Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "'Erasmus, Orgasmus y otros problemas', de Carlo Padial (Libros del Silencio) · Alejandro Larrañaga (Granite & Rainbow) -
  2. 27 de Junio de 2012
  1. Erasmus, Orgasmus y otros problemas, de
  2. Carlo Padial

Carlo Padial es una persona inteligente. Alguien consciente de las virtudes y los defectos de la sociedad que le ha tocado vivir. Con Erasmus, Orgasmus y otros problemas se ha propuesto hacernos pasar un buen momento. Aprovecha el camino para ir desperdigando pequeñas gotas de crítica, sobre todo al universo cultural, utilizando una desinhibición total en cuanto al lenguaje y al modo de expresarse. 
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“Vine a Barcelona dispuesta a estudiar, pero sobre todo vine con ganas de fiesta. Fiesta mediterránea. Vivir la vida al límite.”

“Aquí todo se vende, todo el mundo se muestra dispuesto a vivir esta gran fantasía maravillosa que llamamos Europa; en ningún otro sitio parecen más dispuestos a creérsela a pies juntillas que aquí.”

No tengo el gusto de conocer personalmente a Carlo Padial pero creo que estamos ante una persona inteligente. Alguien consciente de las virtudes y los defectos de la sociedad que le ha tocado vivir; de la que ha sabido sacar todo el provecho posible pero sin dejar, por ello, de ver las penurias y miserias que trae consigo.

Porque en eso consiste Erasmus, Orgasmus y otros problemas. Personajes que intentan llevar al límite su existencia. Y lo hacen lo mejor que pueden, que saben o que creen saber. Como estamos ante jóvenes en la flor de la vida, fuera de su entorno habitual, se dejan llevar por el desenfreno. La fiesta, el sexo y las relaciones parecen ser lo único que les importa, en una búsqueda incansable del placer. Un placer siempre físico que les impide conectar emocionalmente y los convierte en inconformistas insatisfechos permanentes. Siempre pendientes del próximo paso.

El denominador común de todos los personajes es su condición de joven, universitario y con una cultura más o menos amplia (en literatura, cine y música, mayormente). Su procedencia puede ser muy dispar, pero al final, franceses, suecos, andaluces, alemanes, todos acuden a Europa y la beca Erasmus a lo mismo. Estudiar lo mínimo imprescindible para justificar el viaje y aprovechar el tiempo lo máximo posible en fiestas, sexo y derivados.

“Esto en Eggström sería un tedio insoportable, ¡pero aquí la misma situación se transforma en una experiencia vital alegre y única!”

“… cualquier anuncio (…) apuesta por la desinhibición sin límites, por el hedonismo a la deriva, por la satisfacción instantánea de cualquier impulso erótico/histérico. Eso debería hacerme sospechar, pero pronto descarto la idea, y sigo con lo mío.”

Resulta una cuestión básica en el ser humano. La desinhibición hay que experimentarla y es más fácil hacerlo lejos de casa, donde la predisposición es total por otra parte, todo se vive más intensamente por la sensación de estar pasando por algo especial, lejos de la rutina y las obligaciones. De todos modos, por detrás del placer, de conocer a nuevas personas, nuevos ambientes y experimentar nuevas sensaciones, solo quedan dos posibilidades: o hemos renunciado a cualquier tipo de reflexión, convirtiendo nuestra vida en una eterna huida hacia adelante, o tenemos la esperanza de que un cambio de aires nos permita llegar a lugares que nos están habitualmente vedados (las malditas responsabilidades, está claro) en nuestro entorno natural.

Los protagonistas del puzzle que supone Erasmus, Orgasmus y otros problemas podrían dividirse en dos grupos: están los que tienen estas búsquedas y deseos como leitmotiv y aquellos que no las tienen. Los primeros necesitan vivir cada minuto como si fuera el último, con el sexo (en todas sus vertientes, heterosexuales, homosexuales o individuales) como modo más rápido de satisfacer esas necesidades. Los segundos, mientras tanto, responden con una oposición frontal, que parece más fruto de la desesperación de no poder pertenecer al primer grupo que por considerarla la opción más válida. Son personajes que se entristecen por el papel que les ha tocado en esta historia, pero que tampoco están convencidos de que el cambio sea la solución, lo ven más bien como algo pasajero, una experiencia más que acumular en su periplo vital, más que un fin en sí mismo. Parece una reducción un tanto simplista, pero la realidad, sobre todo enfocada a los jóvenes, nos demuestra que no lo es tanto.

“Me gustaría muchísimo vivir una vida tranquila, dedicada al conocimiento –piensa Ritz, dando tumbos por su apartamento, recogiendo ropa sucia del suelo–. Humilde, sobria, lejos de este puto infierno de semen marrón y condones, de alcohol, música de mierda, idiomas cruzados, viajes compulsivos y coños con dientes.”

“¿Qué tiene de malo aburrirse un poco? El aburrimiento está claramente infravalorado.”

Si hay algo que podemos, por tanto, agradecer a Carlo Padial es que con Erasmus, Orgasmus y otros problemas es que se ha propuesto llevar a su obra esa idea de entretenernos, hacernos pasar un buen momento. Aprovecha el camino para ir desperdigando pequeñas gotas de crítica, sobre todo al universo cultural, utilizando, él también, una desinhibición total en cuanto al lenguaje y al modo de expresarse.  Pero nunca debemos olvidar que Eugeni d’Ors está ahí para observarnos y juzgarnos, porque a pesar de todo el lastre que hemos ido soltando, todavía guardamos una conciencia que nos deja un regusto amargo.

“… probablemente no recordaré lo que anuncia ninguno de ellos en tan solo dos minutos, pero… ¡viva la creatividad a lo loco!”

Leer en [Granite & Rainbow]

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