Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Mentalidad imposible" · Mariano Antolín Rato (Cáñamo) -
  2. 01 de Octubre de 2011
  1. Knockemstiff, de
  2. Donald Ray Pollock

Donald Ray Pollock domina el retrato de la situación, y en ocasiones se deja llevar por ella con una piedad hacia sus personajes que raramente aparece en la literatura de aquí. Su prosa es directa en apariencia, pero por debajo de ella hierve un mundo de relaciones estilísticas y personales apabullante.
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Me disponía a escribir sobre una novela que acaba de dejarme noqueado, Knockemstíff. Luego, cuando trate de ella, explicaré el motivo de ese desconcertante título y de qué va. Antes no puedo pasar por alto una noticia que he leído hace unos momentos -comienzos de septiembre-. Se refiere a que el gobierno de Obama, presionado por los republicanos, abandonó sus planes de reducir los niveles de contaminación. Imponerlos, dice la misma información, podría salvar unas 12 mil vidas al año sólo en Estados Unidos, pero supondría el coste en una década de 703.000 millones de euros. Y claro, las asociaciones empresariales no están dispuestas a perder esa cantidad. Por tanto, y haciendo unos cálculos aproximados, han decidido terminar con esas personas porque cada una les costaría unos 6 mil euros al año.

En el número anterior CÁÑAMO, el economista Arcadi Oliveres se refería a unas declaraciones hechas en 1992 por George Soros, el mayor especulador del mundo: "Esta actividad a la que me dedico es completamente inmoral y se debería prohibir". Y luego, Oliveres, del que ya estoy leyendo su libro En qué mundo vivimos (Icaria, 2009), no se corta nada y suelta con motivo: "Los banqueros son unos perfectos delincuentes. Los señores Botín y compañía deberían estar todos en la cárcel".

Ante noticias como la comentada, uno se pregunta si a sus compinches y probablemente asociados americanos no habría que acusarlos, además, de crímenes contra humanidad.

Después de un estremecimiento, vuelvo a la novela Knockemstiff, de Donald Ray Pollock, abrumadoramente bien traducida por Javier Calvo y muy bien editada por Libros del Silencio. El nombrecito es el de un poblacho de Ohio. Y se nos explica que el origen del nombre está en la expresión inglesa knock them/him stiff ("déjalo/s tieso/s"). Para unos hace referencia a una pelea legendaria en la taberna del pueblo. Otros dicen que fue la respuesta que le dio un clérigo a una mujer que le preguntó qué hacer para conseguir que su marido dejara de pegársela con otra. Se apuntan algunas más, y todas hacen referencia a situaciones violentas. Algo que, por otra parte, abunda en el libro.

Por Knockemstiff -y repito la palabra porque me cuesta reproducirla-, circulan las anfetas en sus más diversas formas, y todas las demás drogas que quepa imaginar, con preponderancia del alcohol. Sus personajes son condenados de la tierra en un rincón olvidado del país más rico del mundo. Y malviven desesperados en un hábitat de pesadilla salido directamente del Tercer Mundo -lo de "país en vías de desarrollo" queda para los empresarios y banqueros que ordenan, mandan y matan si alguien pretende tocar su dinero.

En Knockemstiff, Ohio, todo el mundo anda de lo más jodido y jodiendo, voluntariamente o no, a los demás. Sus hazañas, casi siempre espantosas, se van contando en una serie de relatos donde a veces aparecen los mismos personajes. Eso proporciona una continuidad al horror dentro del que sobreviven. Un horror cotidiano que hasta puede resultar humorístico. Claro que en eso cuenta el dominio de la escritura de su autor, Donald Ray Pollock, un tipo nacido en 1954 en Knockemstiff -al fin he podido escribirlo sin consultarlo- que en julio publicó su segundo libro, que todavía desconozco. Y es que Donald Ray Pollock domina el retrato de la situación, y en ocasiones se deja llevar por ella con una piedad hacia sus personajes que raramente aparece en la literatura de por aquí, más dada al esperpento y la burla. Su prosa es directa en apariencia, pero por debajo de ella hierve un mundo de relaciones estilísticas y personales apabullante.

Había visto en la red el primer capítulo y la introducción, un poco estridente, de Kiko Amat. Su lectura me llevó a comprar el libro y leerlo de una sentada. Cuenta del modo más perfecto y más duro lo fuera de juego y olvidado que deja una realidad en manos de desalmados -a no ser que uno considere que el alma se cotiza en bolsa.

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