Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "'Knockemstiff' de Donald Ray Pollock. Lo humano en carne viva" · El chico de la Consuelo -
  2. 03 de Mayo de 2012
  1. Knockemstiff, de
  2. Donald Ray Pollock

Knockemstiff existe, pero no está marcado en ningún mapa: los sitios de verdad no lo están nunca, decía Melville. Knockemstiff tiene esa atracción repulsiva de una verdad que se asoma inmisericorde a nuestra existencia. Sus personajes, como insectos, están atrapados en una tela de araña a punto de ser comidos. Todos ellos sueñan, todos ellos buscan el golpe de suerte, la puerta de salida. Hay que quitarse el sombrero por el traductor. Y también felicitaciones para Libros del Silencio por la edición. No es lo mismo acabar un libro que llegar a su última página. Y de este libro he llegado a su última página pero tardaré mucho en terminarlo.
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Knockemstiff existe, pero no está marcado en ningún mapa: los sitios de verdad no lo están nunca, decía Melville cuando describía Rokovoko, (la isla de Queequeg). Estupor, encogimiento del alma, shock, como que te peguen una patada en los guebos, pasarse de tripis y solucionarlo bebiendo además una botella de vodka de garrrafón de un trago y luego reventarle la cara al primer gilipollas que te mira mal y luego follarte sin condón a una borracha sidosa para probar suerte porque tu vida es una mierda.

Knockemstiff tiene la crudeza de las imágenes de niños famélicos en Africa que salen al mediodía cuando se les comen las moscas las legañas mientras nosotros protestamos porque las judías están mal aliñadas. Tiene esa atracción repulsiva de una verdad que se asoma inmisericorde a nuestra existencia a través del telediario. Tiene la lógica de lo inexplicable, de lo más inhumano de lo humano o lo más humano de lo inhumano. La imagen que se ve entre los dedos tapándote la cara, esa lucha entre ver y no querer ver. “Joder, qué libro más asqueroso”¿Que puede dar más asco? Besar una boca con herpes, ver una mosca sobre un vómito, o sentirse tan sola, que quieras follar con el primer asqueroso de dientes podridos que te encuentres en un bar.... A mi ya os lo digo, me dio más asco la soledad, el ser humano desollado, la existencia en carne viva.

Knockemstiff me lo recomendó el ilustre Sr NaN en un ciclo desde Carnery Row. Pero creo que el salto entre uno y otro es demasiado fuerte, aquí no hay poesía como en el almacén de pescado, en Knockemstiff a nadie se le ocurre ir a buscar ranas para ganarse la vida como en el puerto californiano, aquí los personajes no son malos o buenos; esos son calificativos inutilizables en este microcosmos, los personajes son solo supervivientes en un ciclo trágico de cuentos entrelazados con un final sabido, pero que en algunos cuentos añoras que llegue para poder respirar. Es una lucha de personajes con cartas marcadas contra su propio destino. Esto no es Carnery, tampoco la gente se la menea debajo de una higuera esperando que un moro cabrón te clave un cuchillo a traición como a Lázaro Codesal. Aquí te la menea una menor a cambio de una salchicha ahumada o de un antidepresivo que le ha robado a su vieja mientras la yaya se trincaba al vecino oligofrenico. Por más que se empeñen en reseñas que he leído por ahí, aquí no existe Cass, ni Bukowsky, este mundo inventado no es Macondo, ni el Medellín de la virgen de los sicarios. Aquí no vive Pijoaparte, esos son pobres, los de Knockemstiff son seres abiertos en canal.

Son 18 cuentos, que se desarrollan en un suburbio rural de no más de 20 casas donde concurre lo más sórdido de esta sociedad que hemos querido crear. Imaginaros todo lo anterior que he descrito pero con argumento y personajes bien definidos. Son personajes que como insectos están atrapados en una tela de araña a punto de ser comidos. Todos ellos sueñan, todos ellos buscan el golpe de suerte, la puerta de salida. Pasan de un cuento a otro haciendo una especie de cameo o más bien intentando infructuosamente buscar salida en otro cuento que no sea el suyo o en el suyo años después. No es que haya sexo, hay lo peor del sexo, no es que haya drogas es que muestra lo peor de las drogas, la violencia salpica la cara, la suciedad mancha las manos (…y el alma) al pasar las páginas llenas de esputos, semen y soledad. No quiero contar argumentos, pero los hay.

Hay que quitarse el sombrero por el traductor. Javier Calvo, Era fácil caer en “malditos bastardos” en lugar de en el “jodidos hijosdeputa”, también era fácil haber caído por el contrario en el “caca, culo pedo pis” es decir sobrehinchar el texto de palabros para hacerlo más duro. No lo hace…(a veces se le va la mano, pero pocas) Las expresiones no sé como serán en inglés pero en español suenan posibles, destructivas pero posibles. Muy Bien. Y también felicitaciones para Libros del Silencio por la edición, sencilla, clara, o lo mejor que se puede decir de un libro: que sea fácilmente leible.

Mis favoritos: Domingo de Lluvia, Gigantomaquia, La vida real en relación con Los Combates… pero  los releo ahora y voy viendo cosas nuevas que me gustan de otros. Por eso le decía al sr NaN que no es lo mismo acabar un libro que llegar a su última página. Y este libro he llegado a su última página pero tardaré mucho en terminarlo.

Hay que leerlo, no sé si os gustará pero no os dejará indiferentes.

Busco la portada y cuelgo ya este post, sin releerlo, porque ya van varias veces que borro esta reseña entera.

Leer en [El chico de la Consuelo]

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