Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Una madre nunca falla" · Xavi Ayén (La Vanguardia) -
  2. 25 de Diciembre de 2010
  1. Las madres nunca se equivocan, de
  2. Giovanni Bollea

El italiano Giovanni Bollea  es uno de los padres de la moderna neuropsiquiatría infantil. Su último ensayo sobre la educación de los hijos, Las madres nunca se equivocan, que en España acaba de publicar Libros del Silencio, se ha convertido en todo un fenómeno en Italia, con más de medio millón de libros vendidos. Lo más llamativo de sus tesis es que reivindica la intuición y el sentido común como instrumentos educativos. [...] El libro es una llamada a disfrutar de la paternidad y a sentir empatía por los pequeños de la casa. “Educar, en el fondo, no es difícil”, afirma tranquilizadoramente el autor.
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El italiano Giovanni Bollea (Cigliano Vercellese, 1913) es uno de los padres de la moderna neuropsiquiatría infantil (algunos aseguran incluso que se la ha inventado él). Su último ensayo sobre la educación de los hijos, Las madres nunca se equivocan, que en España acaba de publicar Libros del Silencio, se ha convertido en todo un fenómeno en Italia, con más de medio millón de libros vendidos. Lo más llamativo de sus tesis es que reivindica la intuición y el sentido común como instrumentos educativos ya que afirma que el problema de muchos padres es que viven abrumados por las advertencias de quienes les dicen que no hay que traumatizar a los niños por nimiedades y por los defensores de la disolución de la autoridad. Frente a ese dilema que todo padre ha sentido (¿soy demasiado duro? ¿o demasiado blando?) el libro es una llamada a disfrutar de la paternidad y a sentir empatía por los pequeños de la casa. “Educar, en el fondo, no es difícil”, afirma tranquilizadoramente el autor.

Bollea –quien, gravemente enfermo, no ha podido atender la llamada de este diario– desciende en su ensayo a lo cotidiano: el colegio, la televisión, la lectura, los juguetes, el baño, la comida, los castigos, los caprichos... y también el papel de los hermanos (desaconseja el hijo único), los abuelos y los amigos. Sobre los papeles diferentes de padre y madre, afirma: “La madre es el ministro de asuntos internos: los afectos, la sociabilidad. Mientras que el padre es el ministro de exteriores: la autoridad, la seguridad”. Una madre o un padre serenos –dice– rinden en un cuarto de hora lo mismo que un padre ansioso en una hora. Y no se trata de que no haya tiempo para hacer las cosas: “Lo que cuenta es la intensidad, no la cantidad de horas”.

Frente a nuevos síndromes como el de la soledad on line, Bollea propugna la fuerte presencia de los dos pilares de toda educación: la escuela y los padres. Son fundamentales aspectos como el dibujo, el desayuno y cena en familia, practicar mucho deporte... El castigo debe ser la aceptación de unos límites, pero debe estar lejos de la agresión o humillación.

Los padres deberían “recibir amigos en casa al menos tres o cuatro veces al mes”, además de “salir solos como mínimo dos veces a la semana” (ya saben, cine, teatro, conversación, viajes...) para que su vida de pareja vaya más allá de la gestión de los deberes familiares. “Si las parejas no se acomodaran a la rutina de las actividades cotidianas, cuántas separaciones se evitarían...”. Para los niños, es importante que “los padres den el ejemplo de una unión basada en el respeto y la estima de los cónyuges”.

De hecho –y aquí Bollea va a contracorriente de algunos–, las dos mayores amenazas para la correcta educación serían, actualmente, la influencia de los medios de comunicación (“la televisión, incluidos los programas infantiles, es una escuela paralela terrible, además de un empuje al consumismo”) y las separaciones de pareja.

Sobre la escuela, desmonta uno de los tópicos más extendidos en ciertos sectores sociales: la búsqueda afanosa de la mejor escuela, que “resulta absurda” ya que “es ilógico creer que toda una escuela es mejor o peor, todos recordamos mejores y peores profesores, no existe la perfección en todo un complejo”, sometido a múltiples variables no previsibles. Y no hay que preguntar cosas del estilo “cómo ha ido hoy” sino “conversar en general acerca del grupo, de la sociedad escolar, los juegos, los temas tratados...”. “Queridas madres –afirma–, no debéis decir nunca más ‘mi hijo no me cuenta nada’, vuestro hijo hablará si no lo agobiáis todos los días con la exigencia de información”.

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