Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Knockemstiff" · Rodrigo Fresán (Vanity Fair) -
  2. 21 de Febrero de 2011
  1. Knockemstiff, de
  2. Donald Ray Pollock

El Knockemstiff de Pollock es el agujero negro en el que caen los sufridos personajes de 18 relatos inolvidables y terribles. Knockemstiff [...] es, también, un libro divertidísimo. Eso sí: que alguien se atreva a definir diversión teniendo en cuenta aquí que, a menudo, la carcajada suelta muta en alarido contenido. Y viceversa.
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“Pueblo chico, infierno grande", reza el dicho. Y de ser esto cierto, entonces el pueblo de Knockemstiff (Ohio) es un averno inmenso disfrazado de punto perdido en el mapa. Y. atención, porque Knockemstiff (que podría traducirse como 'golpeado hasta la inconsciencia' o, si se prefiere, 'hasta la muerte') no sólo es el título del libro de Donald Ray Pollock que este mes publica Libros del Silencio, sino que existe. Dicen los locales que el origen de semejante apelativo tiene que ver con una antigua pelea, hace un siglo, entre dos mujeres por un hombre y un sacerdote comentando: “Ese tipo no se merece ni que lo golpeen hasta dormirlo”.

Pero el Knockemstiff de Pollock es el agujero negro en el que caen los sufridos personajes de 18 relatos inolvidables y terribles. Ensamblado como una novela con personas y lugares que aparecen y desaparecen y vuelven a aparecer más tarde (sus modelos son tanto el clásico Winesburg, Ohio de Sherwood Anderson, como el magistral Hijo de Jesús de Denis Johnson), Knockemstiff es también, un libro divertidísimo. Eso sí: que alguien se atreva a definir diversión teniendo en cuenta aquí que, a menudo, la carcajada suelta muta en alarido contenido. Y viceversa.

Así, las calles y praderas de este pueblo están pobladas por freaks en eterna caída libre; hombres y mujeres que sueñan con salir de allí, que en ocasiones hasta lo intentan, pero que jamás consiguen romper con la monstruosa atracción que ese lugar ejerce sobre ellos. Y así, una mañana, se despiertan y descubren que son parte del paisaje. Padres bestiales e hijos bestializados. Demonios de segunda y tercera clase esgrimiendo tridentes rotos. Una parada de monstruos inequívocamente knockemstiffianos. Pasen, vean, y abandonen toda esperanza quienes entren aquí. Algún crítico —muy recomendable es la lectura del prólogo del escritor Kiko Amat— sintetizó todo el asunto con las palabras justas: "Leer Knockemstiff es como presenciar un combate entre un Ernest Hemingway borracho y un Raymond Carver con anfetaminas hasta las cejas".

A propósito: desde la publicación de Knockemstiff, el lugar real (una suerte de villorrio en ruinas) ha experimentado cierto revival. Se habla de organizar festivales de música country, tours guiados libro en mano... Mientras tanto alguien ya ha robado el cartel de carretera perforado por balas que fue la portada de la edición norteamericana donde se leía, por supuesto, Knockemstiff. Búsquenlo en la habitación de algún joven estudiante de literatura, en algún college prestigioso, soñando con escribir algo tan bueno.

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