Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "La familia Máshber" · María Trincado (El Confidencial) -
  2. 11 de Noviembre de 2011
  1. La familia Máshber, de
  2. Der Níster

Todavía conmocionada por la increíble y ardua lectura de esta larguísima obra, trato de transmitir alguna idea sobre ella; tarea que se me antoja más difícil que nunca. El autor ha construido un universo completo, perfecto, al que nada hay que añadir ni reprochar. [...] El lector se verá recompensado y gratificado, por la emoción, la honestidad, la profunda humanidad que alcanza el autor en una obra irrepetible. [...] Un auténtico monumento literiario y una aportación impagable a la literatura española.
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Todavía conmocionada por la increíble y ardua lectura de esta larguísima obra -y a pesar de ello inacabada-, trato de transmitir alguna idea sobre ella; tarea que se me antoja más difícil que nunca. El autor ha construido un universo completo, perfecto, al que nada hay que añadir ni reprochar. Mejor aún: ha reconstruido la vida de una ciudad y sus habitantes, en la Ucrania de mayoría judía de finales del XIX, con tal verosimilitud y cercanía que cualquier apunte externo sobra; es una sombra fugaz ante el original.

Der Níster -“El oculto”- es el pseudónimo de Pinjas Kajanovich, un escritor, filósofo, traductor y crítico ucraniano, que vivió entre 1884 y 1950. La novela se compone de dos partes: la primera publicada en 1939 y la segunda, ya prohibida, publicada en yiddish en Estados Unidos en 1948, con una gran protagonista, la ciudad de N. La crítica considera que esta población no es otra que Berdichev, en la que nació el propio autor, y que en aquella época contaba con 55.000 habitantes, de los cuales el 80 % eran judíos.

Y la escribe sometido a durísimas presiones y coerciones; la opresiva maquinaria soviética quiere reconvertirle al realismo socialista, como a tantos otros malogrados escritores y artistas rusos. En una carta dirigida a su hermano, apunta: “Y debo escribir mi libro. Si no, dejaré de ser una persona; si no, seré borrado de la literatura y de la vida de los seres vivos. Porque no necesito decirte lo que significa ser un escritor que no escribe. Significa que no existe, que no tiene sustancia en el mundo…”

El resultado es extraordinario. Esta obra figura entre las cien mejores creaciones de la literatura judía moderna, pero también por supuesto entre los grandes maestros rusos de finales de siglo. Ya hemos comentado que la protagonista es la ciudad, la población judía que habita esa ciudad, con sus trabajos, sus ferias, sus fiestas, sus ritos, sus sinagogas, sus sectas divergentes, sus líderes, sus costumbres, los ricos financieros y comerciantes, sus inquietudes religiosas. Y dentro de ese universo descrito con una minuciosidad a veces extenuante, la historia de la familia Mashber, tres hermanos: el mayor, Moishe, un acaudalado comerciante; el mediano, Luzzi, un hombre de poderosa fuerza espiritual; el pequeño, Alter, enfermo y que vive recluido en una buhardilla.

En torno a ellos se van dibujando multitud de otros personajes. Todas las pasiones y ambiciones humanas tienen cabida en este retrato homenaje al mundo de su infancia, ya desaparecido y que pocos años después de la publicación de la primera parte de la novela, durante la II Guerra Mundial y durante las terribles purgas ordenadas en la postguerra por Stalin, acabaría por borrarse de la faz de la tierra.

La lectura de esta obra es un reto, requiere de lectores avezados, pacientes, dispuestos a perderse durante multitud de páginas entre la algarabía de las populosas ferias que se celebraban en esta cabecera de comarca, a perderse entre sus sinagogas y sus ritos, a entrar en sus casas y disfrutar de la celebración de las festividades, a seguir impotente la bancarrota forzada por los acreedores de un próspero financiero, que con un poco de tiempo habría continuado su actividad provechosamente, a perderse entre las dudas y las culpas, entre la observancia estricta de las leyes y la misericordia, entre el cumplimiento material y la purificación del corazón.

Y el lector seducido, distraído entre sus callejas y sus conciencias, se verá recompensado y gratificado, por la emoción, la honestidad, la profunda humanidad que alcanza el autor en una obra irrepetible.

Mi sincero agradecimiento y reconocimiento al editor y los traductores, por la valentía de publicar este libro, un auténtico monumento literario, por hacer una magnífica traducción directamente del yiddish, por incluir un prólogo valiosísimo, que como siempre recomiendo leer al final. Unos pequeños errores tipográficos que aparecen en las últimas páginas no afean esta mimada edición, esta aportación impagable a la literatura española.

Muchas resonancias literarias ha provocado esta lectura en mi memoria, pero no puedo dejar de destacar entre ellas al Soma Morgenstern de la Trilogía de Destellos en el abismo, pero especialmente al de En otro tiempo, sus magníficas memorias de la infancia en Galitzia en una atmósfera muy similar.

Leer en [El Confidencial]

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