los ojos no tienen sed. Delicatessen imprescindible.

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