Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Historias de la Gran Guerra en primera persona" · Carlos Sala (La Razón) -
  2. 01 de Abril de 2012
  1. Compañía K, de
  2. William March

Las historias de Compañía K, entre la lírica, la socarronería y el dolor, explican mil y una aberraciones, desde un teniente que envía a seis hombres a cavar una trinchera, ante la oposición de uno de los soldados, antes de que los alemanes bombardeen el lugar exacto y los destrocen a todos, o la histeria de un soldado herido por un poco de morfina, que se le niega porque «está reservada para oficiales». En resumen, una absoluta obra maestra.
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Las editoriales recuperan las grandes novelas de la I Guerra Mundial

Del 28 de julio de 1914 al 11 de noviembre de 1918 la humanidad vivió aterrorizada la que se llamó la Gran Guerra. 70 millones de militares se movilizaron en la I Guerra Mundial y unos cuantos de ellos decidieron escribir sus experiencias. Por primera vez, la literatura se enfrentaba a un mismo tema desde mil perspectivas diferentes, desde los soldados ingleses, los americanos, los alemanes, los italianos y todos ellos hablaban básicamente de lo mismo, del miedo, del horror, de la angustia, de la muerte. La era de la literatura antibelicista había llegado a su cénit. No sirvió de nada, por supuesto, los que declaran las guerras no deben leer, pero sí dejaron testimonios sobrecogedores.

Este 2012, cuando poco queda ya del primer centenario de la contienda, parece que las editoriales se han puesto de acuerdo para rescatar las grandes novelas del género, muchas de ellas inéditas en castellano hasta la fecha y que incluyen nombres como Edlef Koppen, Wilfred Owen, Giani Stuparich, William March, Rebecca West y un larguísimo etcétera.

Los 133 soldados

Dentro de este crisol de nombres destaca el de William March y su novela «Compañía K» (Libros del silencio). En 133 pequeños capítulos, cada uno bautizado con el nombre de uno de los soldados de su unidad en los campos de batalla franceses, explica las historias personales, dentro y fuera de la zona de combate, de sus compañeros, de oficiales a los últimos monos de las trincheras. Sus historias, entre la lírica, la socarronería y el dolor, explican mil y una aberraciones, desde un teniente que envía a seis hombres a cavar una trinchera, ante la oposición de uno de los soldados, antes de que los alemanes bombardeen el lugar exacto y los destrocen a todos, o la histeria de un soldado herido por un poco de morfina, que se le niega porque «está reservada para oficiales». En resumen, una absoluta obra maestra.

En el bando contrario, la editorial Sajalín recupera «Parte de guerra», del alemán Edlef Koppen, que en 1930 escribió sus propias experiencias en el frente. El resultado fue un gran canto antibelicista, prohibida cuando los nazis llegaron al poder, al narrar la historia de un joven estudiante que se enlista voluntario en una compañía de artillería. A partir de aquí, con la yuxtaposición de decretos, cartas, anuncios, noticas del frente, se irán explicando los horrores de la guerra hasta congelar la sangre.

Del bando italiano nos llega «Guerra del 15», (Minúscula), de Giani Stuparich, y nos sumerge al interior de las trincheras de Trieste, asolada por los ejércitos alemanes. En ellas, dos jóvenes hermanos, los Stuparich, verán que el horror no es una palabra, es una anulación absoluta de sentido y la podredumbre del espíritu hasta llegar a la locura.

La mayoría de estas novelas son narradas desde la distancia, como una pesadilla que no se quiere olvidar, que no se debe olvidar. Sin embargo, también hay quien escribía in situ y murió en el campo de batalla. Es el caso del poeta Wilfred Owen, que en «Poemas de guerra» (Acantilado) explica el dolor de vivir para morir y matar. Mucho más que alegatos pacifistas, estos poemas, escritos entre 1917 y 1918 nos llevan al mismísimo corazón de los soldados y sus dudas crepusculares. Owen murió poco antes del armisticio, en el campo de batalla y su herencia poética todavía vive hoy.

Fuera de las mismas trincheras, pero con el mismo dolor intrínseco en los ojos de sus personajes, está «El retorn del soldat» (El cercle de Viena). Y a éstas hay que añadir obras maestras como «Adiós a las armas», de Heminway; «Sin novedad en el frente», de Remarque; «El miedo», de Chevallier o «Tres soldados », de Dos Passos.

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