Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Lois Pereiro, náufrago del paraíso" · Iago Martínez (Rock de Lux) -
  2. 01 de Marzo de 2011
  1. Obra completa [ed. bilingüe], de
  2. Lois Pereiro

La editorial barcelonesa Libros del Silencio publica en mayo la obra completa del escritor gallego Lois Pereiro (1958-1996), poeta homenajeado en el Día das Letras Galegas de 2011. El volumen, bilingüe, está prologado por Pere Gimferrer y pone en el lugar que merece a uno de los "malditos" de nuestra literatura.
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“Quiero ser como Manuel Antonio: escribir un libro y morir joven”. A Lois Pereiro (Monforte, 1958-A Coruña, 1996) se le fue la mano con su promesa adolescente. Al final solo pudo cumplir una parte. Se murió antes de tiempo, eso sí, con solo 38 años y unas ganas enormes de apostarle otra ronda al sida, pero publicó más. Antes de irse vio salir de la imprenta dos libros de poemas, un pequeño pero demoledor ensayo político y algunos textos dispersos en revistas de la época, como ‘Loia’, ‘La Naval’, ‘Luzes de Galiza’ o ‘Das Kapital’. Suficiente, no le sobra una palabra. Tampoco a su epitafio, amputado sobre el sepulcro que lo cubre en O Incio: “Cuspídeme enriba cando pasedes / por diante do lugar onde eu repouse / enviándome unha húmida mensaxe / de vida e de furia / necesaria” (“Escupidme encima cuando paséis / por delante del lugar donde repose / enviándome un húmedo mensaje / de vida y de furia / necesaria”).

Por fin, la Real Academia Galega ha decidido canonizarlo definitivamente. 2011 es su año. Se han reeditado en Edicións Positivas sus dos primeras obras, “Poemas 1981-1991” (1992) y “Poesía última de amor e enfermidade” (1995), y Espiral Maior ha recuperado el volumen –póstumo– en el que se reunían sus versos de juventud, “Poemas para unha loia” (1996). Su prosa, escasa, también ha vuelto a la vida a través de “Náufragos do paradiso”, una novela inacabada (publicada en ‘Luzes de Galiza’ en 1997), y la inapelable “Modesta proposición para renunciar a facer xirar a roda hidráulica dunha cíclica historia universal da infamia”, un manifiesto que habría que leer todas las mañanas, incluido en “Poemas para unha loia”. “Conversa ultramarina” (Positivas, 2010) es, finalmente, su testamento literario, una serie de cartas escritas en su último año de vida que hasta ahora habían permanecido inéditas.

Fuera de Galicia también prende su sombra. Se preparan versiones en inglés y en alemán de toda su poesía, y la editorial barcelonesa Libros del Silencio ultima para esta primavera la traducción al castellano. Será bilingüe e incluirá también parte de su prosa y su correspondencia. En los ochenta fue el ex ministro César Antonio Molina quien lo tradujo para una antología de Julia Barella, “Después de la modernidad” (Anthropos, 1987). Lo ponían junto a otros a los que jamás iba alcanzar el futuro, como Luis Alberto de Cuenca o Bernardo Atxaga. Esta vez lo hace Daniel Salgado, un joven poeta y periodista (o al revés) de Monterroso (Lugo), autor de “Días no imperio” (2004) y otros tres libros de poesía y traductor también del Allen Ginsberg de “Aullido” al gallego.

A Lois Pereiro se lo dijo el doctor que lo trató en las últimas curvas: “Usted no ha tenido mucha suerte”. Cuando regresó a Galicia en 1981, después de cinco años en Madrid exprimiendo la filmoteca y estudiando idiomas, se le había inoculado fatalmente el espíritu de su época, aquello de lo que hablaba Hölderlin. Por vía oral, el aceite desnaturalizado de colza que les había vendido el repartidor de butano en el Paseo de Extremadura, un veneno que le devoró los músculos y marcó su cuerpo para siempre. Por vía intravenosa, la heroína. De la literatura se dice que ya había enfermado antes, pero vete tú a saber qué fue primero, quién sacó a quién a bailar antes.

Tampoco se sabe si la culpa fue de Lou Reed o de los simbolistas franceses. Al poeta ya no le servían los viejos héroes de la resistencia política y se echó en brazos de los malditos. La obra literaria de Pereiro, el punk amable que veía a Killing Joke en el Berlín de 1983, está atravesada por la música y su mitología. Junto a Thomas Bernhard o Peter Handke están Jim Morrison, Lou Reed, Neil Young, Elvis Costello o Ian Curtis. Joy Division –o J. G. Ballard, quién puede saberlo ahora– le prestó el título al primer y único poema premiado de su vida, “Atrocity Exhibition”. Su último recital lo abría el Albert Pla de “Supone Fonollosa” y lo cerraba el Tom Waits de “Innocent When You Dream”. Mimsi y Bernal, dos de los personajes de “Náufragos do paradiso”, cantan a dúo el “Fodderstompf” de Public Image Limited (PiL) en una carretera secundaria.

Al final, él también tuvo su canción. Antes de que Nación Reixa, la banda liderada por Antón Reixa y secuela de Os Resentidos, le pusiese música a uno de sus poemas, “Narcisismo” se convirtió en la canción más conocida de Radio Océano a pesar de no haber sido incluida en su primer y único disco, “Nin falta que fai” (1985). El grupo de su hermano Xosé Manuel Pereiro (Johnny Rotring) grabó esos versos en el MP3 sentimental de una generación que alguna vez sintió que el pasado los quemaba y el futuro los odiaba.

Lois Pereiro encontró finalmente el Ártico que buscaba Raymond Carver en la habitación 627 del antiguo Hospital Juan Canalejo de A Coruña. Se fue el 24 de mayo de 1996, el mismo día en que se hacía pública en Madrid la sentencia de la colza. “¿Que de qué parte estoy, me preguntas, clavando en mí tu pupila azul?”, decía en su “Modesta proposición”, escrita pocos meses antes de morir. “Si las víctimas de antes pretenden ser a su vez verdugos, ¿de qué parte que no sea siempre la de las nuevas víctimas, de los nuevos vencidos de otras guerras podemos estar ya?”. Me lo dijo una vez otro escritor, y lo cuento en una biografía que está a punto de publicar Edicións Xerais de Galicia: “Lois Pereiro no vino a luchar contra los otros poetas. Vino a luchar contra los enemigos grandes, los de verdad. Vino a luchar contra la muerte”. Y ganó.

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