Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Lectura: 'El diablo a todas horas' de Donald Ray Pollock" · Raquel Moraleja (Lit Ar Co) -
  2. 15 de Abril de 2013
  1. El diablo a todas horas, de
  2. Donald Ray Pollock

Perfectos en su desgracia, los personajes de Ray Pollock te atrapan desde el principio hasta el final. Hacía muchísimo tiempo que no cogía un libro que me fuese prácticamente imposible soltar. […] Cada elemento en El diablo a todas horas existe por algo. […] No sobra nada; todo es imprescindible.
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Si el mismísimo Chuck Palahniuk dice que tu novela es "más atrayente que cualquier otro libro de ficción publicado en años", sabemos de qué palo vas. Se apellida Ray Pollock, nació en Ohio en 1954 y creció en un pueblo -del que no tengo claro qué tipo de experiencias sacó- llamado Knockemstiff. Dejó el instituto para trabajar en una planta cárnica durante más de treinta años y después en una fábrica de papel. Fue en 2009 cuando su vida cambió al graduarse en la Universidad de Ohio y debutar en el panorama literario con Knockemstiff. Años después, vuelve al lugar donde nació y crecieron sus ideas para situar en estas tierras en lo más perdido y profundo de los Estados Unidos toda clase de personajes decadentes, sin futuro, perversos, lascivos, corrompidos, maníacos, borrachos y con falta o exceso de fe. Perfectos en su desgracia, los personajes de Ray Pollock te atrapan desde el principio hasta el final. Hacía muchísimo tiempo que no cogía un libro que me fuese prácticamente imposible soltar. Largo pero agilísimo, con capítulos fragmentados según las escenas, un perfecto equilibrio entre diálogos, descripción y reflexiones -las justas, y casi siempre en modo de observación o recuerdo-. Puede parecer innecesario; cada elemento en El diablo a todas horas existe por algo. Cada botella rota, cada fotografía, cada gesto amable, cada recoveco de piel acariciada conduce exactamente hacia ese trágico, sublime y apoteósico final. No sobra nada; todo es imprescindible. Los recuerdos del dependiente de la tienda de comestibles dibujan en el lector una imagen cada vez más completo de un ambiente podrido. Muchísimas páginas más tarde lo recordarás. Aquel gesto que parecía gratuito te adelanta el final no escrito. Cada cual trata de escapar y ser feliz a su manera. Sin caer en lo lascivo y lo ordinario -nadie podrá reprocharle eso a este autor- es sencillo y elegante hasta a la hora de hablar de dos torturadores sádicos. Ray Pollock es uno de esos escritores que no dice, sólo cuenta. Y cuenta una historia imperfecta que se te queda grabada, fotograma a fotograma. En cualquier momento puedes echar mano de tu recuerdo de Arvin escuchando el tañir de los huesos muertos.

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