Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "'Mis memorias', de Eugène-François Vidocq" · José Ángel de Dios García (La Caja de Pandora) -
  2. 01 de Mayo de 2012
  1. Mis memorias, de
  2. Eugène-François Vidocq

Bajo el título Mis memorias, se recopila la autobiografía de carácter picaresco y aventurero del simpar, fascinante, rebelde, espadachín, aficionado al alcohol,  las mujeres y los duelos, presunto homicida, fugitivo, soldado, pirata, desertor, contrabandista, preso y prófugo, carterista, estafador, fabricante de papel y cartón… Vidocq. El texto tiene el añadido, como si conocer la vida de Vidocq fuese poco, de ser un perfecto fresco de aquel período francés, especialmente caótico, revolucionario y sangriento. Mención especial merece también la traducción de David Cauquil, que ha conseguido traernos por vez primera este recomendable e indispensable libro.
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«Me rodean y me felicitan. Dechamps dice que la cárcel al completo profesa una auténtica admiración por mis audacias y mis éxitos.»

Es curioso como una editorial que se llama Libros del Silencio tienen tanto y tan bueno que decir; porque aquí, por suerte, de silencio nada de nada, sino muchas y espléndidas palabras. Bajo el título Mis memorias, se recopila la autobiografía (escrita supuestamente por más manos y más versadas en esas lides que las suyas) de carácter picaresco y aventurero del simpar, fascinante, rebelde, espadachín, aficionado al alcohol,  las mujeres y los duelos, presunto homicida, fugitivo, soldado, pirata, desertor, contrabandista, preso y prófugo, carterista, estafador, fabricante de papel y cartón… Vidocq.

«Allí mi carácter turbulento ―me apodaron el Sinvergüenza― pronto me costó varios duelos con mis camaradas.»

Eugène-François Vidocq (1775-1857) nació en una época tan turbulenta como lo sería su vida (sus andanzas comenzaron cuando con 16 años huyó de su casa tras robar la caja de la panadería de sus padres); pasó de ser el delincuente más buscado de Francia, a jefe de la Seguridad Nacional y era considerado un héroe por el pueblo. Esto, su faceta de defensor de la ley, no debería resultarnos extraño, puesto que nadie mejor que él conocía los bajos fondos para resolver los casos que se presentaran y dar con los delincuentes. Su conocimiento de las malas artes le permitió desarrollar novedosas técnicas de investigación (sus técnicas para la identificación de criminales, como el plantear la posibilidad de un sistema de fichaje antropométrico; sus pruebas de balística, la toma de huellas en el escenario del crimen o la ciencia forense), algo que, a la postre, le ha valido el reconocimiento de ser el padre de la criminología moderna (hecho indiscutible tras la lectura de cualquiera de sus ensayos sobre el tema), y también pionero de las agencias de detectives privado (la Agencia de Informaciones Universales, se llamó).

El texto tiene el añadido, como si conocer la vida de Vidocq fuese poco, de ser un perfecto fresco de aquel período francés, especialmente caótico, revolucionario y sangriento (mención especial merece también la traducción de David Cauquil, que ha conseguido traernos por vez primera este recomendable e indispensable libro) en gran parte debido a una nobleza tirana que no era consciente de que era necesario un cambio.

Un personaje de moral dudosa y tan enigmático como sorprendente, del que no es difícil encontrar referencias en personajes ficticios creados con posterioridad (el Auguste Dupin de Edgar Allan Poe, el Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, el Conde de Montecristo de Alejandro Dumas) o bien aparece citado en obras consagradas de la literatura (Moby Dick, de Herman Melville, Grandes esperanzas de Charles Dickens, La comedia humana de Balzac, Los miserables de Victor Hugo). Adaptado al cómic (Les aventures véridiques du policier bagnard Vidocq, Gothic Vidocq), a la pantalla y a la gran pantalla (Escándalo en París, de Douglas Sirk, o la muy libre y desvirtuada Vidocq, de Pitof) su figura parece ser inagotable… Por algo será.

«-Si solo se trata de eso, quiero participar. Estafar al gobierno no es ningún delito; ¡le sobra el dinero!

- Eso está claro. Entonces, ¿puedo contar contigo?

- Por supuesto.»

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