Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Sorpresa mayúscula" · Jordi Llovet (El País) -
  2. 21 de Julio de 2011
  1. La familia Máshber, de
  2. Der Níster

En el panorama de las novedades literarias aparecen, de vez en cuando, valores totalmente desconocidos hasta el momento que sorprenden inmediatamente por su altísima calidad. Esto es lo que sucede hoy con esta extraordinaria novela […], una buena noticia que llenará de entusiasmo a todos los amantes de la literatura de verdad.
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En el panorama de las novedades literarias aparecen, de vez en cuando, valores totalmente desconocidos hasta el momento que sorprenden inmediatamente por su altísima calidad. Entonces el lector siempre se pregunta: ¿Cómo es que no teníamos noticias de este escritor? ¿Cómo puede ser que un libro tan bueno haya tardado tantos años en ser traducido y llegar a nuestras librerías? Eso es lo que ha pasado en los últimos años con la obra de Vasili Grosmann (Vida y destino), con la de Irène Némirovsky (Suite francesa, y muchas otras cosas ya publicadas), y lo que sucede hoy con la extraordinaria novela, delicia en especial para toda persona amante de la cultura judía, eslava y centroeuropea, La familia Máshber, por ahora solo en castellano, prólogo y traducción de Rhoda Henelde y Jacob Abecasis, Barcelona, Libros del Silencio, 2011. El original fue escrito en lengua yiddish, y el autor es Pinchas (o Pinjas o Pinhas) Kahanovich (1884-1950) que firmaba con el seudónimo Der Níster (literalmente, «el oculto», «el que se esconde») nacido en la ciudad ucraniana de Berdíchev, que es la críptica ciudad llamada solamente N. en nuestro libro.

La cultura y la literatura yiddish han producido obras excepcionales a lo largo de la historia de esta lengua, que comenzó a forjarse hacia los siglos IX-X y que, a partir del siglo XVIII, aliada con los movimientos ilustrados del continente, alcanzó un florecimiento impresionante, del cual solo quedan brasas en Israel y en Estados Unidos: en este último país escribió en lengua yiddish el premio Nobel Isaac Bashevis Singer: nadie debería perderse su Sombras sobre el Hudson. Es una lengua en la que se mezclan de manera aleatoria el alemán, el hebreo, palabras eslavas y alguna cosa más, todo ello testimonio del constante vagar de la población judía por las tierras de la Europa asquenazí, que es el otro gran grupo de emigrantes judíos de Europa, junto con los sefarditas.

La familia Máshber es un novelón que Kahanovich escribió a lo largo de muchos años, y del cual, a pesar de la suspicacia estalinista —por decirlo en términos muy magnánimos— se editó la primera parte en Moscú, en el año 1939, y la segunda, en Nueva York. Pese a que en Norteamérica y en Israel la literatura yiddish ya poseía a  mediados del siglo XX una tradición muy rica y una buena acogida (casos de Singer, Grade, Trunk, Warshawski, Segálovich, y otros), el hecho es que casi todos sus valores están, en todas partes, por descubrir: La familia Máshber es, en este sentido, una buena noticia que llenará de entusiasmo a todos los amantes de la literatura de verdad. Esto quiere decir que el libro narra con mucho oficio las venturas y desventuras, dudas y pasiones, amores y desamores, pompas y declives de una familia de Berdíchev —Moishe, el padre, es prestamista; su hermano Álter es un alienado con ataques de epilepsia, que de repente se convierte en santo; el otro hermano, Luzzi, es un seguidor de la corriente judía ilustrada y del hasidismo de Najman de Breslev— a los cuales acompaña un personaje de altísimo calibre literario, Sruli Gol, una especie de Ulises judaico, astuto, justo y bonachón; y además, una retahíla de personajes que completa el cuadro de una ciudad definida, desde la primera página, como suma de tres niveles concéntricos, el mercado, el barrio burgués y los suburbios misérrimos.

Tal vez para burlar a la policía literaria, temible, de Zhdánov —la que, al final de su vida, lo envío a un gulag, donde murió—, el autor condensa en una sola trama la miseria de los pobres con el bienestar extorsionador de los usureros, los prestamistas, pero también de los rabinos prepotentes consolidados en la ciudad. No digamos nada más para que el lector se sacie a placer. Solo añadiremos que la novela dice, en la página 865, que el nieto de la estirpe, Meirl, se haría cargo, desde su punto de vista, de una continuación de la novela que nunca se ha encontrado, pero que es posible que exista, en algún archivo secreto de los tiempos penosos de la URSS. Así parece que se desprende de esta anécdota: cuando la policía se presentó en su casa para detenerlo y le exigió a Der Níster que les entregase los manuscritos inéditos que tuviera, el escritor respondió a los agentes: «No los tengo aquí, ni se los daría si los tuviera, porque no los escribí para ustedes».

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