Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Alén dos homes" · Verónica Lorenzo (Granite & Rainbow) -
  2. 01 de Octubre de 2012
  1. Elisa y Marcela, de
  2. Narciso de Gabriel

No es la historia en sí, la de Elisa Sánchez Loriga y Marcela Gracia Ibeas, la que nos importa – o la que nos debería importar-, sino lo que ellas representaron en su tiempo y lo hacen todavía ahora. […] La libertad, la independencia, la capacidad de tomar decisiones, y de vivir, es bien cierto, al margen del hombre y del qué-dirán (del disque disque) en una sociedad inclinada hacia el patriarcado y donde la moral y la apariencia son criterios imprescindibles para una vida tranquila.
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Elisa y Marcela no son protagonistas de una novela. Aunque no se les debe restar mérito, pues bien pudieran servir como fuente de inspiración para una. Su historia es todo menos simple. El escritor Manuel Rivas, en el prólogo al (maravilloso) libro escrito por Narciso de Gabriel, “Elisa y Marcela: más allá de los hombres” (Libros del Silencio, 2010), sintetizó su historia en doce palabras: «una de las más extraordinarias historias de amor de todos los tiempos». Y punto.

No es la historia en sí, la de Elisa Sánchez Loriga y Marcela Gracia Ibeas, la que nos importa – o la que nos debería importar-, sino lo que ellas representaron en su tiempo y lo hacen todavía ahora. Son los valores en los que se baña la historia, los valores de una mujer que, aunque nos pueda parecer increíble en estos tiempos en los que vivimos, vamos perdiendo gracias a una simulada política de austeridad. Estos valores, tan bien representados e intrínsecos a ellas a pesar del tiempo y del silencio al que fueron sometidas convenientemente, son la libertad, la independencia, la capacidad de tomar decisiones, y de vivir, es bien cierto, al margen del hombre y del qué-dirán (del disque disque) en una sociedad inclinada hacia el patriarcado y donde la moral y la apariencia son criterios imprescindibles para una vida tranquila.

Si lo piensan bien, partimos del hecho de que Galicia es un país tranquilo, históricamente silenciado y simuladamente sometido. Un hecho como el protagonizado por Elisa y Marcela es comprensible que en aquel tiempo –hablamos de los primeros años del siglo XX, viviendo la Restauración adquiriera tal protagonismo de titulares en la prensa nacional e internacional. La Voz de Galicia inició la serie de noticias con un titular tan significativo como “Un matrimonio sin hombre”. Y es que, bajo ese titular, se recogía la osadía de dos mujeres de desafiar a las autoridades judiciales, eclesiásticas y académicas, así como hacer tambalear las convenciones sociales y morales.

Contra viento y marea
Los padres de Marcela sólo habían intuido la punta del iceberg cuando sospecharon de la nueva amistad que había hecho su hija en la Escuela Normal de A Coruña. La enviaron a Madrid, trataron de alejarlas, que se olvidasen, que al final Marcela se lo iba a agradecer porque Elisa no era una buena influencia, que ahora no lo ve pero lo verá. Espido Freire opina que «Marcela, lesbiana, con interés por el estudio, con la voluntad de vivir por sí misma, no debió ser una hija cómoda; pero mientras pudieran, intentarían corregir su desviación, y convertirla en una mujer ejemplar»”1. Pero el destino, o qué sé yo, las volvió a unir, más fuerte que antes si es posible. Se abrazaron de nuevo, celebraron su reencuentro y prometieron no separarse jamás. Y hasta Buenos Aires sabemos que así fue. Se enfrentaron y sortearon todos los obstáculos para mantenerse unidas.

De A Coruña, al terminar la Escuela Normal, vivieron juntas en Dumbría, donde Marcela trabajó como maestra, y allí comenzaron a planear los pasos siguientes que las llevarían a esa unión sagrada, incuestionable e indestructible bajo la mirada de Dios y el peso de la Ley: el sacramento del matrimonio. Y el engaño sería el mal necesario, el principal aliado, el salvoconducto que iniciaría la transformación de Elisa en el gentil caballero Mario, bautizado de adulto por su deseo de abrazar la religión católica en la misma iglesia, la de San Jorge, donde más tarde se casaría con s u amada Marcela en una ceremonia sencilla y de pocos asistentes. Allí, en la ciudad de María Pita –una ciudad de mujeres, g u e r r e r a s , c i g a r r e r a s , intelectuales y de a pie, que se vieron convertidas en heroínas, protagonistas de historias y leyendas que conforman nuestra herencia matriarcal–, Elisa y Marcela desafiaron lo convencional y oficializaron (me temo que no eran conscientes de la trascendencia que esto adquiriría posteriormente) el primer matrimonio homosexual, ¡en 1901! 104 años antes de que existiese una ley que lo permitiese y, sin duda, muchísimo antes de que la Iglesia Católica permita tal unión (si es que alguna vez lo hará). Es comprensible pues que protagonizasen titulares tales como “Un matrimonio sin hombre” (La Voz de Galicia), “Las bodas sáficas” (El Imparcial) o “Noivos de contrabando” (Jornal de Notícias).

Am(or)istad
Cuando hablamos del amor en la literatura, estaremos de acuerdo en que la mayor parte de los romances o enamoramientos se establecen entre un hombre y una mujer. Sin embargo, se nos pasan desapercibidas las amistades peligrosas. En la literatura, como en la vida, las mujeres se protegen entre ellas, se aman y se guardan. Son más dueñas de ellas mismas que de puertas para fuera (o en negro sobre blanco), donde representan a la perfección lo que se espera de ellas. Aunque a veces parecen extralimitarse.

En el caso de Elisa y Marcela, no sé si se extralimitarían, pero está claro que en su afán por protegerse, al verse descubiertas, trataron de sortear todos los obstáculos que se presentaron. Huyeron a Oporto pero, descubiertas de nuevo, fueron encarceladas. Elisa/Mario, para demostrar la legalidad del matrimonio y evitar la extradición a España, se declaró hermafrodita y fue sometida a examen médico, sin embargo no fue un plan exitoso, pues el proceso judicial continuó. Pero, aún con todo, no cejaron en su empeño, a pesar de acabar durmiendo en un cárcel, de ser enjuiciadas, aún huyendo en su busca de vivir una vida anónima y tranquila. Querían vivir la aburrida cotidianeidad de dos maestras, compañeras, amigas y devotas la una de la otra.

¡Ríndase el escándalo y el morbo! Pues hoy esta historia no debería servir más que como ejemplo de la lucha feroz de dos mujeres que mostraron valentía y coraje en momentos que invitaban a la duda y a izar la bandera blanca. Que aunque al principio fueron objeto de burla y escándalo por parte del pueblo hispanoportugués, después sólo recibieron cariño, comprensión, solidaridad y ayuda a su causa.

Materia de asombro
Doña Emilia Pardo Bazán escribió en su época: «La destreza y resolución con que urdió [Elisa] la maraña para soltar, por decirlo así, la personalidad femenina, y adquirir legalmente la condición viril, relevan inteligencia nada común y son materia de asombro para el novelista, que apenas acertaría a idear enredo semejante». Y no le falta razón. De las dos protagonistas, Elisa/Mario es sin duda la astuta, la más asombrosa, por su inteligencia, su capacidad inventiva y de engaño. Ella lidera la operación, toma el mando y actúa de forma magistral, improvisando sobre la marcha y defendiendo a su compañera y a ella misma ante las acusaciones, falsedades e injurias.

Pero si Elisa/Mario es la fuerza y la presencia de la pareja, Marcela es la voz. En la prensa se la ha presentado como la parte débil, la sometida; pero ella es todo lo contrario. Es Marcela quien habla con la prensa cuando son entrevistadas en la cárcel y sorprende desde el silencio en el ruido que les rodea. Lo que Elisa defiende con actos, Marcela lo hace con palabras, creyendo firmemente en su proyecto conjunto.

Ellas se prometieron y comprometieron y, aún en su huida, se mantuvieron juntas, unidas. A ellas se les sumó un miembro más cuando Marcela dio a luz una niña. Se explicaba así el tan asombroso matrimonio, al suponer que Elisa se había casado con Marcela para regularizar su situación y evitarle la vergüenza que suponía ser madre soltera en aquel tiempo y que todo se había preparado desde que Marcela supo que se había quedado embarazada durante sus amoríos con un joven y, presumiblemente, había pedido ayuda a su amiga, si no fue Elisa quien se prestó a ayudarla por iniciativa propia.

Fue este un gesto de amor y solidaridad que sólo podía ser llevado a cabo en el contexto de una amistad verdadera, donde nada se espera a cambio más que la felicidad y la prosperidad de la compañera. No es un acto de sacrificio en sí mismo, pues está en el código genético de las mujeres ayudarse entre ellas (¿quién si no?). Es la complicidad una compañera imprescindible, y protagonista indiscutible en la historia de amor de estas nuestras dos mujeres.

Después de Oporto, y con una niña, decidieron que Buenos Aires sería su próximo destino (como el de tantos compatriotas). Allí, Elisa retoma su condición femenina y se casa con un anciano. Serán descubiertas cuando Marcela llega a vivir a la casa de Elisa y su nuevo esposo. Pero éste sospecha de su relación a partir de las muestras de cariño que observa entre su esposa y su amiga y a que Elisa se negaba a consumir el matrimonio. Comienza entonces otro proceso judicial para ellas, pero son absueltas, Elisa se separa y, desde entonces, nada más se conoce de ellas.

Elisa y Marcela, hoy
Sobre Elisa y Marcela se conoce, en parte, gracias a la labor de investigación de Narciso de Gabriel y a la publicación de “Elisa y Marcela: más allá de los hombres”. En A Coruña cuentan con una placa y un árbol. También dan nombre a un galardón que otorga anualmente el colectivo LGBT Milhomes. Protagonizaron una exposición enmarcada dentro del festival “A Coruña Visible”. Y, actualmente, la directora de cine Isabel Coixet está preparando el guión para una película sobre ellas. Algo me dice que tendremos Elisa y Marcela para rato. Pero espero que podamos conocer más sobre ellas, ¿adónde las llevó su periplo? ¿Fueron felices? ¿Lograron vivir esa vida tranquila que tanto deseaban en compañía de su hija? Y su hija, ¿cuál es su versión de la historia? ¿Qué saben sus descendientes (si los hay)? Tantas preguntas que dan lugar a tantos finales, a tantas novelas diferentes. Una materia de asombro, sin duda, tan intemporal y significativa como ninguna.

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