Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Los libros y los versos también denuncian" · Mauro Armiño (El Siglo de Europa) -
  2. 04 de Junio de 2012
  1. Mis memorias, de
  2. Eugène-François Vidocq

Mis memorias, que acaban de aparecer traducidas por primera vez al español y editadas por Libros del Silencio, dejan un retrato de los bajos fondos de la sociedad francesa, pues Vidocq, condenado a galeras, pasó sus años de adolescencia y primera madurez de cárcel en cárcel, hasta que "sentó la cabeza" y se ofreció como chivato y soplón. Llegó a ser primer jefe de la Sureté; si fue un pionero de las técnicas de investigación, no resultó ésa su faceta más interesante, sino la cantidad de potentes personajes que prestó a novelistas como Balzac, Victor Hugo, Eugenio Sue o Dumas.
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Policías y ladrones. Medio siglo más tarde, un personaje como Eugène-François Vidocq escribía Mis memorias, que acaban de aparecer traducidas por primera vez al español y editadas por Libros del Silencio: las memorias, que se publicaron en 1928-1929 arregladas por "negros", no vieron la luz en su texto auténtico hasta 1950, dejan un retrato de los bajos fondos de la sociedad francesa, pues Vidocq, condenado a galeras, pasó sus años de adolescencia y primera madurez de cárcel en cárcel, de las que lograba fugarse continuamente, hasta que "sentó la cabeza" y se ofreció a un prefecto de policía como chivato y soplón de los delitos que habían perpetrado sus compañeros de presidio. Eso le valió la libertad, un puesto en la policía, en la que llegó a ser primer jefe de la Sureté; si fue un pionero de las técnicas de investigación para descubrir criminales y delitos, no resultó ésa su faceta más interesante, sino la cantidad de potentes personajes que prestó a novelistas como Balzac, Victor Hugo, Eugenio Sue o Dumas; Balzac habló a menudo con Vidocq, y de esas conversaciones y del personaje salió una de las figuras más potentes de La comedia humana, que recorre de forma intermitente: Vautrin, que, bajo diversos disfraces, se convierte en tutor del ascenso en sociedad de algunas de las mayores figuras balzaquianas: Eugène de Rastignac y Lucien de Rubempré (Ilusiones perdidas, Esplendores y miserias de las cortesanas, etc.). Y a Víctor Hugo le inspiró el Jean Valjean de Los miserables, que, condenado a galeras, termina reciclándose, aunque de otra forma, en sociedad, como hizo Vidocq.

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