Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "'Una comedia canalla', de Iván Repila" · Diego Palacios Marxuach (Libros y literatura.es) -
  2. 28 de Mayo de 2012
  1. Una comedia canalla, de
  2. Iván Repila

Iván Repila nos proporciona hilaridad desde el principio hasta el fin. Desde ya mismo soy un rendido admirador y fan de éste autor. Teje una trama bien estructurada de líneas paralelas que acaban convergiendo y haciendo encajar las piezas como si nada, y lo hace además con una frescura, una calidad, una soltura y originalidad que me encantan. Es rápido, pero no ligero, e ingenioso sin ser pedante ni pretencioso. Desde ya un referente y su autor un escritor a seguir. Con Una comedia canalla la sonrisa no se me iba de los labios. Me gustaría una segunda parte, pero si no es posible quiero muchos libros más de Iván Repila.
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¡Sí, sí, sí! No sabía nada de Una comedia canalla. Ni zorra. Ni del autor, Iván Repila. Pero cuando estaba a punto de abandonar la librería derrotado, con los brazos vacíos, alicaído por no poder aprovechar el suculento (ironía modo on) descuento de la semana del libro, mi mirada recayó en un libro de lomo rojo oculto entre cientos de otros libros de tonos grises. A medida que me acercaba, el libro brillaba más y más. Refulgía… ¡me llamaba a mí, me reconocía como a su legítimo dueño! Cuando la yema de mi índice se estaba acercando a él, éste saltó de la estantería hacia mis brazos. ¡Ale hop! Ya eres mío, pequeño, ya eres mío-le tranquilicé-. Pero antes veamos que todo esté en regla. La portada era un dibujo que parecía adrede dibujada por un niño, pero molona, y mostraba a tres tíos ¿duros? apoyados en una mesa, con una recortada y una botella de “Ron del Bueno”. La contraportada prometía una buena historia: Jim, John y Jack (pues sí: empezaba bien) son jóvenes mileuristas cansados de tener que soportar trabajos y jefes de m… Cada uno da un palo para emprender un negocio. EL NEGOCIO. Claro que, no es legal, pero bla, bla, bla… Matones, farloperos, taxistas, resacas, la Gatoparda, Tommy, el chaval especialista en bullying, torturas… Algo me decía que tenía que seguir. Y seguí.

Leo la primera hoja de Una comedia canalla. Siempre suelo hacerlo si tras leer la contraportada ésta me convence, pero para llegar a esa primera hoja encuentro sin querer la dedicatoria: “Para algunos grandes amigos; para que lean, al menos, un libro”. No puedo evitar esbozar una sonrisa. La primera hoja mantiene mi sonrisa no sólo intacta sino incrementada. Me quedaría leyendo más en la tienda, pero no tengo tiempo. Sólo un vistazo a la solapa contigua a la contraportada, y la sonrisa se agranda. Cualquiera que me vea pensará que soy gilipollas. Así que prueba superada con creces y me llevo el libro a casa.

Reconozco que es muy difícil hacer reír. Mucho más que hacer llorar. Y con un libro más todavía. Y con un libro hacerme reír a mí, es casi misión imposible. Así que, partiendo de esa premisa universalmente aceptada, y de que, por eso mismo, soy muy poco de libros humorísticos tengo que confesar que, al menos que recuerde ahora mismo, tan sólo con algunos libros de Tom Sharpe me he reído. Wilt, y ¡Ánimo Wilt! consiguieron la hazaña. Los Thorpe , no. Éste último me decepcionó mucho. Y Sin noticias de Gurb, de Mendoza, por poner otro ejemplo, fue un rotundo fracaso en su intento de provocarme algo parecido a una carcajada.

Pues bien, Una comedia canalla es hilarante. Por todo. Es un descojono continuo. No sólo por la situación, sino por la forma de narrar, por mostrarnos los pensamientos en off de los protagonistas, por explorar de forma cómica el pasado de alguno de los personajes, por la forma de introducirnos a nuevos actores en la escena, por el surrealismo realista de algunas situaciones… Porque, al contrario que Sharpe, dónde los hechos iniciales van aumentando como una bola de nieve para confluir en un punto culminante y común que desembocará en carcajada, Iván Repila nos proporciona hilaridad desde el principio hasta el fin.

Desde ya mismo soy un rendido admirador y fan de éste autor. Siempre he admirado a la gente capaz de tejer una trama bien estructurada de líneas paralelas que acaban convergiendo y haciendo encajar las piezas como si nada y en éste libro Repila lo hace además con una frescura, una calidad, una soltura y originalidad que me encantan. Además, se nota que se ha divertido escribiéndolo. Sin duda es un libro (uno de ellos) que me encantaría haber escrito. Es rápido, pero no ligero, e ingenioso sin ser pedante ni pretencioso en ningún momento. Está cuidado, y mucho, desde la maquetación y duración de los capítulos hasta el lenguaje coloquial y la jerga propia de la trama. Describe lo justo, y los diálogos tanto hablados como mentales son de lo mejor. Una comedia canalla es Tarantino, es Guy Ritchie (en sus mejores tiempos), es El Gran Lebowsky, es incluso Resacón en Las Vegas, pero sobre todo es El Padrino, y desde ya un referente y su autor un escritor a seguir.

Es perfecto para regalar a alguien que no suela leer. Os estará eternamente agradecido. Un libro que se puede leer y releer (y que conste que con la cantidad de libros que tengo por leer yo no soy de relecturas) porque no cansa y mantiene la frescura y humor de la lectura original. ¿He dicho ya que es un libro que me gustaría haber escrito?

Pues eso. Un libro que no me cansaré de recomendar, divertido desde la dedicatoria hasta el final, con esa frase de Aznar: “Estamos trabajando en ellou…”. El libro con el que la sonrisa no se me iba de los labios.

Me gustaría una segunda parte, pero si no es posible quiero muchos libros más de Iván Repila.

Larga vida.

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