Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Sobre el teatro" · Carlos González Peón (La medicina de Tongoy) -
  2. 08 de Noviembre de 2011
  1. Sobre el teatro: artículos y cartas, de
  2. Antón Pávlovich Chéjov

No sólo me reconcilió con Chéjov (definitivamente, además) sino me ha permitido disfrutar de una de las mejores y más gratificantes lecturas del año (y estoy haciendo la comparación con un volumen considerable de ellas). [...] No tengo la más remota idea de si algún día seré capaz de interpretar correctamente sus obras de teatro pero lo que sí tengo claro es que de volver a intentarlo tendrá que ser utilizando este libro como manual de lectura (lo cual es todo un cumplido porque yo no me compro cualquier libro y este encabeza la lista).
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“Se ha descubierto el remedio contra los críticos molestos. Si un crítico le elogia, preséntese e invítelo a cenar en Casa Velde; por el contrario, si le increpa, rómpale la cara. En definitiva, retribuya sus méritos y castigue sus vicios, sin desestimar inocentes recursos como el cogotazo o el rodillazo”. (Anton Chéjov) 

Antes de empezar les prevengo: esto va a ser un poco aburrido. Va de Chéjov, de teatro… esas cosas. Lo digo por si prefieren saltársela y evitarse la innecesaria agonía. Ustedes verán. 

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El cuerpo me pide contarles con todo lujo de detalles cómo llegué a este libro pero soy consciente de que los relatos de este tipo que a uno le parecen tan apasionantes (es un decir) a los demás les resultan por lo general bastante tediosos cuando no directamente insufribles y de ahí que no vaya a ser más que un mero apunte dentro de la reseña. Si es que tampoco tiene nada de especial. Lo descubrí por casualidad en el catálogo de Libros del Silencio. Mi única experiencia con el teatro de Chéjov había sido un completo desastre. Animado por la amistad había leído sin demasiado entusiasmo y muchas prisas “El jardín de los cerezos” que directamente debo confesar que no sólo no me dijo nada sino que me espantó de mi propósito inicial de hacerme un recorrido mayor por este tipo de teatro o por el teatro de este tipo. El caso es que como era de esperar hubo quien me llamó la atención; me vino a decir que debía leer más despacio: aprender a leer teatro (grosso modo esto): educarme. Por el bien de ustedes me saltaré ahora las escenas gratuitas de sexo para seguir en el momento en que creí que este libro podía ser una buena manera de acercarme a la obra de Chéjov sin tener que volver a pasar por el mal trago de regresar a los cerezos de marras. Y efectivamente, así fue; no sólo me reconcilió con Chéjov (definitivamente, además) sino me ha permitido disfrutar de una de las mejores y más gratificantes lecturas del año (y estoy haciendo la comparación con un volumen considerable de ellas.) 

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Sobre el teatro: artículos y cartas” es exactamente lo que parece: una cuidada y en apariencia (me tengo que fiar de la intuición) más que acertada selección de artículos y cartas -o extractos de cartas- de aquello que él escribió y tenía que ver única y exclusivamente con el teatro. Eso no quiere decir que no mencione de vez en cuando y muy de pasada cosas que tienen más que ver con los relatos aunque esto en realidad  ocurra para explicar el mejor modo de crear un personaje, resaltar los defectos o proponer trucos narrativos que puedan tener utilidad dentro y  fuera del escenario.

Ahora podría aburrirles con el casi medio centenar de párrafos que fui destacando durante la lectura y disertar sobre ellos hasta la extenuación -me encantaría- pero saldría un texto más largo que el propio libro y ninguno queremos eso. Para evitar hacernos daño mutuamente lo vamos a dejar en un par de apuntes que sirvan para dar una idea general del contenido. El primero tuvo lugar al comienzo, durante el prólogo de Lluis Pascual, cuando éste confiesa que había en sus primeras lecturas del teatro de Chéjov algo que se le escapaba. “Me parecía no entenderlo”, confiesa, “y por supuesto no lo entendía. En realidad no me di cuenta de su grandeza hasta que estuve dentro, hasta que en el Teatre Lliure, prácticamente al empezar, nos atrevimos con una obra maestra como Las tres hermanas”. Por lo que se ve esto de no sólo nos ocurre a mí (lo cual es un consuelo) o al amigo Pascual sino también -agárrense- al propio Chéjov. Vean lo que dice en un momento determinado: “Por lo general no entiendo las obras que no veo representadas y por eso no me gustan, pero leeré “El judío” con atención, supliré el escenario con la imaginación y quizás saque algo en claro de la lectura” (Pág.359). Y es que no se lo creerán, pero Chéjov odiaba (o eso decía) el teatro.

El libro gira un poco en torno a esa idea: que el teatro teatro es y que la correcta interpretación del texto pasa por su representación lo cual no quiere decir ni remotamente que podamos arreglarlo con un par de sesiones. Lo cierto es que si algo me ha quedado claro es que debe ser dificilísimo (por no decir imposible) dar con una obra que recoja exactamente lo que el escritor quería transmitir. Sus cartas (impagables todas ellas) recogen multitud de quejas, protestas y aclaraciones acerca de cómo deben o deberían ser los personajes, los actores, sus matices, las inflexiones de su voz… todo, hasta el menor de los detalles. No le servía cualquier actor para cualquier papel ya que había muchos que por los vicios adquiridos en su trayectoria artística no daban el perfil adecuado. Chéjov no parece contentarse nunca con nada y resulta más divertido cuanto más crítico se vuelve (“El señor Ivánov-Kozelski se pasa el primer acto gimoteando. Hamlet no sabía gimotear. Las lágrimas de los hombres son caras, y las de Hamlet no digamos.” (Pág.43)) aunque para darse una idea de hasta dónde es capaz de llegar nada mejor que repasar la primera parte, aquella que recoge algunas (pocas, en mi opinión) críticas a las obras de otros y en las que además de despiadado resulta tremendamente divertido. 

“Los actores no lo entienden, dicen tonterías, no escogen el papel que les conviene, y me peleo porque creo que, si la obra no se monta con la distribución de papeles que yo he hecho, será un fracaso total. Si no la hacen tal como yo quiero, habrá que retirarla para evitar la vergüenza. En general, la situación es molesta y muy desagradable. De haberlo sabido, no me habría metido en esto.” 

La traducción de todo esto es que no sé hasta qué punto es acertado (entendiendo esto como “suficiente") LEER a Chéjov. Y lo que es peor: tampoco puedo (sabiendo ahora lo que sé) conformarme con su representación. Es decir, que no tengo la más remota idea de si algún día seré capaz de interpretar correctamente sus obras de teatro pero lo que sí tengo claro es que de volver a intentarlo tendrá que ser utilizando este libro como manual de lectura (lo cual es todo un cumplido porque yo no me compro cualquier libro y este encabeza la lista).

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