Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Knockemstiff" · Philipp Engel (Go Mag) -
  2. 01 de Marzo de 2011
  1. Knockemstiff, de
  2. Donald Ray Pollock

Las historias de Knockemstiff están conectadas entre sí, de modo que acaban formando una novela coral que se lee del tirón, febrilmente, como si el amable lector estuviera puesto de anfetaminas. Redonda y genial, negra y divertida, delirante y real. [...] Sin duda, una de las mejores comedias negras de todos los tiempos.
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Un poco más tarde, sobre las tres de la mañana, terminamos en el Crispie Creme buscando a Phil, un amigo mío, a quien se suponía que le quedaban unos supositorios de Seconal de la lucha fallida que su padre había librado contra el cáncer. El Creme es el único sitio que sigue abierto en el pueblo después de que cierren los bares donde podemos encontrar a gente como nosotros…”. Donald Ray Pollock (“Knockemstiff”).

El año editorial se cerró con “Amor malo y feroz”, de Larry Brown (Bartleby), un conjunto de relatos sobre palurdos que han crecido en el mismo pueblo de mala muerte donde naciera el propio escritor, y el nuevo año editorial ha empezado con “Knockemstiff”, de Donald Ray Pollock (Libros del Silencio), algo así como un conjunto de relatos sobre palurdos que han crecido en el mismo pueblo de mala muerte donde naciera el propio escritor. Las respectivas biografías de estos dos grandes escritores también resultan comparables: trabajos working class —cuartel de bomberos vs 32 años en una fábrica de papel—, hasta que a una edad respetable llega el reconocimiento y todo lo demás, el sueño literario americano.

Y sin embargo, hay diferencias. Para empezar, en Oxford (Misisipi) también nació Faulkner y los personajes de Brown se empeñan en engañar a las teclas para salir del atolladero, mientras que, a unos 950 kilómetros de distancia, Knockemstiff (Ohio) no es más que una hondonada en medio de la nada, un agujero inmundo del que sus habitantes —auténticos rednecks malcarados, pura basura blanca con el cerebro fundido por el alcohol, las drogas y los accidentes de coche— nunca lograrán escapar. Son vidas tan podridas, en todos los sentidos, que el autor llega casi a disculparse en los agradecimientos finales, señalando que se trata de una ficción y que su “familia y nuestros vecinos eran buena gente que nunca dudó en ayudar a nadie en caso de necesidad”.

Otra discrepancia sería que Pollock es incluso más grande que Brown (es decir, enorme no, lo siguiente) y que si “Amor malo y feroz” pasó muy injustamente desapercibido, con “Knockemstiff” puede ocurrir justo lo contrario. Los de la silenciosa editorial han puesto toda la carne en el asador para que suceda: una traducción perfecta de Javier Calvo, una introducción arrebatada y lúcida de Kiko Amat (apartando a tipejos como Cooper y Palahniuk de las comparaciones) y un extraordinario trabajo de arte de David Cauquil que no sólo firma la portada —una vista aérea Google Earth de Knockemstiff, como para recordarnos que ese lugar existe—, sino también un plano del pueblo, hecho a mano y a lápiz, para no perdernos en la hondonada. Es tan bonito que hasta al autor se le ha caído la lagrimilla. Y útil, porque nos recuerda que las historias de “Knockemstiff” están conectadas entre sí, como las casas que orillan las mismas carreteras, de modo que acaban formando una novela coral que se lee del tirón, febrilmente, como si el amable lector estuviera puesto de anfetaminas. “Knockemstiff” es tan redonda y tan genial, tan negra y tan divertida, tan delirante y tan real, que muchos de ustedes acabarán recortando delicadamente el mentado mapa para enmarcarlo y así recordar que un día conocieron a Manteca, el gordo seboso al que le gusta recibir los dardos no figurados de unos chavales que parecen salidos de “Gummo” (Harmony Korine, 1997), Geraldine, la loca de las barritas de pescado, o Bobby el niño que, animado por el bestia de su padre, acaba viviendo su primera pelea sangrienta en un autocine en el que proyectan “Godzilla”. Entre otros muchos, claro, como el psicópata inspirado en el serial killer local (Arvin Eugene Russell, apresado en 1965), que reaparecerá también en el nuevo Pollock, “The devil all the time”, un libro que esperamos con ansia aunque ya estamos seguros de que no superará “Knockemstiff”. Sin duda, una de las mejores comedias negras de todos los tiempos.  

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