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PASCAL QUIGNARD

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  1. "El humor de Gila vuelve a la guerra" · Elena Hevia (El Periódico) -
  2. 12 de Diciembre de 2011
  1. Miguel Gila, vida y obra de un genio, de

Fue el humorista más popular de la posguerra y el que mejor supo reflejar aquellos tiempos grises e inciertos en los que los ricos se caracterizaban por tener «sopa y corbatas». Miguel Gila falleció en Barcelona, convertido en leyenda, hace una década. Una biografía, Miguel Gila. Vida y obra de un genio (Libros del Silencio), escrita por el humorista Juan Carlos Ortega -claramente, uno de sus discípulos puesto al día- y el periodista Marc Lobato rescata su historia y una buena cantidad de material hasta ahora inédito, como son sus poesías, obras de teatro y algunos monólogos que no llegó a representar, todos ellos marcados por su peculiar y naíf sentido del absurdo. La edición también se acompaña de un CD con los monólogos radiofónicos que lo dieron a conocer.
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Una biografía pasa revista a los orígenes del popular, de cuya muerte se cumplen diez años

Fue el humorista más popular de la posguerra y el que mejor supo reflejar aquellos tiempos grises e inciertos en los que los ricos se caracterizaban por tener «sopa y corbatas». Miguel Gila falleció en Barcelona, convertido en leyenda, hace una década. Una biografía, Miguel Gila. Vida y obra de un genio (Libros del Silencio), escrita por el humorista Juan Carlos Ortega -claramente, uno de sus discípulos puesto al día- y el periodista Marc Lobato rescata su historia y una buena cantidad de material hasta ahora inédito, como son sus poesías, obras de teatro y algunos monólogos que no llegó a representar, todos ellos marcados por su peculiar y naíf sentido del absurdo. La edición también se acompaña de un CD con los monólogos radiofónicos que lo dieron a conocer. El volumen está ya en las librerías.

Gila, así lo recuerdan Ortega y Lobato, que le hicieron una larga entrevista «por el puro placer de aproximarnos a él» pocos meses antes de morir, cumplía el lugar común de los humoristas. En la intimidad no era un tipo gracioso. «Pero sí cálido, cariñoso y muy generoso», describe Ortega. Y así se lo demostró la primera vez que coincidieron en la radio: «Yo interpretaba al soldado que supuestamente está al otro lado de la línea telefónica en los monólogos de la guerra. Yo estaba muerto de miedo y él acabó riéndose, de pura generosidad porque el gag tampoco tenía tanta gracia».

Asegura el triciclero Paco Mir, uno de los personajes de la cultura entrevistados en este libro, que un «humorista no desaprovecha nada de lo que le pasa para lograr un buen gag». Ese es uno de los caminos secretos de esta biografía que vincula sus agridulces monólogos a esa intimidad que Gila se dedicó celosamente a preservar. De ahí que en el trasfondo de su monólogo sobre la guerra -«'Para una guerra importante se necesita soldado que mate deprisa'. Y dijo mi abuela: 'Apúntate tú, que eres espabilao'»- esté no solo la propia experiencia de Gila durante la guerra civil, donde sobrevivió a un pelotón de fusilamiento -«Me fusilaron mal», solía decir-, sino que el padre, muerto antes de que él naciera, fuera un prófugo del servicio militar tras haberle propinado un puñetazo a un sargento.

«Cuando yo nací, mi madre había salido a pedir perejil a una vecina, así que nací solo y bajé a decírselo a la portera. Le dije: 'Señora Julia, he nacido'». No hay que ser un hacha para percibir en ese nacimiento solitario la falta de un padre e incluso de una madre, porque él se crió con sus abuelos, mientras su madre volvía a casarse y formaba una nueva familia.

Como biografía a favor, «subjetiva, tendenciosa y partidista», describen los autores su trabajo, que solo adopta la limitación de la «verdad. No miente». De ahí que en líneas generales el libro acepte las versiones que a lo largo de su vida y en sus memorias construyó el propio humorista. Nada aclara las razones por las que en los años 60, con un primer matrimonio maltrecho a la espalda, decidió «autoexiliarse» a Argentina y que algunas versiones apócrifas relacionan con la intención de alejarse de una paternidad no aceptada. «Esta no es una historia de Miguel, sino de Gila, nos interesaba saber cómo se gestó el humorista y por eso nos hemos centrado más en su infancia y su juventud». Tampoco vinculan sus reticencias a retratar la intimidad del artista a la colaboración de Malena Gila. «Fuimos nosotros los que fuimos a buscarla y no al revés. Ella no nos pidió ver el resultado con anticipación».

La única fantasía desmontada en esta biografía tiene que ver con la célebre anécdota de sus inicios. Gila solía contar -y así se recogió incluso en todas sus necrológicas- que su debut en el teatro, tras haber triunfado como dibujante gráfico, fue en 1951 como espontáneo en una revista musical en Madrid. La realidad es que su participación en un homenaje a Antonio Casal estaba perfectamente prevista.

La última etapa de su vida la vivió Gila en Barcelona y buena parte de su vida profesional se vinculó a EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, donde colaboró como humorista gráfico, la vertiente de su trabajo que más le gustaba reivindicar. Su hija Malena recuerda en el libro lo mucho que se enfadó cuando alguien escribió a este diario acusando al humorista de burlarse de la gente mayor por su sección Encuentros en la tercera edad. «Él escribió personalmente a esta persona para decirle que el primero que era mayor era él».

Echan de menos Ortega y Lobato la visión de Gila para esta crisis que nos acerca a aquellos tiempos de boina y armatoste telefónico que él reflejó. «Él sabía ponerse en el lugar de los demás. De ahí su éxito».

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