Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Vidocq, ¿ángel o demonio?" · Toni Montesinos (La Razón) -
  2. 01 de Marzo de 2012
  1. Mis memorias, de
  2. Eugène-François Vidocq

La trayectoria personal y profesional de Vidocq no tiene desperdicio a tenor de lo que se lee en estas «Mis memorias», dictadas a varios «negros» que escribieron por él en un periodo en que ya se había retirado como jefe de la Policía de Seguridad. Cada renglón es una acción, cada párrafo una aventura. Resulta casi inverosímil, pero precisamente en su hipérbole reside su verdad.
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Vivió a caballo entre dos siglos, tuvo un pasado delictivo y llegó a director de la Seguridad Nacional francesa. Tanta fuerza tuvo el personaje que Vidocq, pues tal era su nombre, inspiró a Victor Hugo y Balzac y se convirtió numerosas veces en carne de pantalla.

He aquí uno de esos personajes de la historia cuyos excesos tienen ya una pátina de peripecia cómica y trasfondo novelesco. Un caso perfecto para ser trasladado al campo literario, teatral o fílmico –hubo una serie televisiva y diez películas sobre su vida, a destacar «Escándalo en París» (1946), de Douglas Sirk, como apunta el traductor David Cauquil–, pero que es muy desconocido fuera de Francia pese a una relevancia que toca lo más granado de la literatura gala de su época. Pues, como se dice en toda información con la que el lector se tropiece en busca de quién era Eugène-François Vidocq, éste fue material para la inspiración del que fue su amigo, Balzac, que hizo aparecer a su personaje Vautrin («el apodo de juventud de Vidocq, que significa en argot “jabalí”», señala Cauquil) en cinco novelas, y de Victor Hugo, que usó la personalidad de Vidocq para sus dos protagonistas de «Los miserables»: Jean Valjean y el inspector Javert.

Hemos dicho bien: un mismo individuo nutrió el carácter de dos personajes contrapuestos, uno presidario y otro jefe de policía. Porque Vidocq también fue esos dos caracteres, primero un buscavidas, un rebelde temerario, un ladrón, un homicida, y, luego, como si diera la vuelta por completo al espejo que reflejaba su existencia delictiva, un defensor de la justicia, un perseguidor audaz e incansable del mal, un policía tan famoso que, como decimos, acabó transformado en personajes de ficción. También en Estados Unidos y el resto de Europa, dado que se hallan concomitancias entre el Vidocq criminólogo y el Auguste Dupin de Edgar Allan Poe o incluso el Sherlock Holmes de A. C. Doyle. Algo razonable de creer, ya que Vidocq acabó siendo un pionero en el ámbito de la criminología, desde el punto de vista tecnológico, con grandes innovaciones para la identificación de los delincuentes, y fundó la considerada primera agencia de detectives privados de la historia.

La trayectoria personal y profesional de Vidocq no tiene desperdicio a tenor de lo que se lee en estas «Mis memorias», dictadas a varios «negros» que escribieron por él en un periodo en que ya se había retirado como jefe de la Policía de Seguridad. Vidocq había llegado hasta lo más alto del escalafón institucional como primer director de la Sûreté Nationale, pero había tenido un origen muy humilde: «Desde la infancia –dice en la primera página–, di muestras de las disposiciones más turbulentas y perversas».

Rumbo a América

Malvado con los otros niños y desafiante ante sus padres, se inicia pronto en la amistad por lo ajeno robando el dinero de la caja de la panadería que regentaba su progenitor. Es sólo un adolescente y ya quiere embarcarse a América, pero al no conseguirlo se emplea en una casa de fieras ambulante. Luego, Vidcoq se enrola en el regimiento de Borbón; con 16 años dice haber tenido quince duelos y haber matado a varios hombres. Reconoce que le apodan «el sinvergüenza», participa en una batalla, deserta del ejército, se pasa al bando austríaco, tiene diez duelos en seis días hasta acabar en el hospital… Cada renglón es una acción, cada párrafo una aventura. Resulta casi inverosímil, pero precisamente en su hipérbole reside su verdad.

Sobre el autor
Nacido en 1775, Vidocq (en la imagen) se escapó de casa a los 16 años y cometió todo tipo de delitos hasta que se pasó al bando de la policía       

Ideal para... 
los que disfrutan de historias en primera persona de carácter picaresco, y para los interesados en la Francia postrevolucionaria  

Un defecto
Vicocq no es un gran escritor, en ocasiones se limita a transmitir la información de forma fluida, aunque un tanto acelerada

Una virtud El ritmo de acciones que se suceden sorprenderá al lector y le conducirá a los momentos más turbulentos de Francia  

Puntuación: 8

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