Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Un solitario en el espejo" · Jesús Ferrero (Babelia) -
  2. 28 de Julio de 2012
  1. La contabilidad privada de Christie Malry, de
  2. B. S. Johnson

Una obra que se mira a sí misma con ironía, creando juegos tremendamente divertidos entre el narrador y el protagonista, como ya hiciera alguna vez Cervantes, como hizo Unamuno en Niebla, y los Goytisolo en más de una novela. Johnson despliega su inmenso sentido del humor. La novela la defendieron Samuel Beckett, Anthony Burgess, Julian Barnes y John Lanchester nada menos.
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EL CASO DEL escritor británico B. S. Johnson (1933-1973) recuerda en algo al de Edouard Levé: ambos elaboraron una obra fresca, vitriólica y ajena a las convenciones en las que cae periódicamente la novela, y ambos se suicidaron casi a la misma edad. Aunque puede que el caso Johnson sea todavía más sangrante si cabe, pues arrastró problemas personales y familiares espantosos y su obra fue, mientras vivió, todavía menos reconocida que la del escritor francés, en parte por haber tenido la desgracia de escribir en una época en la que cualquier alteración más o menos irónica de las presuntas leyes fundamentales de la novela era relegada al dudoso territorio de lo experimental. ¿Es La contabilidad privada de Christie Malry una novela experimental? En modo alguno. Y además, si se tratara de un experimento, y ese experimento fuese en sí mismo un logro, ¿cómo habría que utilizar entonces el concepto, casi siempre despectivo, de experimental? El único elemento experimental que se observa en la novela de Johnson es el hecho de que se trata de una obra que se mira a sí misma con ironía, creando juegos tremendamente divertidos entre el narrador y el protagonista, como ya hiciera alguna vez Cervantes, como hizo Unamuno en Niebla, y los Goytisolo en más de una novela. Lo explicaré mejor: en La contabilidad privada de Christie Malry el autor habla continuamente con el personaje y con el lector, comentando aspectos de la narración y creando un efecto de distanciamiento tan saludable como divertido, pero que suele irritar mucho a los lectores que se identifican de forma primaria con los personajes y que no soportan distanciamientos que les saquen de la "lectura-espejo", que también podría llamarse lectura narcisista, ingenua y estúpida. Por lo demás, la novela narra la historia de un corazón simple que se sumerge en un laberinto de agravios y recompensas con la sociedad que le cerca y lo constriñe, y que acaba convirtiéndose en un terrorista solitario y surrealista, con el que Johnson despliega su inmenso sentido del humor. La novela la defendieron Samuel Beckett, Anthony Burgess, Julian Barnes y John Lanchester nada menos. El único problema fue que solo la defendieron ellos. A veces ni siquiera los grandes padrinos bastan para combatir la miseria intelectual.

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