Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Releyendo a Camba" · Manuel Peñalver (Ideal) -
  2. 22 de Diciembre de 2011
  1. Haciendo de República y artículos sobre la guerra civil, de
  2. Julio Camba

Julio Camba, un clásico y un vanguardista, a un mismo tiempo, en la historia del periodismo español. Un nombre siempre presente en la retina de sus lectores como una afirmación a la que nunca podrá vencer el olvido. Por los geniales juegos de inteligencia en la geometría del detalle. Por la agudeza con la que siempre fue a la busca del tiempo perdido. Por la perfección con la que hizo eterna la piel de las palabras en las páginas de un periódico. Por la poderosa originalidad de una escritura, bella como la nieve recién caída.
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El artículo de opinión, el soneto de la prensa escrita, siempre ha sido un género predilecto para los buenos lectores. Las grandes plumas lo caligrafiaron, así, para la historia del periodismo. Por ello, habría que integrarlo, definitivamente, en la literatura; en la mejor literatura, desde Larra hasta nuestros días. Julio Camba, el genial gallego de Vilanova de Arousa (donde nació el 16 de diciembre de 1882), tiene mucho que ver en la reputada ascendencia de esta consideración. Como escritor y periodista o como periodista y escritor. Pero preguntémonos, precisamente, ahora, en las postrimerías de dos mil once: ¿No es el periodismo un venero inagotable de literatura a través del ejercicio diario que constituye el proceso de la información y de la comunicación? Es difícil entender el periodismo sin la literatura, de la misma manera que resulta difícil entender esta sin el periodismo. Muchas personas sienten verdadera pasión por tener los periódicos del día entre las manos desde las horas más tempranas. El artículo, la preciada joya de la lengua escrita, la exacta síntesis entre expresión y contenido, ocupa un lugar muy destacado en sus preferencias.

Larra, Camba, Mariano de Cavia, González-Ruano, Vázquez Montalbán, Jaime Campmany, Francisco Umbral y Jorge Berlanga lo mimaron siempre como se mima a un recién nacido. Como lo miman Manuel Alcántara, Antonio Burgos, Ignacio Camacho, Andrés Cárdenas, Tomás Cuesta, Pedro G. Cuartango, Mónica Fernández-Aceytuno, Espido Freire, David Gistau, José María Granados, Elvira Lindo, Manuel Martín Ferrand, Martín Prieto, Rosa Montero, Arturo Pérez-Reverte, Raúl del Pozo, Carmen Rigalt, Alfonso Ussía o Manuel Vicent, entre otros.

¿Literatura o periodismo? Cuando un escritor es capaz de convertir sus artículos en tarjetas postales para la posteridad, en hexámetros de la emoción, en itinerarios del sentimiento, en semillas de la modernidad, en sílabas inéditas de la inspiración, en sintagmas embellecidos por la ironía o en metáforas mecidas por el ingenio, poco importan el género o el concepto. Y, más aún, si el escritor es ya por sí mismo la percepción de la palabra. Con la universalidad, el talento intelectual y la pureza literaria que solo tienen los elegidos por la diosa Minerva como Camba. Los textos reunidos en Alemania: impresiones de un español (1916), Un año en el otro mundo (1917), La rana viajera (1920), Aventuras de una peseta (1923), Sobre casi nada (1928), Sobre casi todo (1928), La ciudad automática (1932), Haciendo de República (1934), Esto, lo otro y lo de más allá (1945), Etc., etc. (1945), Playas, ciudades y montañas (1947), Mis páginas mejores (1956), Ni fuh ni fah (1957), Millones al horno (1958), Londres (1959), Paisajes, gentes y cosas (1962) y Páginas escogidas (2003) son lienzos helénicos, cuadros velazqueños, álbumes deliciosos y divertidos, versos libres de la vida, que inspiran las frases más lúcidas en el vaso divino del corazón. ¿Y La casa de Lúculo o el arte de comer (1929)? El lector siempre guarda en el paladar de la memoria el regusto de un ensayo gastronómico, envuelto en un énfasis humorístico tan entrañable y fascinante.

Julio Camba, un clásico y un vanguardista, a un mismo tiempo, en la historia del periodismo español. Un nombre siempre presente en la retina de sus lectores como una afirmación a la que nunca podrá vencer el olvido. Por los geniales juegos de inteligencia en la geometría del detalle. Por la agudeza con la que siempre fue a la busca del tiempo perdido. Por la perfección con la que hizo eterna la piel de las palabras en las páginas de un periódico. Por la poderosa originalidad de una escritura, bella como la nieve recién caída. Y que sabe a pan candeal, cortado con las manos, a oro de las uvas, a tierra mojada, a estrofa amiga, dispuesta al guiño cómplice, a humor que se escurre por las venas. Camba y sus artículos, siempre en el lado mágico de la existencia. «Era un escritor imbuido del humorismo inglés. Sabía muy bien Dickens y Chesterton. Yo tengo una gran admiración por Camba. Era un tipo curioso, un gallego extremadamente vivo. Tenía una intuición extraordinaria», decía Josep Pla.

Los artículos de Camba son la belleza en el nombre de algo que existe, el mismo siempre, pero de otra manera; caudal de timbres únicos, ausencia predestinada, metáforas definitivas; dialécticas como el deseo que no miente, ríos manriqueños que fluyen por la sintaxis de los días; párrafos existenciales en el recuerdo de los nombres propios; semánticas, inagotables y puras, que serán y que han sido; diarios encuadernados por las rimas de la brisa, colores vivos de la memoria; instantes que obligan a esperar, sílabas que sueñan un mundo aparte; tardes que reconstruyen el tiempo, silencios que vuelven. Horas infinitas leyendo a la vida.

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