Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Mi madre es un pez" · Cuchitril literario -
  2. 02 de Noviembre de 2011
  1. Mi madre es un pez, de

No sé si es el tema que inspira, o es el buen ojo de los editores, pero es una antología brutal. Lo digo sin reparos: la mejor antología de cuentos española que he leído en mucho tiempo. [...] Calificación: Imprescindible.
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Ay no veas la que ahí se lió, ay no veas. Como en el caso del twit de Vigalondo, que provocó un huracán mediático, unas inocentes declaraciones y la inmediatez de la información que da internet han provocado una avalancha de entradas, artículos, comentarios y mensajes acerca de un manifiesto que ya no existe. La siguiente entrada de Sergi lo explica muy bien:

Mi madre es un hecho

No creo mucho en manifiestos, pero al contrario de lo que algunos parecen afirmar, no creo que un movimiento deba basarse en las obras para hacerse explícito. Muchos ejemplos hay de programas previos. En un exceso de honradez retiran web y proclamas y se dedican a lo suyo, a escribir.

Supongo que a la editorial no le importará el revuelo, pero a los antologuistas sí les debe molestar que no se hable del contenido, que son los siguientes cuentos:

I Mortal y rosa
La sustitución de los cuerpos, por Rodrigo Fresan
Todos mis hijos, por Alberto Olmos
El ejército de los muertos, por Antonio Ortuño
Mamá, por Manuel Jabois
Las paranoias americanas, por Garlo Padial
Amar al padre, por Paula Cifuentes
La posesión, por Jordi Soler
La necesidad de ser hijo, por Andrea Jeftanovic
Versiones, por Katya Adaui
Soy el hijo de Sue, por Juan Terranova

II La metamorfosis
Alas de murciélago, por Javier Calvo
True Milk, por Aixa de la Cruz
Purgatorio, por Matías Candeira
Piel de escamas, por Paula Lapido
La niña es normal, por Fernando Cañero
Las fuentes del Nilo, por Alfonso Fernández Burgos
Parafamilia, por Javier Aviles
Neverland, por David Ventura
Chuchos, por Óscar Gual
Tokio Pigmalión, por Sergio Lifante
Cum dederit, por Javier Moreno

III La geometría del amor
Trayectoria de impacto, por Ricardo Menéndez Salmón
Prueba de amor, por Jon Bilbao
Omnívoros, por Mercedes Cebrián
Cómo hacer amigos e influir en la gente, por Esther García Llovet
Perros, por Manuel Astur
La Hostería, por Mariana Enriquez
La situación, por celso castro
Retrato de familia, por Camilo de Ory
Las pestañas de mi prima, por Berta Marsé
Canela, por Fernando Clemot
La bendición, por Gabriel Sofer

A modo de epílogo
Escenas y retratos familiares con Barcelona al fondo, por Eduardo Mendoza

No sé si es el tema que inspira, o es el buen ojo de los editores, pero es una antología brutal. Sólo hay un par de cuentos flojillos y muchos excelentes. Perturbadores, por la crudeza de su lenguaje (Alas de murciélago) o por la crudeza de sus situaciones (Todos mis hijos). Algo debe tener la familia, que nos lleva a estos abismos.

Lo digo sin reparos: la mejor antología de cuentos española que he leído en mucho tiempo. Siglo XXI era muy buena, pero su gran extensión permite la inclusión de algunos cuentos mediocres. En Mi madre es un pez no hay apenas paja, tanto que parece mentira que sea un libro de encargo.

Dramas aparte, olvídense del revuelo mediático y compren el libro. No se arrepentirán.

Calificación: Imprescindible.

Extracto:
En la piscina, los cuerpos ejecutan series de movimientos fluctuantes que parecen la simple prolongación de las fluctua­ciones del agua que los rodea. Uno de los gemelos ha penetrado a Lilith por detrás y se la está follando presumiblemente por el culo mientras el otro gemelo se la folla por delante. Lilith gira la cabeza a un lado con el ceño fruncido al tiempo que intenta en­cenderse la pipa de crack a pesar del bamboleo combinado de los tres cuerpos. Morgana sabe que es una pura cuestión de tiempo que la hagan follar con su hermana, porque a fin de cuentas eso es lo que todo el mundo quiere que hagan. En el borde de fi­bra de vidrio de la piscina, Morgana le hace una felación a Omar mientras este da caladas meditabundas a la pipa. A continuación se pone a cuatro patas y deja que Omar la folie por detrás mien­tras ella intenta fumar apoyándose con los codos en el césped. Al cabo de unos minutos se da cuenta de que Omar no tiene la polla muy dura y se mete primero un dedo humedecido en el culo y luego dos para dilatarse el ano. Omar se saca la polla me­dio flaccida, se la casca un momento y por fin la penetra por el culo, donde se le endurece otra vez casi al instante. La forma en que los cinco folian en la piscina es esa forma en que folian todos los grupos de gente, o por lo menos todos los grupos en los que Morgana ha follado: sin intercambiar palabra alguna y sin que parezca haber ninguna clase de comunicación entre ellos. Pese a ello, los distintos actos sexuales se suceden de una manera extra­ñamente carente de espontaneidad, como si todos estuvieran re­presentando los distintos actos de un guión predeterminado que nadie recuerda y del que nadie es consciente. Mientras intenta evitar que la pipa y el encendedor se le caigan de las manos con cada embestida que le da Omar a su culo, Morgana es consciente de todos los niveles de preliminariedad de lo que está teniendo

lugar. La piscina es la fase introductoria del ritual, por supuesto. Casi todas las entradas a los rituales tienen agua. Pero el lobo vive en la Cámara Interior. Así lo sugieren las advertencias susu­rradas entre líneas de cocaína en los lavabos femeninos de East Hollywood. Omar, por supuesto, es un simple prolegómeno a los gemelos. Un simple oficiante, o tal vez un visir. En el agua caliente, Morgana se deja manipular por los brazos bronceados de los gemelos Lund y follar por los penes idénticos que asu­men sus permutaciones silenciosas: boca/culo, culo/boca, cono/ culo, coño/boca y de nuevo boca/culo, que es cuando ella tiene por fin su orgasmo. No está claro si el orgasmo le llega a pesar del miedo que tiene o si es el mismo miedo el que se lo provoca. Los cuerpos de los gemelos la envuelven por completo. Después los cinco salen al césped y la hacen follar con su hermana. Lilith tiene la mandíbula desencajada y no para de balbucear que la de­jen hacer espalda con espalda. Morgana lame el semen sucio que le sale a su hermana del ano mientras los chicos se masturban. Todo es amarillo.

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