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PASCAL QUIGNARD

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  1. "Las españolas del metro Pompe" · Pedro Ferrer (Crónica del alba) -
  2. 29 de Marzo de 2012
  1. Las españolas del metro Pompe, de
  2. François-Marie Banier

En Las españolas del metro Pompe, la imaginación desbordante se traduce en un estilo narrativo donde las imágenes y las palabras salen a borbotones, como fogonazos, hablándonos a la vez de temas tan palpables como el amor, los celos, el dinero o la muerte, dibujando un universo por el que planea oculta la tristeza.
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¿Quién no se ha enamorado siendo un niño de su profesora, de alguna amiga de su madre o de esa compañera tan guapa de su hermana mayor? Sacha, en cambio, tiene unos referentes más exóticos: las españolas que llegan al París de finales de los cincuenta para servir en las casas de la burguesía. El atormentado protagonista de esta novela -a quien su familia no presta ninguna atención- tiene la costumbre de frecuentar la boca de metro de la estación de Pompe, el lugar de reunión de sus “perlas”, para admirarlas y escuchar sus confidencias.

“En sus gritos se mezclan oraciones, genuflexiones, santiguamientos. En un momento, sus sermones toman la velocidad del maremoto. Se maldicen, se hinchan bocas, pechos, gargantas. Luego, sin razón aparente, cuando se acerca la hora de la cena, de pronto se tranquilizan. Todo baja, como un soufflé. ¡Y sin intervención de la policía, por favor! Me gusta esa rabia, ese Guernica, el «Huracán Pompe». En sus gritos de vírgenes del Neandertal amenazan con arrancarse los huevos y tirárselos a la cara. Una se embala, la otra se desata. No es cuestión de batirse en retirada hacia el mercado, una misa, o con cualquier otra excusa.”

Con trece años, ha caído profundamente enamorado de una de estas fascinantes criaturas: Pepita, una bella y misteriosa pamplonesa mayor que él. Será Sacha quien le busque trabajo en casa de unos vecinos, dos pisos más arriba de la suya, para tenerla en observación. Con esta lograda cercanía, da rienda suelta a su obsesión amorosa y trazará los planes más peregrinos y las jugadas más complicadas para intentar conquistarla para siempre, lo que acabará provocando un final tan impredecible como surrealista.

François-Marie Banier (París, 1947) publicó esta novela en 2006 y plasmó en ella buena parte de sus experiencias adolescentes. Según ha explicado en varias entrevistas, él mismo estuvo muy enamorado de una criada bilbaína, Antonia, que le sirvió de inspiración para dar vida a la fascinante Pepita. Al igual que Sacha, se dejaba caer por Pompe para coger a las españolas de la mano y pasar las horas muertas contemplándolas y aprendiendo.

Artista polifacético, fotógrafo, actor, escritor y bon vivant irredento, Banier publicó su primera novela (Les résidences secondaires) con 21 años, obteniendo de inmediato un éxito notable y el respaldo de escritores como Louis Aragon o Samuel Beckett, aunque hoy es más conocido por su trabajo como fotógrafo y por algún que otro escándalo mediático.

En cuanto a Las españolas del metro Pompe, la imaginación desbordante de Sacha se traduce en un estilo narrativo donde las imágenes y las palabras salen a borbotones, como fogonazos. Esta pirotecnia lingüística se acentúa hacia la mitad de la novela, alcanzando sus cotas más altas en el delirio imaginativo final. La orgía surrealista del lenguaje que nos impone Banier hace que muchas veces tengamos que parar a tomar aire unos instantes, dejar reposar la lectura, y así, poder regresar con fuerza para recibir la siguiente ocurrencia.

“El tótem de Violeta, transformado en serpiente, se inclina por debajo de nuestras cabezas, todas las bocas quieren mordernos. Vuelve a tocar su aria, que oigo en mi duermevela. Su serpiente levanta la cabeza, me persigue. Corro a refugiarme detrás de ella, fugitivo que, confundido por el miedo, toma al atacante como escudo. Hunde sus dedos en mi pelo, desciende por debajo de mi camisa a lo largo de mi espalda sudada, tira una sábana sobre nosotros, el montón se deshace. Nos agarra del pelo a Pedro y a mí para protegernos de una cascada de objetos, estamos bajo sus brazos plegados como las alas de un cisne. Choca nuestras cabezas, las aprieta contra su pecho. Mi siamés me mira tan de cerca que me da la impresión de tener un tercer ojo. Granizo de dentaduras: ha soltado el hilo que los unía a la serpiente.”

De todas formas, Banier ya nos avisa de sus propósitos en la cita de Wilde que abre su relato: “Me gustaría escribir una novela que fuese tan encantadora y tan irreal como una alfombra persa.” Desde luego, consigue que la acción escape con frecuencia de la realidad, pero hablándonos a la vez de temas tan palpables como el amor, los celos, el dinero o la muerte, dibujando un universo por el que planea oculta la tristeza.

Creo que es con esa expectativa de irrealidad con la que hay que acercarse a esta novela, que en su sorprendente tramo final me ha recordado mucho al surrealismo de Buñuel en El ángel exterminador; un estudio de las pasiones humanas y su inevitable puesta en escena a la menor ocasión.

Leer en [Crónica del Alba]

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