Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "El antepasado de todos los tarambanas" · Marina Espasa (Ara) -
  2. 11 de Abril de 2012
  1. Mis memorias, de
  2. Eugène-François Vidocq

Del niño que perseguía perros y gatos y se peleaba con todos hasta el chico que alargó la mano en una frutería y descubrió el placer secreto de mangar una naranja, la carrera de Eugène-François Vidocq hacia el cielo —o el infierno— de los malhechores fue fulgurante. Las Memorias lo explican a bocajarro: contienen una retahíla de anécdotas divertidísimas y, además, tienen interés para los amantes de la lingüística. El traductor se merece una mención especial. 
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El 23 de julio de 1775 es una fecha más importante de lo que parece: en una casa francesa nace un pequeño terremoto. Solo era un bebé, pero pronto se convertiría en el terror del barrio. Del niño que perseguía perros y gatos y se peleaba con todos hasta el chico que alargó la mano en una frutería y descubrió el placer secreto de mangar una naranja, la carrera hacia el cielo —o el infierno— de los malhechores fue fulgurante. Auténticos gigantes de las letras francesas como Balzac y Hugo tuvieron la fortuna de conocerlo y no perder la cartera inmediatamente. Así, fabricaron a los Vautrin y Jean Valjean con su molde. Vidocq fue el delincuente más famoso de la Francia revolucionaria, visitó casi todas las prisiones y dibujó la trayectoria de pérfido a salvador de la patria en un abrir y cerrar de ojos: cansado de recibir golpes, se hizo confidente de la policía y acabó de jefe de la Seguridad Nacional.

Las memorias lo explican a bocajarro. Tal vez fueron dictadas y escritas por diversas manos, o tal vez no, lo cierto es que el texto a veces es tan caótico como la vida de este facineroso errante. ¿Quién tiene la certeza de que un ladrón que ha pasado media vida escapándose de prisiones de alta seguridad no traicionará a quien sea para salvarse? ¿Quién confía de veras en el compañero de celda? Pese a no tratarse de un documento literario de primer orden porque no tiene una voz suficientemente decidida a llevar el peso de la narración, sí que contiene una retahíla de anécdotas divertidísimas. Si creen que la inseguridad ciudadana empieza a ser intolerable, se les pondrán los pelos de punta cuando lean quienes eran los chauffeurs, unos bandidos que asaltaban granjas y quemaban los pies de los propietarios para que les revelasen dónde guardaban los ahorros. Además, el libro tiene interés para los amantes de la lingüística. Vidocq es reconocido como uno de los primeros fijadores del argot francés. El traductor se merece una mención especial porque, con la ayuda inestimable de un diccionario de argot español del 1890, consigue hacer creíble un texto que, sin palabras de los bajos fondos, sonaría tan falso como las monedas con las que Vidocq pagaba en tabernas y burdeles.

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