Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

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PASCAL QUIGNARD

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  1. "La contabilidad privada de Christie Malry, de B. S. Johnson" · Adriana Bilbao (LibroFicción) -
  2. 26 de Septiembre de 2012
  1. La contabilidad privada de Christie Malry, de
  2. B. S. Johnson

Un juego irónico y metaliterario que tiene la extensión justa. […] La diversión surge, entre otras cosas, de los diálogos cruzados entre narrador y lector, lector y personajes, personajes y narrador. […] El ritmo, la agilidad, la ironía y el desmantelamiento de las convenciones garantizan un rato placentero. No se priven.
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Cuando B. S. Johnson puso fin a su vida en 1973, había ejercido de contable, oficinista, profesor y cronista deportivo, narrador, poeta, dramaturgo, crítico literario, realizador de cine y productor televisivo. Desarrolló su actividad puramente creativa a partir de 1963, lo que supuso diez años de exploración formal y ruptura con la tradición narrativa. La contabilidad privada de Christie Malry, su penúltima novela, plantea un debate antiguo en el que procuraremos no meternos. Ya el prólogo —escrito por John Lanchester para una reedición publicada en 2001— comienza con la siguiente frase: “Mucha gente, con toda la razón, considera la novela como una forma agotada”. B. S. Johnson demostró que podía utilizar con maestría las técnicas narrativas tradicionales, pero no dudó en clamar contra ellas: las consideraba anacrónicas, escasamente válidas e irrelevantes. Hasta aquí el debate; nuestra postura al respecto no ha impedido que disfrutáramos y nos divirtiésemos con la obra de Johnson.

El protagonista, Christie Malry, se nos presenta como una persona ingenua. “No le había llevado mucho tiempo comprender que el dinero no constaba en su origen; que por lo tanto tendría que procurárselo de la mejor manera posible; que procurárselo con métodos que la sociedad consideraba delictivos acarreaba sanciones desagradables (y para él inaceptables); que había otros métodos que la sociedad (algo arbitrariamente) no consideraba delictivos; y que probablemente el recurso más práctico para él fuera situarse cerca del dinero, o al menos cerca de quienes lo ganaban”. Como ven, una ingenuidad arrolladora, sobre todo para un muchacho de diecisiete años. Con este párrafo, Johnson muestra sus cartas: propone al lector un juego irónico y metaliterario que tiene la extensión justa, la que el propio Christie Malry determina al aseverar que una novela debería ser “divertida, brutal y corta”.

La brutalidad en este caso viene dada por la Gran Idea de Malry. Tras una breve experiencia como empleado bancario, decide hacerse contable, y es entonces cuando pergeña su plan: aplicar a su vida el sistema de partida doble (para los legos en contabilidad, los haberes y los deberes). Así, consignará agravios y recompensas en un intento por equilibrar la profunda injusticia que lo rodea.

La diversión surge, entre otras cosas, de los diálogos cruzados entre narrador y lector, lector y personajes, personajes y narrador. La madre de Malry, antes de morir por exigencias del guión, asume: “hoy hace dieciocho años y cinco meses que a los propósitos de esta novela soy tu madre”; y para quien quiera saber más de la genealogía del protagonista, el narrador indica: “Se preguntarán ustedes por el padre de Christie. Yo también”.

Johnson llevaba mal que calificaran sus obras de experimentales; se sentía comprometido con una cierta idea de honestidad narrativa, y consideraba que la novela decimonónica era un cúmulo de mentiras. Sufrió lo indecible con la escasa aceptación que tuvieron sus obras en el mercado del libro; cuentan que un editor trató de hacerle entender por qué le pagaba un anticipo miserable: sus ideas sobre cómo debía escribirse una novela eran, si no únicas, sí comprendidas por una muy pequeña minoría.

No creemos que sea el caso de La contabilidad privada de Christie Malry, recuperada por Libros del Silencio. El ritmo, la agilidad, la ironía y el desmantelamiento de las convenciones garantizan un rato placentero. No se priven.

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