Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "De la Era de Acuario a la Era de Cáncer" · Rodrigo Fresán (ABC Cultural) -
  2. 15 de Octubre de 2011
  1. Recordando los sesenta, de
  2. Robert Stone

Stone ha sido uno de esos privilegiados que ha estado con todos y en todas partes. Como un rolling Stone, sin dirección a casa: en un barco rumbo a la Antártida durante la «guerra fría»; en el Nueva York de los folkies y en el D. F. de los beatniks; en la California de Grateful Dead y los Merry Pranksters de Ken Kesey; en la Nueva Orleans de patriarcas decadentes; en el Hollywood de Paul Newman; en el Londres de los Beatles; en el Vietnam de Kurtz; en la Israel siempre en llamas, y en el Big Sur contemplando la Luna la noche en que el hombre la pisó por primera vez y fue «americanizada, industrializada y globalizada». Y, ahora, mirando atrás sin ira pero con algo de pena, Stone cuenta «la fiesta que comenzó en el 63 y que me siguió de puerta en puerta, llenando el mundo, hasta el 67, cuando el Verano del Amor lo jodió todo».
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En ese marco, Robert Stone (Brooklyn, 1937) vendría a ser un alien certificado: alguien que se ha movido dentro del establishment literario sin dejar los campos de batalla de su contracultural juventud y ha ascendido a Gran Capo de la novela político/metafísica norteamericana.

De ahí que esta primera memoir de Stone trate todo el asunto sin mitificaciones alucinatorias. Stone ha sido uno de esos privilegiados que ha estado con todos y en todas partes. Como un rolling Stone, sin dirección a casa: en un barco rumbo a la Antártida durante la «guerra fría»; en el Nueva York de los folkies y en el D. F. de los beatniks; en la California de Grateful Dead y los Merry Pranksters de Ken Kesey; en la Nueva Orleans de patriarcas decadentes; en el Hollywood de Paul Newman; en el Londres de los Beatles; en el Vietnam de Kurtz; en la Israel siempre en llamas, y en el Big Sur contemplando la Luna la noche en que el hombre la pisó por primera vez y fue «americanizada, industrializada y globalizada».

Y, ahora, mirando atrás sin ira pero con algo de pena, Stone cuenta «la fiesta que comenzó en el 63 y que me siguió de puerta en puerta, llenando el mundo, hasta el 67, cuando el Verano del Amor lo jodió todo».

Recordando los sesenta —cuyo título original, Prime Green, alude tanto al satori luminoso de un amanecer en las junglas del Golfo de México como a la más potente variedad de marihuana— avanza lánguidamente, en círculos y saltos y, en ocasiones, deja anécdotas a medio contar, «porque solo tengo fragmentos de recuerdos: la bruma del río, las magnolias, los jardines cercados de piedra antigua. Y también las sirenas de la policía, los gritos en la calle, las panderetas y las notas de un clarinete en la penumbra al final de un día abrasador».

Recordando los sesenta no tiene la intensidad de rayos X de otros libros sobre la Era de Acuario mutando a Era de Cáncer —escritos en vivo y en directo por Joan Didion, Michael Herr, Hunter S. Thompson o Tom Wolfe— y se disfruta más y mejor una vez que se han dejado de lado las expectativas de entrar en uno de los libros definitivos sobre la década que cambió el mundo para celebrarlo como una libreta de notas de un gran narrador formándose en un mundo amorfo y deformante.

Bonitos cadáveres

Reposo amable pero, también, implacable y derrotada elegía: «Queríamos morir todos y cada uno de los días, ser tipos interesantes y dejar bonitos cadáveres. Qué absurdo… En algunos aspectos, el mundo se benefició y seguirá beneficiándose de lo que conseguimos hacer. Nosotros fuimos las principales víctimas de nuestros errores. Midiéndonos ahora frente a los dueños del presente, no nos arrepentimos de nada más que de no haber conseguido imponernos».

Retirada, sí: pero esperemos que contraataque con una próxima novela en la que, seguro, un inquieto y stoneano héroe decidirá hacer algo sin saber muy bien qué y sin estar seguro de si ese algo está dentro o por encima de la ley mientras, afuera, todo vuela por los aires, por los cielos verdes, industrializados, donde flota algún ovni.

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