Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

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Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Cargamento de heroína al infierno" · David Castillo (Avui) -
  2. 28 de Octubre de 2010
  1. Dog Soldiers, de
  2. Robert Stone

Dog Soldiers es una obra maestra, con las dotes de observación características de Robert Stone, con escenas memorables como, por ejemplo, ese momento en que uno de los protagonistas es torturado en unos fogones mientras en la televisión emiten un film de Cary Grant. El contraste entre la vulgaridad de muchas de las situaciones y la ascensión al cielo a través de algunas de las frases lapidarias que plagan el texto provoca esa sensación de plenitud de los libros inolvidables. [...] Casi cuatro décadas después, su fuerza se mantiene intacta. Se convertirá en un clásico de la literatura del siglo XX.
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Hace diez años, Robert Stone (Nueva York, 1937) llegaba a los escaparates de nuestras librerías con La puerta de Damasco, una rotunda novela ambientada en Jerusalén, que era un viaje al interior de su personaje principal, un periodista perplejo en búsqueda de su identidad. Stone construía una trama sobre la complejidad del mundo que no excluía ni la violencia ni el espionaje. Como en la mayoría de sus narraciones, el ritmo era trepidante, marcado por la sorpresa y la deriva al infierno.

La puerta de Damasco era un nuevo episodio en la obra de un escritor que había triunfado en Estados Unidos a principios de los setenta con Dog Soldiers, una espléndida novela que relata la peripecia vital, en capítulos alternos y en tercera persona, de unos personajes decadentes, de origen californiano, que se reencuentran en Saigón y tienen la gran idea de introducir tres kilos de heroína en América.

Uno de ellos es un dramaturgo fracasado que colabora en una publicación prácticamente marginal de Los Ángeles. En Vietnam decide pactar con un conocido —veterano de guerra y lector de Nietzsche— para que transporte la mercancía en un barco de carga del ejército. El problema surge cuando una serie de policías corruptos interceptan la pista de la droga, capturan al periodista (que ha viajado a California en avión) e inician una frenética persecución del marine y de la mujer del periodista, que se ha unido a él, tanto por debilidad sentimental como por su adicción a los narcóticos.

El argumento podría parecer el de una novela policíaca o de aventuras, pero acaba convirtiéndose en una metáfora sobre la huida hacia la nada, la desesperación y el vacío existencial. Todo ello salpicado con la música de la época: Beatles, Bob Dylan, Joan Baez, Jonnhy Cash, Beach Boys, Creedence Clearwater Revival, Ray Charles y temas emblemáticos como The Age of Aquarius y Red River Valley.

La novela se inscribe en un género muy marcado por el cine, especialmente notable a partir de películas del oeste y thrillers, renovados por Quentin Tarantino o Robert Rodríguez. En el terreno literario, la tradición proviene de Traven y alcanza su cénit en obras como Un buen día para morir, de Jim Harrison; Trilogía de la frontera, de Cormac McCarthy, y La última oportunidad, de Richard Ford.

Tenemos la referencia de Hemingway, Faulkner, Steinbeck y compañía filtrada por la generación contestataria, que va de los recuerdos de Berkeley y el trauma mortífero de Vietnam a la huida que nos hace aterrizar en una comunidad hippie cerca de la frontera mexicana, donde todo salta por los aires en una desembocadura tan determinista como la de una tragedia griega.

Dog Soldiers es una obra maestra, con las dotes de observación características de Robert Stone, con escenas memorables como, por ejemplo, ese momento en que uno de los protagonistas es torturado en unos fogones mientras en la televisión emiten un film de Cary Grant. El contraste entre la vulgaridad de muchas de las situaciones y la ascensión al cielo a través de algunas de las frases lapidarias que plagan el texto provoca esa sensación de plenitud de los libros inolvidables.

Hijo de una maestra esquizofrénica, Robert Stone se crió en orfanatos antes de alistarse en la marina. Después de obtener una beca para asistir al taller de escritura del recuperado Wallace Stegner en la Universidad de Stanford, Stone irrumpió con esta novela, que ganó el prestigioso National Book Award del 1975. Casi cuatro décadas después, su fuerza se mantiene intacta. Se convertirá en un clásico de la literatura del siglo XX.

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