Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "American most wanted" · Philipp Engel (Go Mag) -
  2. 01 de Diciembre de 2010
  1. Dog Soldiers, de
  2. Robert Stone

No se trata tan solo de un thriller que funciona tremendo, sino que viene con un empaque emocional y literario que mereció el National Book Award, nada menos. Y coloca, vaya si coloca. A medida que van pasando las páginas empapadas en LSD de este trip psicotrónico por la América post Manson, en plena resaca del Verano del Amor, mientras la heroína se expande como un virus por toda la nación, uno se ve cada vez más como saliendo de esta bonita portada que le han puesto, caminando fusil en ristre con fondo de desierto en llamas, mientras explotan cosas y suena Going the distance en la lejanía.
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“Pero la imprecisa insatisfacción seguía ahí, y no se trataba de soledad o de un repara moral; era, clara está, miedo. Para Converse, el miedo era importante en grado sumo; en el sentido moral, constituía lo base de la vida. Era el medio a través del que percibía su alma, la fórmula por medio de la cual podía confirmar su propia existencia. Tengo miedo, razonó Converse, luego existo."

"De pronto, al mirarla a los ojos, Hicks sintió una confianza sin fisuras. El precio, fuese el que fuese, ya llegaría en su momento. Nada le iba a parar."
Robert Stone ("Dog soldiers")

El hombre como un animal aterrado: todo el mundo tiene miedo, incluso en plural. iSe coleccionan miedos! Triunfa el que se sobrepone y se hunde, fracasa, el que no consigue doblegarlos, aunque a veces todo sale al revés y es justo lo contrario. No les contaremos cómo acaba "Dog soldiers" (1974), la magnífica novela de Robert Stone ahora recuperada de un inmerecido olvido (el nuestro) por Libros del Silencio. Pero sí que hay un hombre, una mujer y otro hombre; una pareja huyendo por California con unos kilos de heroína traídos de Vietnam, malotes molones que van tras ellos, persecuciones, tiroteos, palizas...

Pero como todo buen thriller, no se trata tan solo de un thriller que funciona tremendo, sino que viene con un empaque emocional y literario que mereció el National Book Award, nada menos. Y coloca, vaya si coloca. A medida que van pasando las páginas empapadas en LSD de este trip psicotrónico por la América post Manson, en plena resaca del Verano del Amor, mientras la heroína se expande como un virus por toda la nación, uno se ve cada vez más como saliendo de esta bonita portada que le han puesto, caminando fusil en ristre con fondo de desierto en llamas, mientras explotan cosas y suena "Going the distance" en la lejanía.

O así se imagina uno a Robert Stone, como un escritor post Hemingway que, tras alistarse en la marina (como Ray Hicks) y más tarde en el taller de Wallace Stegner, anda a su aire, familiarizado con el miedo, el asco, las drogas y la violencia, pero consciente de que en ni siquiera los "líderes y gurúes de la contracultura eran particularmente honestos". El ya fallecido Ken Kesey lo describió como un "paranoico que detectaba fuerzas siniestras detrás de cada galleta Oreo". Y Stone aún se permite añadir que "confiar es bueno, no confiar es mejor". A la experiencia contracultural, se sumó la de Vietnam, y si bien nuestro hombre no pasó más de dos meses como corresponsal (igual que John Converse), "cada día era diferente al anterior".

Y de la suma, nació "Dog soldiers", que también es una película, aunque no la de soldados licántropos del mismo nombre, sino "Nieve que quema" ("Who'lI stop the rain", 1978, Karel Reisz), con el apocado Michael Moriarty en la piel de John Converse y Nick Nolte como un Rambo avant la lettre que arma la de Dios es Cristo en una deriva final que, sin embargo, antes nos hace pensar en la "Quiero la cabeza de Alfredo García", el thriller lisérgico que, nada es casual, Sam Peckinpah estrenó precisamente ese mismo y ya lejano 1974.

Nunca es tarde para rescatar un clásico de esta magnitud, que viene con mimada traducción a dúo y uno de esos exhaustivos prólogos que Rodrigo Fresán escribe en aviones mientras sobrevuela la noche del océano. Sabrán todo lo que necesitan saber de Robert Stone (google highlights); ansiarán que la editorial cumpla su promesa de traernos más material de este señor -que entre "A hall of mirrors" (1967) y los relatos de "Fun with problems" (2010) dispone de una decena de títulos en total-, y se lo recomendarán animadamente a sus amigos para que estos no tengan que recurrir al típico crítico literario perdido en una fiesta o en una oscura coctelería. Feliz todo, y mejor año tengan.

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