Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "La mayoría de la gente de EE.UU bebe mucho y toma un montón de drogas" · Miguel Ayuso (El Confidencial) -
  2. 03 de Marzo de 2012
  1. Knockemstiff, de
  2. Donald Ray Pollock

“Mi trabajo se centra en el lado malo de “la hondonada”, y la ‘crudeza’ es, supongo, una manera de conseguir la atención del lector, junto con elegir los detalles correctos. Al margen de esto, lo cierto es que el lado bueno se fue haciendo más fuerte a medida que iba creciendo. El problema es que me cuesta mucho hacer historias amables que reflejen esto”
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Knockemstiff es un pueblo del sur de Ohio prácticamente deshabitado, exponente de todos los vicios de la sociedad estadounidense rural. Su nombre significa algo así como “déjalo tieso” y al parecer proviene de una pelea legendaria en la taberna local. Era una población desconocida hasta que el escritor Donald Ray Pollock, oriundo del lugar, publicó un libro del mismo nombre en el que, a través de una colección de cuentos situados entre 1945 y 1966, narra las vivencias de los habitantes de la localidad. Pollock, que en la actualidad tiene 58 años, no empezó a escribir hasta los 45, y durante 30 estuvo trabajando de peón en la fábrica de papel local. Según ha explicado a El Confidencial, empezó a escribir porque estaba pasando por una especie de crisis vital y quería hacer algo distinto a trabajar en la fábrica para el resto de su vida. Tras publicar algunas historias cortas, fue becado en un programa de la Universidad Estatal de Ohio y vio la oportunidad para dejar la fábrica. Tenía ya 50 años.

Una radiografía de la América rural

En su casa nunca hubo un sólo libro, pero por alguna razón, Pollock se apasionó por la lectura. Pese a estar rodeado de personas cuya máxima aspiración cultural era ir a ver Godzilla al autocine local, Pollock descubrió la biblioteca del colegio y se hizo aficionado a la lectura. Knockemstiff (Libros del Silencio, 2011), es su primer libro, y el único editado en España hasta la fecha. Por sus páginas transita lo peor de la sociedad rural estadounidense: adictos a las anfetaminas, psicópatas, culturistas, maltratadores, alcohólicos… Todo un retrato del lumpen norteamericano, cuya mayor preocupación es comer salchicha ahumada, beber Pabst Blue Ribbon –la marca de cerveza más barata de los supermercados– y pillar el mayor número de anfetaminas posible. Y de la policía ni rastro. “Knockemstiff no era lo suficentemente grande como para tener policía”, explica Pollock. “Había un sheriff del condado, pero casi no le veíamos”.

Pollock retrata a sus vecinos sin ningún tipo de sentimentalismo, con una prosa cruda, sin moralina, y extremadamente explícita. La mayoría de los cuentos hablan sobre las oxidadas relaciones familiares de los pueblerinos y su constante lucha interior por salir de “la hondonada”, tal como llaman ellos mismos al pueblo, un agujero sin futuro al que están atados casi a modo de tragedia griega.

Pesé a la crudeza y salvajismo de las historias que aparecen en el libro, y el aspecto de veracidad que emana de todas ellas, Pollock aclara que todo es “simple y llana ficción”. “Hay detalles de mis historias que se basan en cosas que vi o de las que oí hablar”, aclara, “pero son las menos”. ¿Entonces como es posible que el libro parezca tan real? “Aunque ninguno de mis personajes están basados ​​en personas reales, creo que la atmósfera general del libro, ese sentimiento claustrofóbico de estar atrapado en Knockemstiff, es fiel a la forma en que me sentía en el pueblo cuando yo era joven”, explica el autor.

Una sociedad adicta a las drogas

Un denominador común de todas las historias de Knockemstiff es la adicción de sus personajes al alcohol y las anfetaminas. Pollock es claro al respecto, “las drogas y el alcohol siguen siendo uno de los grandes problemas de Estados Unidos". “Puede que haya algunos condados o pueblos donde no se beba”, explica, “pero la mayoría de la gente [de las zonas rurales] bebe mucho y toma un montón de drogas de todo tipo, legales e ilegales”. Los culpables de esta situación están en las consultas: “Los doctores prescriben drogas muy frecuentemente y las compañías farmacéuticas, que cuentan con cientos de lobbistas en Washington, si no más, hacen montañas de dinero con los analgésicos, los antidepresivos, etc. Las autoridades meten a mucha gente en la cárcel por tráfico de drogas, pero persiguen a los que no deben”.

En Knockemstiff se narran historias de hace 50 años. ¿Ha cambiado en algo la situación de la población rural? Según Pollock, sus vidas siguen siendo “tristes”, aunque las actividades han cambiado: “Supongo que verán la televisión por cable, jugarán a videojuegos y navegarán por internet, como la mayoría de la gente de América. Algunos van a la iglesia y otros están enganchados a los analgésicos”.

Escapando de “la hondonada”

Tras trabajar en un matadero y estar 30 años en una fábrica de papel parece que Pollock ha logrado cambiar de vida, pero aún sigue viviendo en un pequeño pueblo del sur de Ohio, "haciendo las mismas cosas que hacía antes”. Al igual que sus personajes, Pollock no parece dispuesto a abandonar “la hondonada”, aunque reconoce que su entorno también tiene sus cosas buenas: “Mi trabajo se centra en el lado malo de “la hondonada”, y la ‘crudeza’ es, supongo, una manera de conseguir la atención del lector, junto con elegir los detalles correctos. Al margen de esto, lo cierto es que el lado bueno se fue haciendo más fuerte a medida que iba creciendo. El problema es que me cuesta mucho hacer historias amables que reflejen esto”. Tras leer Knockemstiff queda claro que lo amable no es su especialidad.

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