Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Eclipses, elipses, elipsis y apocalipsis en una novela inclasificable y febril" · José Miguel A. Giráldez (El Correo Gallego) -
  2. 12 de Marzo de 2011
  1. Constatación brutal del presente, de
  2. Javier Avilés

El autor da rienda suelta a su imaginación y a su literatura expansiva, delirante en algunos tramos, hermosa y febrilmente lírica muchas veces, hiriente y lesiva, como un chorro de ácido en el corazón. [...] Metaliteratura, polvo y tuberías. Sótanos de la memoria. Patios traseros de la conciencia. Lluvia en el corazón. Me gusta enormemente, por más que destroce las posibilidades de contar nada, como no sea haciéndolo añicos.
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No es que Gonzalo Canedo no nos tenga acostumbrados, desde la editorial que dirige, los Libros del Silencio, a novelas experimentales, surreales y difíciles. Se me ocurren unas cuantas, algunas recientes, aunque no las nombraremos ahora. Pero quizás ninguna de ellas, de todas esas en las que pienso, había llegado tan lejos como llega Javier Avilés, autor de un blog literario muy recomendable, El lamento de Portnoy. Nos encontramos ante un texto de difícil clasificación en el que el autor da rienda suelta a su imaginación y a su literatura expansiva, delirante en algunos tramos, hermosa y febrilmente lírica muchas veces, hiriente y lesiva, como un chorro de ácido en el corazón, en no pocos momentos. No hay medias tintas en esta tinta impresa, que no parece tener vocación de simpática. Avilés analiza la narración, habla de la narración misma y deja caer sentencias salomónicas como hierro candente. Lo analiza todo, y todo es parte del todo, construyendo un bloque monolítico que se construye ante nosotros como la realidad impenetrable y absurda, y que, desde luego, nos lleva más a la destrucción que al amor. Dice, por ejemplo: "las narraciones crecen y se desbordan y se demuestran inútiles" (37); "tengo la sensación de haber cedido a la narratividad, a la legibilidad" (57). Y por ahí. Y ese mantra, repetido: "si alguna vez tuve un propósito, lo he olvidado". Metaliteratura, polvo y tuberías. Sótanos de la memoria. Patios traseros de la conciencia. Lluvia en el corazón. Me gusta enormemente, por más que destroce las posibilidades de contar nada, como no sea haciéndolo añicos. Y me gusta porque sale Joyce, y Bloom y Ulises, y entonces sí. Entonces sí que brindo por la mentira. Por la literatura, o sea.

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