Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Dog Soldiers, de Robert Stone" · Izaskun Gracia (Koult) -
  2. 02 de Diciembre de 2010
  1. Dog Soldiers, de
  2. Robert Stone

Con una clarividencia extraordinaria, unos diálogos (impecables) totalmente verosímiles y una prosa tan sobria como contundente, Stone retrata una sociedad desencantada, un país en el que el espíritu de amor y paz defendido por el movimiento hippy se ha convertido en cinismo y en un sálvese-quien-pueda en el que todo vale. Construye, por tanto, una novela profundamente desmitificadora, que despedaza los conceptos del sueño americano y de la tierra de las oportunidades con los que creció esa misma sociedad estadounidense que ahora avanza sin rumbo no se sabe bien hacia dónde.
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Cuando Dog Soldiers llegó a mis manos, creí que iba a leer una novela sobre la Guerra de Vietnam. Como el personaje principal, John Converse, era un periodista del montón pasado de rosca que vivía en Saigón los últimos días de la contienda, pensé que me encontraba ante la ya clásica crónica post-conflicto bélico en la que un testigo de primera (un soldado, un periodista, un civil que no ha sabido o no ha podido huir a tiempo…) comparte con el lector los horrores de la guerra y todas las cosas buenas y todas las cosas malas que puede ofrecer el ser humano.

Después, cuando Converse decide aliarse con ex marine llamado Hicks y ganar dinero fácil gracias al tráfico de heroína, pensé que la historia evolucionaría hacia la típica novela moralista, una de ésas que enseñan que las guerras afectan tanto a la gente que luego ésta se vuelve paranoica o psicótica y se dedica a robar y matar a sus vecinos, cuando no desarrolla teorías conspiratorias y acaba asesinado por un agente del FBI después de atentar contra el presidente o intentar volar la Casa Blanca o quién sabe qué.

Pero me equivoqué. Resultó que Converse volvía a EE.UU. para descubrir que su mujer había desaparecido con Hicks y la heroína, y que ambos huían de agentes federales corruptos dispuestos a hacer lo que hiciera falta para conseguir la droga. Se iniciaba así una persecución por media California en la que desde el primer momento quedaba claro que lo importante no era qué les iba a ocurrir a los protagonistas, sino por qué iba a ocurrirles y cómo era el mundo en el que éstos vivían. Atrás dejaban, para ello, a los personajes decadentes, los sueños rotos y las ideologías caídas, como si esa huida que presenta Dog Soldiers fuera en realidad un descenso colectivo al infierno que todos llevamos dentro. Así como se afirma que el animal no es la hormiga, sino el hormiguero, aquí los personajes no son sino una simple pieza de un engranaje que les queda demasiado grande, el reflejo de una generación desorientada y engañada por sus propias aspiraciones.

Con una clarividencia extraordinaria (puede que hoy en día leer sobre el mundo de la droga o la derrota de EE.UU. en Vietnam no nos impresione demasiado, pero cuando se publicó Dog Soldiers –en 1974–, todo esto era una novedad), unos diálogos (impecables) totalmente verosímiles y una prosa tan sobria como contundente, Stone retrata una sociedad desencantada, un país en el que el espíritu de amor y paz defendido por el movimiento hippy se ha convertido en cinismo y en un sálvese-quien-pueda en el que todo vale. Construye, por tanto, una novela profundamente desmitificadora, que despedaza los conceptos del sueño americano y de la tierra de las oportunidades con los que creció esa misma sociedad estadounidense que ahora avanza sin rumbo no se sabe bien hacia dónde.

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