Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "'astillas' de Celso Castro (y de regalo 'el afinador de habitaciones')" · Carlos González Peón (La medicina de Tongoy) -
  2. 11 de Noviembre de 2011
  1. Astillas, de
  2. Celso Castro

La prosa de Castro te envuelve, no había caído en ello pero es cierto. Es muy personal, muy potente.
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La idea era la siguiente: en compensación por no haber sido justo con el que fue uno de los descubrimientos del mes pasado -“el afinador de habitaciones”- esta entrada, que trataría fundamentalmente de “astillas” (todo esto pensado antes de) recogería también, al final, brevemente, muy brevemente, algunos apuntes sobre “el afinador de habitaciones” porque una cosa es reseñar libros y otra hacer festivales temáticos. El caso es que según voy leyendo “astillas” - que pensaba yo en mi bendita ignorancia que lo de la trilogía no era nada más que un reclamo publicitario por aquello de ir con los tiempos- me doy cuenta de que tal cosa (siendo tal cosa reseñar el afinador cual bonus track) va a ser del todo imposible porque en realidad más que una trilogía es una novela guillotinada y que ya bastante hago no esperando a que la publiquen entera, que es lo que me pide el cuerpo. Eso y robarla. 

Me noto en los bajos fondos de la intelectualidad que hoy estoy especialmente espeso. Hagan un esfuerzo. De verdad que siento en el alma escribir así de raro pero les juro por mi gato que no me sale de otra manera. Yo no sé qué me pasa hoy, si son las drogas o qué.

De qué va(n). Bueno, se lo cuento pero estén receptivos, hagan el favor, porque quizá el argumento les suene raro, siendo raro una razón más que suficiente para descartar su lectura si no tienen ustedes una mente abierta como la mía. Al grano. "el afinador de habitaciones" va de un chaval de veintitrés años que vive con su abuela y trabaja en una biblioteca para su tío como una forma de pagarle el favor que este (el tío) nunca le hizo a sus padres. El chaval -que así de entrada es un poco capullo y bien, lo que se dice bien, no nos va a caer en ningún momento- no va por la vida sino que, digamos, se deja ir: un sujeto pasivo pasivo. El físico ayuda pues hay claros indicios de que está buenísimo o atributo similar aunque esto es en realidad más bien una suposición basada en la pasión que despierta entre el público femenino. No sé, ellas caen rendidas a sus pies y sólo puede ser por sus encantos o de lo contrario habría que empezar a hablar de la misoginia de Celso Castro.  No tengo la novela a mano y no me quiero fiar de la memoria de ahí que lo resuma tan malamente. También hay un muerto, gente peculiar, piratas modernos, paseos por la playa…. no sé, esas cosas tan de costa coruñesa, que es, no voy a negarlo, otro de sus encantos. Joder, casi me olvido: también hay un fantasma. El de su madre, para ser exactos –esto es lo mejor, no sé porque lo dejo para el final- que le habla a su abuela y deambula por la casa que ambos comparten queriendo –suponemos- comunicarse con su amado hijo que no está a lo que hay que estar porque –ya lo he dicho- es de poca iniciativa. Bueno, en fin, que además de muertos, sexo, alcohol y mujeres fatales también hay un poltergeist. Qué bien, eh? 

La segunda parte, publicada este año de nuestro señor con el nombre de “astillas”, retoma la acción (es un decir) dónde terminaba el anterior. Ahora su abuela está muerta. Sí, ya, a mí también me jode porque la verdad es que lo de la vieja era buenísimo, pero qué quieren, la naturaleza. El caso es que se muere y… bueno, quizá contar más sea excesivo; a ver si podemos ajustarlo al mínimo: en este hay también mucho amor, mucho sexo, drogas, niñas de quince y muchos fantasmas, alguno incluso republicano. Para que se hagan una idea es más o menos como el anterior pero con más presupuesto. 

Antes de seguir dejen que les hable de la poesía de la novela, que también tiene un poco. Resulta que Celso es poeta. A mí esto me jode más que la muerte de la abuela -ver un poco más arriba- porque ya saben que yo no soporto la poesía y por extensión los poetas y tener que tragar con ello es una cosa que me da, de verdad, dolor de corazón. Pero sea. El caso es que Castro es poeta y claro, su protagonista también. Qué original. Pero bueno, bien, siendo relatos del yo se lo vamos a pasar. Por eso y porque NO ABUSA. Esto es tan importante que lo pongo en mayúsculas, a ver si CUNDE EL EJEMPLO. Esto otro también. Que sí, que de vez en cuando un poemita y tal, nada serio, un poco haiku, pero integrado en la narración. Qué asco me doy diciendo esto, de verdad. No se imaginan el mal trago que estoy pasando con este párrafo. Total para nada, porque menos argumentos estoy dando de todo (la paliza, fundamentalmente).

Y bueno, no sé, me voy quedando sin fuelle. Mejor me callo. Sólo una cosita más y ya me voy: léanlo. A Celso digo, y por orden: el afinador primero y las astillas después). Si luego me quieren partir la cara, perfecto, cojan número y lo arreglamos algún día, pero una oportunidad deberían dársela porque de verdad (de la buena) que vale la pena (dentro de lo que son las lecturas amenas e interesantes -nada de obra maestra): una voz diferente en el panorama y no tiene quince años, oh god. Fíjense si me gustó que estoy pensando en hacerme una pajilla con el recuerdo de su lectura. Así de tanto. O más. (Qué bruto. No me hagan caso, ya ven que hoy no es mi día.)

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