Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "El lugar en el que no se siente" · Fusa Díaz (Granite & Rainbow) -
  2. 01 de Diciembre de 2011
  1. Mi madre es un pez, de

En Mi madre es un pez tenemos ambas cosas: una idea atractiva, que es la familia en la literatura; tenemos a Faulkner, tenemos un repaso de grandes momentos trágicos sobre un mismo tema, y tenemos -por suerte- un buen criterio a la hora de seleccionar a los autores para componer el libro. Si además nos va a servir para hacernos una idea bastante fiable y global del panorama actual de la literatura hispanoamericana, mejor que mejor.
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Era, en cierto modo, el hogar, es decir, el lugar en el que no se siente.
Fernando Pessoa

Hijos que matan a su padre y desean a su madre para luego arrancarse los ojos. Padres traicionados por sus hijas. Príncipes que vengan a sus padres. Emperadores que mueren a manos del hijo amado. Bastardos. Fantasmas. Incestos. Tragedias. Éstas son algunas de las situaciones familioliterarias que Sergi Bellver y Juan Soto Ivars citan en el prólogo de la antología “Mi madre es un pez”. Vardaman Brundren, uno de los personajes de William Faulkner en “Mientras agonizo”, ve cómo sin querer le sacan un ojo, con un taladro para la madera, al cadáver de su madre. Cuando Vardaman pesca peces, se divierte sacándoles los ojos, creyendo, así, que su madre es un pez. Con esta presentación, Libros del Silencio, una editorial catalana, apuesta por la idea que Bellver y Soto Ivars miman y protegen desde hace algunos años.

Una antología de cuentos puede necesitar de un buen pretexto -o no- para salir a la luz. Puede que los cuentos tengan una calidad lo suficientemente alta como para no necesitar ninguna excusa, o puede que, a pesar de no necesitar tal pretexto, una justificación editorialmente convincente, la tengan. También puede ser que el envoltorio, el objetivo de una antología de relatos, el motor, tenga más peso que la propia literatura que después vamos a encontrar dentro, entre sus páginas. En “Mi madre es un pez” tenemos ambas cosas: una idea atractiva, que es la familia en la literatura; tenemos a Faulkner, tenemos un repaso de grandes momentos trágicos sobre un mismo tema, y tenemos -por suerte- un buen criterio a la hora de seleccionar a los autores (más de treinta) para componer el libro. Si además nos va a servir para hacernos una idea bastante fiable y global del panorama actual de la literatura hispanoamericana, mejor que mejor.

La familia en la literatura es, como el amor y la muerte, uno de los temas más socorridos para los escritores. Su universalidad y su evolución según la época y las condiciones hacen que sea una fuente de inspiración inagotable. Uno de los puntos positivos de “Mi madre es un pez”, que no tiene pocos, es la manera de plasmar la familia en la sociedad de hoy. Es cierto que hay dramas y tragedias que podrán ser leídos siempre sin tener la sensación de que hayan pasado de moda (y el claro ejemplo es “Mientras agonizo”, una de las obras que llevan por bandera la familia y que gestiona las emociones y los parentescos de una manera magistral). Pero ya sin ser libros estudiados y considerados grandes obras de la historia, también tenemos otras novelas que encierran los secretos y las sombras lo familiar. En el libro “Cuatro hermanas”, de Jetta Carleton (Libros del Asteroide), quedan retratados minuciosamente todos los personajes de los Soames; en la novela “Fragmentos de interior”, de Carmen Martín Gaite (publicado recientemente por Ediciones Siruela), hay buena cuenta de los silencios y las tensiones familiares; en “Mamá”, de Joyce Carol Oates (Alfaguara), la presencia y la ausencia maternal hacen desembocar en las hermanas huérfanas dilemas hasta entonces ocultos. Todas ellas de diferentes épocas y desde puntos de vista distintos, la familia siempre queda retratada como un lugar inhóspito, un lugar, como encabeza y titula este artículo con la cita de Fernando Pessoa (utilizada por Ricardo Menéndez Salmón para su relato “Trayectoria de impacto”), un lugar en el que no se siente. Difícilmente encontraremos en los relatos y las historias familiares un lugar de refugio y paz: no lo hay. O por lo menos, cuando lo hay, no es motivo de literatureidad.

Volviendo a la antología, uno de los puntos a favor de “Mi madre es un pez” es que nos dan perfecta cuenta de cómo se desarrollan las familias hoy en día. Los autores de los cuentos, jóvenes o muy jóvenes en su mayoría, no tienen problemas para hablar de familias que antes podían considerarse desestructuradas y que ahora son vistas -fuera y dentro de la literatura- con naturalidad: separaciones, madres solteras, padres solitarios. Seres perdidos y, contrariamente a lo que se entiende por madurez, completamente desconcertados. Casi adolescentes.

Entonces, el hogar, que no tiene ese sabor que le otorgamos a la patria -por ejemplo-, de consuelo y paz, es ese lugar en el que no se siente; y los que allí viven, la familia, son esos seres que nos despiertan sentimientos totalmente contradictorios. Igual que en ciertas épocas era común hablar de deslealtad e incestos en las historias literarias, ahora abundan dos lugares comunes que se dejan ver notoriamente en “Mi madre es un pez”: por un lado, el miedo a repetir esquemas que hemos criticado durante toda nuestra vida; el miedo a parecernos a nuestros padres, a cometer los mismos errores. Por otro lado, la sensación de que nuestros padres (sobre todo... más que los hijos o los hermanos) son personas respetadas y admiradas por el resto de la humanidad, son útiles, y, sin embargo, a nosotros no nos sirven. Los dos ejemplos más claros de este segundo punto vienen de la mano de Andrea Jeftanovic y Juan Terranova. En el primer caso, Jeftanovic nos muestra dos personas comprometidas política y socialmente, dos héroes de carne y hueso que luchan por sus ideales y son consecuentes con la sociedad que les ha tocado vivir. Están comprometidos absolutamente con todo lo que les rodea, excepto con su paternidad. De modo que hay un gran contraste entre lo que de ellos puede decirse y lo que su hijo piensa y siente con respecto a su paternidad. Igual que en el caso de Terranova, que acierta y da un tono más distendido que la línea general de la antología, con la historia del hijo de dos de los Cuatro Fantásticos. Andrea habla de “la enorme necesidad de ser hijo” y Juan trata de entender “cómo gente que sale súper en la televisión resulta tan poco súper en la vida de los de su alrededor”. Del primer ejemplo (el miedo a repetir incansablemente y pisar huellas de las que vamos huyendo), Carlo Padial, bajo la descripción de las diferentes paranoias que padece su personaje, intenta no convertirse en lo que detesta, hasta que su padre se instala, después de muerto, en su vida. “Comida en casa de mi padre: en realidad, ya ha asumido que el padre es él”. El padre ya no es la amenaza, ya no sólo teme parecerse él, sino que el resto del mundo empieza a parecérsele. Jeftanovic vuelve a servirme, puesto que su necesidad de ser hijo se transforma y vuelve a cometer el mismo error que sus padres. “No te pudiste pajear al lado”. Empieza su cuento con un reproche y acaba él mismo siendo el que finalmente tampoco se pajeó al lado, dejando claro, en un quejido, que hay un orden: la necesidad de ser hijo antes que padre. Y la terrible certeza de que acabamos imitando a los nuestros. Katya Adaui también ejemplifica perfectamente su miedo y el de todos: “Uno acaba pareciéndose a lo que más detesta”.

Pero en “Mi madre es un pez” no sólo reflexionamos a partir de la familia y de la sociedad, de cómo las herencias, los odios y el hermetismo a la hora de comunicarnos con nuestros parientes lo van tiñendo todo de una oscuridad que se traduce, siempre, en el drama que nos presentan los autores pecísticos. También, puesto que además de dar luz (arrojándola cruelmente) sobre un mismo tema, están exponiéndose a la crítica literaria, retratan sobre qué movimientos anda viva la literatura actual. Además de que reunimos a estos autores con un pretexto -necesario o no, motor potente o excusa-, el abanico de edades, condiciones y estilos nos muestran por dónde está la narrativa breve del panorama actual. Podemos ver cómo juega con la puntuación Javier Avilés, dotando a su cuento de originalidad, o como Celso Castro -con un relato sublime- renuncia a gran parte de la puntuación y a las mayúsculas. En esta antología no sólo hacemos un recorrido por hijos olvidados, madres enamoradas de un frigorífico o padres atraídos por la adolescencia sensual de sus hijas... además podemos extraer de ello una radiografía de cómo se está escribiendo ahora. La literatura siempre está viva, y en los últimos tiempos de una manera excesiva (no es nueva la anécdota de que hoy en día todo el mundo tiene una novela escrita en el cajón). Sergi Bellver y Juan Soto Ivars hacen una selección que pretende reunir a grandes autores ya reconocidos, como Rodrigo Fresán, con promesas de futuro, como Aixa de la Cruz. Muchos de los nombres son todavía desconocidos o se están abriendo camino con una obra literaria recién estrenada; otros están sobradamente consolidados. Como es predecible cuando la diversidad se cruza en nuestros caminos, hay para todos y para nadie. Mi clasificación personal va desde los que tienen una buena idea y la desarrollan mal, los que tienen un gran talento pero carecen de atractivo en el argumento, los que no tienen ni uno ni otro, pasando por los que buscan dejar bien alta su pose de tipo duro -usando muchos tacos, por ejemplo- a los que simplemente son brillantes desde la primera frase, dejando atrás y en evidencia los que todavía tienen mucho que recorrer. Afortunadamente es así en ésta y en todas las antologías, y sería absurdo calificar su totalidad según un único criterio.

Por lo tanto, quedan al descubierto todas las virtudes de esta bonita edición: familia y tragedia, crítica, drama, sociedad actual y panorama literario en lengua hispana. Todo ello, unido a Faulkner y Eduardo Mendoza, que hace un recorrido familiar (con Barcelona de fondo) como epílogo, me parece suficiente como para tener en cuenta “Mi madre es un pez”. No es más que otra antología de cuentos inofensiva con buenas intenciones y grandes resultados, pero la literatura siempre basta en y para Granite & Rainbow.

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