Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "'Compañía K', de William March" · Alberto Olmos (Lector mal-herido) -
  2. 29 de Febrero de 2012
  1. Compañía K, de
  2. William March

Bueno, ya tenemos la primera gran novela del año. Se llama Compañía K y no va de soldados. Su autor es William March y no lo conoce nadie. Ambas proposiciones pueden impugnarse en los casilleros de más abajo. Compañía K se publicó en USA en 1933. Libros del Silencio la ha publicado en España en 2012. Juan Malherido -yo- la ha canonizado en este mismo momento: obra maestra.
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Bueno, ya tenemos la primera gran novela del año. Se llama Compañía K y no va de soldados. Su autor es William March y no lo conoce nadie. Ambas proposiciones pueden impugnarse en los casilleros de más abajo.

Compañía K se publicó en USA en 1933. Libros de silencio la ha publicado en España en 2012. Juan Malherido -yo- la ha canonizado en este mismo momento: obra maestra.

Profesor universitario: Ahora hay que argumentar, caballero.

Juan: ¿Por qué?

Profesor universitario: Porque eso de ”obra maestra” queda demasiado exacto, excesivamente honesto. Emborrona todo con citas de Barthes y Benjamin y piruetas sintácticas de persona que no tiene nada que decir y, quizá, consigas que te tomemos en serio.

Juan: Eso es de nenas. Yo molo por lo pronto o no molo, no.

En todo caso, y pa tontos, argumentaremos o nos explayaremos.

Lo que menos importa de Compañía K es la guerra. Si fuera una novela bélica sería una pieza de museo, una llantina de ocasión que apenas nos importaría con tanta guerra acumulada a lo largo del siglo XX. Durante la lectura de Compañía K, es difícil acordarse de que está ambientada en la I Guerra Mundial. Por eso es tan buena.

Este mismo argumento (si lo quieren) fue el que me sugirió otro libro bélico excepcional: Hogueras en la llanura, de Shohei Ooka. La guerra no es literatura, la literatura es el conflicto; sólo escritores mediocres nos cuentan los cañones de la guerra y el milimetraje de las balas, y las marcas de las botas de los fulanos, y qué comen, todo ese documento que acredita veracidad al tiempo que sepulta la poesía.

El modo en el que March convierte la guerra en cosas que pasan en tu vida no es, como en el japo, producto de la visión kafkiana del batallaje, sino de la fragmentación y de la poética del detalle.

Compañía K se estructura en decenas y decenas de breves capítulos que emite cada uno de los soldados de dicha kompañía. Es como si cada soldado tuviera una sola bala literaria para resumirnos la guerra, y uno la resume con el tiro en la cabeza que le dio a un alemán, otro con el tiro en la cabeza que le dieron a él mismo (hablan los muertos) y otro con la suave brisa de Ohio que levantó un poco de polvo en el porche de su casa antes de irse a matar boches.

Esta estructura es tan dinámica y delicada que el libro se lee velozmente, como quien observa extático una carrera de relevos donde el relevo es el tiempo y los corredores muchos y perezosos: un paso cada uno. (Lo de que el relevo es el tiempo no es una gilipollez poética: cada capítulo cuenta algo que se sitúa inmediatamente después de lo contado en el capítulo anterior, para completar la gran vuelta de ir a la guerra y volver de la guerra, muerte en medio.)

Ya la estructura narrativa, ese censo de soldados y oficiales, proyecta la novela hacia el futuro: Perec. Hay algo extraordinario en las referencias que le vienen a uno a la cabeza según va leyendo: todas son de autores que aún no habían escrito sus libros. Compañía K parece Carver cada tanto, esto es, cuentos que acorralan historias sencillas para simbolizar pasiones universales. También hay algo de Joe Brainard en la elección de primeros planos sucesivos para contar mejor lo caudaloso de la vida, en lugar de dosmilseiscientossensentayseizar el relato con cientos de páginas de estupideces.

Miren qué tópico: comparado con Compañía K, casi todos los autores actuales parecen antiguos.

Miren qué tópico: es indignante que una novela tan extraordinaria no forme parte de las lecturas básicas de cualquier bibliotecario de provincias.

Y: es de agradecer a la editorial que haya comprado este libro porque no sabían qué publicar en febrero.

Ya saben que muchas veces, en los discos de caras B y rarezas, encontramos nuestras canciones favoritas. Compañía K, como Hogueras en la llanura, como Días de llamas, son caras B que suenan a que a alguien en la radio se le olvidó darle al play.

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