Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Hipérboles y ladronzuelos" · Enrique Turpin (Cultura|s) -
  2. 13 de Junio de 2012
  1. Una comedia canalla, de
  2. Iván Repila

Como alguno de los personajes que se van dejando caer por esta crónica del descalabro anunciado, también el narrador tiene un talento especial para las frases lapidarias. Cuando el lector topa con sentencias del tipo "así fue como se especializó en matar niños a cañonazos" tiene la certeza de que la hipérbole se ha instalado sin remisión en el relato. Luego descubre que es verdad lo de los cañonazos, y surge entonces el ataque hilarante. Lo mejor, no cabe duda, es el oído de Repila para transportar el lenguaje de germanías a la novela de aventuras contemporánea.
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Si se cumplen las expectativas voraces, la primera novela de Iván Repila (Bilbao, 1978) será uno de los más de cien mil libros que se publiquen en España en el 2012. Se entiende así que el joven editor y escritor novel eche mano de las armas que tenga a su alcance para afianzar su apuesta y sobresalir en la vorágine editorial en la que andamos inmersos. Titular "comedia" y adjetivar "canalla" a la novela tal vez socorra en asuntos de ventas, no sé si más que el anzuelo de una buena ilustración de portada, la fajilla correspondiente, una tipografía atractiva o el paratexto de contraportada. Todo vale para hacerse un hueco. Lo que ya resulta más difícil de afirmar es que vaya a permanecer en la memoria de los lectores durante mucho tiempo.

Una comedia canalla corre ese riesgo. Cuenta la historia de una pandilla de amigos que imaginan la posibilidad de vivir sin jefes, para lo cual deben ejercitar su ingenio y elaborar un plan infalible que lleve al puerto de los sueños realizados lo que imaginaron casi como un juego. A partir del golpe de fortuna que planean al unísono todo empieza a rodar como esperaron. O habrá que decir como fantasearon hasta que se les agotó la imaginación a Jim, John y Jack, esa tríada de ladronzuelos de barrio y estafadores de medio pelo que no saben la que se les avecina. A partir de breves secuencias cinemáticas, la novela avanza hacia la confluencia de historias gracias a la voz de un narrador nada objetivo, tanto o más canalla que la naturaleza de su propio relato. Como alguno de los personajes que se van dejando caer por esta crónica del descalabro anunciado, también el narrador tiene un talento especial para las frases lapidarias. Cuando el lector topa con sentencias del tipo "así fue como se especializó en matar niños a cañonazos" tiene la certeza de que la hipérbole se ha instalado sin remisión en el relato. Luego descubre que es verdad lo de los cañonazos, y surge entonces el ataque hilarante, tal vez debido a los efluvios que emanan de las toneladas de marihuana y los litros de ron que dejan como rastro los personajes. Lo mejor, no cabe duda, es el oído de Repila para transportar el lenguaje de germanías a la novela de aventuras contemporánea. Si alguien se conforma con eso, bien valdrá la inversión.

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