Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Una depresión en el terreno" · Patricio Pron (El boomerang) -
  2. 18 de Mayo de 2011
  1. Knockemstiff, de
  2. Donald Ray Pollock

Tan terrible (pero tan fascinante y narrado de forma tan extraordinaria) que Knockemstiff es desde este momento uno de los mejores libros que vayan a publicarse en español en 2011. Una revelación.
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Una hondonada es una depresión del terreno, de allí que no sorprenda que precisamente en una se encuentre Knockemstiff, la pequeña localidad en el Estado de Ohio donde nació y creció Donald Ray Pollock (1954) y donde tienen lugar los relatos de su primer libro. Quizás a raíz de esa fatalidad topográfica, los habitantes de Knockemstiff son seres indolentes y fracasados cuyo pasado es duro y sórdido y su presente es atroz: padres que se avergüenzan de sus hijos, hijos que se avergüenzan de sus padres, camioneros aficionados a las anfetaminas, alcohólicos dispuestos a beber cualquier cosa, niños incestuosos, violadores de discapacitados, empleados de gasolineras por las que nadie pasa, jóvenes que se masturban con las muñecas de sus hermanas, ancianas que mueren de cáncer, adictos a las anfetaminas y al pegamento, padres violentos que golpean a sus mujeres y a sus hijos, habitantes de caravanas desvencijadas, madres que obligan a sus hijos a participar de representaciones íntimas de terror lúbrico, jóvenes que quieren escapar del Estado y sin embargo no dejan de orbitar en torno a él como una polilla que se precipita hacia la luz, fisicoculturistas atiborrados de esteroides, retardados, una joven que come barras de pescado descompuestas, asesinos, empleados aburridos de la fábrica de papel que contamina la zona, mujeres mayores que drogan a hombres solteros y los violan, ancianos paralizados e indefensos incluso ante a sus propias deyecciones, parados, hijos que no hablan con sus padres, mujeres gordas cuya única actividad consiste en ver televisión, fumadores compulsivos, madres solteras, ladrones y tipos con placas de metal en la cabeza que temen a la lluvia.

Knockemstiff es un libro duro y desgarrador, el efecto de cuyas historias de personajes fracasados y violentos se ve aumentado por el hecho de que los relatos que lo componen están vinculados unos con otros y sus personajes aparecen en ellos una y otra vez en un arco temporal que va desde la década de 1940 hasta el presente; esa repetición de nombres y motivos contribuye al efecto desolador del conjunto, ya que permite vislumbrar (como sucede en relatos como "La vida real" y "Los combates") que cada uno de los episodios de violencia de un padre hacia un hijo apenas es uno más en una serie a la que el propio hijo contribuirá en su momento y que la vida cotidiana en Knockemstiff consiste en la repetición. A pesar de que, como afirma Kiko Amat, "Al lado de esto, Lars von Trier y Michael Haneke parecen Frank Capra y Walt Disney bailando una polca" (18), lo cierto, sin embargo, es que Knockemstiff es también (a su manera) un libro extraordinariamente divertido. Donald Ray Pollock tiene un gran talento para hallar una especie de comicidad sutil en el desamparo de sus personajes y la forma en que estos intentan vivir una vida que no comprenden ni desean pero a la que se aferran de todos modos; también, una notable capacidad para crear voces narrativas ricas en matices que (de manera casi milagrosa) consiguen que una treintena de relatos narrados en lo que vulgarmente llamamos "primera persona" no resulte monótona; finalmente, también un talento inusual para las primeras frases: "Mi padre me enseñó a hacer daño a la gente una noche de agosto en el autocine Torch cuando yo tenía siete años" ("La vida real", 35), "Cuando los del pueblo lo llamaban ‘tarado', lo que en realidad querían decir era ‘solitario'" ("El destino del pelo", 85), "Me desperté creyendo que había vuelto a mearme en la cama, pero no era más que una mancha pegajosa de cuando Sandy y yo habíamos follado la noche antes" (225) y otros.

Pollock es un insospechado maestro de la caracterización de personajes y situaciones a través de las metáforas y símiles que los primeros utilizan para referirse a las segundas: un hijo recuerda que "hasta cuando tenía un buen día, hablar con mi padre era como verse atrapado en un ascensor en compañía de un caníbal a quien hubieran dejado en ayunas" (145), alguien tiembla como un perro "que cagara cuchillas de afeitar" (186), en la noche, un cigarrillo encendido brilla "como una luz de freno en medio de la cara arrugada" de un personaje (236) y otro percibe que "el mundo se ilumina, como si alguien acabara de arrancarme los párpados" (253). A este mérito debe sumársele un conocimiento de primera mano del ámbito en el que se desenvuelven sus personajes, que le impide tener con ellos cualquier tipo de compasión; a diferencia de Chuck Palahniuk (con quien podría comparárselo, al igual que con Raymond Carver, John Fante, Flannery O'Connor, Charles Bukowski y otros), Pollock no es condescendiente con sus personajes ni procura redimirlos porque sabe que la redención es una experiencia ajena a la clase social de sus personajes y a la que estos ni siquiera podrían ponerle un nombre. "Como éramos quienes éramos, ya sabía lo que íbamos a hacer", admite unos personajes, y el lector sólo necesita saber que lo que harán será terrible. Tan terrible (pero tan fascinante y narrado de forma tan extraordinaria) que Knockemstiff es desde este momento uno de los mejores libros que vayan a publicarse en español en 2011. Una revelación.

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