Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "El auténtico Stone" · Francisco Barrios (Arcadia) -
  2. 01 de Septiembre de 2011
  1. Dog Soldiers, de
  2. Robert Stone

Sería muy interesante que alguno de los autores que pretende abordar el conflicto colombiano desde la ficción se declarara deudor de Stone, ya que Dog Soldiers es una muestra de cómo escribir literatura realista que es graciosa y honda a la vez: dura y verosímil, pero también compasiva con ese mundo de drogas y excombatientes con desorden postraumático que nos resulta tan familiar.
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Oliver Stone llamó la atención de la crítica en 1978 cuando ganó el Óscar al mejor guion adaptado por Expreso de medianoche, la historia de un fallido intento de narcotráfico de drogas. Pero su salto a la fama se dio con Platoon (1986), una película sobre Vietnam que, en su momento, revivió una vez más el fantasma de esta guerra. Una década antes, Francis Ford Coppola había conmocionado a los espectadores con la muy superior Apocalypse Now (1979), pero antes de esta película Robert Stone ya había obtenido el  National Book Award de 1974 con Dog Soldiers, que retrata de forma espléndida el mundo de Vietnam y el del microtráfico de drogas. Sin embargo, Oliver es el Stone reconocido.

La prensa cultural colombiana suele quejarse de que aquí no llegan las obras de muchos escritores de valía y, sin bien resulta ilusorio pretender que lleguen los libros de todos los autores que vale la pena leer, en el caso de Robert Stone la queja es válida, porque sí se han privilegiado las traducciones de escritores que se reconocen sus deudores, entre ellos Don DeLillo, Tobias Wolff y John Banville.

Robert Stone nació en Brooklyn en 1937. Huérfano de padre, desde los seis años creció en un orfanato católico, ya que su madre, esquizofrénica, no pudo hacerse cargo de él. A los 16 años se enlistó en la Armada, en la que se desempeñó como periodista, y en los años sesenta entró en contacto con el movimiento Beatnik, junto a Kerouac y Ken Kesey. En 1971 viajó por unos meses a Vietnam como corresponsal de prensa. De estas experiencias surgieron sus dos primeras novelas, Una galería de espejos (1967) y Dog Soldiers.

En esta última, el atormentado John Converse decide traer de Vietnam tres kilos de heroína para poner a la venta y para conseguirlo recurre a Ray Hicks, un exmarine que dice practicar el budismo Zen, pero que actúa como un ninja. Hicks debe entregarle la droga a Marge, la esposa de Converse, pero el periodista y su mujer —una niña bien con “demasiada imaginación para ser una drogadicta”— poco saben del mundo de las drogas: no bien llega Hicks con el alijo a California, el corrupto agente Antheil y sus torpes secuaces, Simitty y Danskin, empiezan a perseguir a Hicks y a Marge, quienes se han enamorado y se la pasan chutándose la heroína del paquete mientras huyen de sus perseguidores.

En algún momento de la historia Antheil le espeta a Converse: “He aquí vuestra contracultura” y esta afirmación resume lo que Stone pretendía con esta novela. “En Dog Soldiers quise estudiar el modo en que Estados Unidos encajaba ese golpe”, afirmó en una entrevista, refiriéndose así a la guerra de Vietnam y a sus secuelas. El hecho de que el quisquilloso Harold Bloom haya incluido esta novela en su canon de la literatura del siglo XX parece confirmar que Stone logró su cometido.

Algunos novelistas locales con más entusiasmo que formación han hablado de “realismo sucio” para referirse a sus pedestres apreciaciones de la calle del Cartucho. Pues bien, en buena medida a partir de la obra de Stone se acuñó este término hace ya casi cuarenta años, y se hizo para referirse a ese mundo sucio que Stone recrea de forma tan limpia, con una gramática y un manejo diestro del argot de yonquis y traficantes.

Sería muy interesante que alguno de los autores que pretende abordar el conflicto colombiano desde la ficción se declarara deudor de Stone, ya que Dog Soldiers es una muestra de cómo escribir literatura realista que es graciosa y honda a la vez: dura y verosímil, pero también compasiva con ese mundo de drogas y excombatientes con desorden postraumático que nos resulta tan familiar.

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