Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Entrevista: Iván Repila" · Koldo Gutiérrez (Cactus) -
  2. 30 de Abril de 2013
  1. El niño que robó el caballo de Atila, de
  2. Iván Repila

«Hablo de los procesos físicos que sufren los hermanos, pero también de los mentales, donde ejerce más fuerza el lenguaje poético. Por un lado está la impresión de la realidad y por otro, la expresión de lo subjetivo. Son dos piezas que se pueden aunar para darle más fuerza al texto.»
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Sus dos primeras novelas, publicadas con apenas un año de diferencia, no podrían ser más distintas. Una comedia canalla es una gamberrada muy divertida que recuerda a las primeras películas de Guy Ritchie, pero con toque cañí. El niño que robó el caballo de Atila es un descenso a los abismos —y nunca mejor dicho— del ser humano, con dos hermanos tratando de escapar de un pozo. La historia está narrada con un tono crudo y onírico a partes iguales que atrapa desde el principio. El escritor bilbaíno, tras su paso por Madrid y Valencia, parece que al fin sabe lo que quiere contar. Y también cómo hacerlo. 

Normalmente, un autor novel suele repetir género o estilo en su segunda obra, pero en tu caso, son dos novelas muy diferentes. ¿Por qué así?

Es cierto que ambos libros no tienen nada que ver, algunos me han dicho que ha sido como un “doble debut” y que parece que lo único en común es el nombre del autor. Las personas somos distintas, con momentos más serios y otros más superficiales. Dependiendo de la situación y la persona con la que nos encontremos, nos comportamos de manera diferente. Esto provoca que seamos eclécticos y flexibles, de ahí que a mí se me ocurran cosas muy distintas para contar, tanto en el subtexto como en el tono.
Una Comedia Canalla está escrito con un lenguaje más gamberro y ágil, con tono ácido, divertido y humor negro; en cambio, El niño que robó el caballo de Atila, todo lo contrario. Pero como puedes comprobar, yo soy de las dos maneras. En la segunda novela me puse más serio, pero quizá en futuras obras, si las hay, el estilo también cambie.

¿Las historias te surgieron en ese orden, o tenías ya alguna de ellas en el cajón desde hace tiempo?
Suelo tener ideas en el cajón y depende del momento de mi vida o las ganas que tenga de contar una cosa u otra, me decanto por alguna. Una Comedia Canalla la tenía desde hacía hace años, y de hecho su dedicatoria es “para algunos grandes amigos, para que lean al menos un libro”, que es muy honesta. Cuando era más joven y andaba por bares, solía estar ahí leyendo libros y mis amigos, que son un poco macarrillas, me decían “¿pero qué estás haciendo?”. Y yo les decía que leer, pero ellos soltaban “¿para qué?”, así que les amenazaba con que algún día escribiría un libro gamberro para que lo leyeran ellos, que no habían leído un libro en su vida desde el colegio y dejaran de mirarme raro. Así que ese germen estaba ahí desde hace muchos años y el de esta historia vino hace tres.

¿Por qué Una Comedia Canalla, pese a transcurrir en España, tiene nombres extranjeros?
Es una mirada salvaje a España, de reír por no llorar. En realidad son motes, porque casi todos los que aparecen están inspirados en motes de colegas míos, de esa época que te he descrito antes, cuando todos éramos bebedores y fumetas. Entonces vivíamos juntos varios amigos y venía gente a nuestra casa cuyo nombre nunca supe, porque siempre nos referíamos a ellos por sus motes. No éramos delincuentes, pero conocíamos a gente que vivía un poco más en el límite. Hace años, un amigo y yo nos encontramos en un bar preguntándonos “¿qué fue de…?” varios nombres estrambóticos durante diez minutos.

El clímax es apoteósico, ¿te costó mucho atar cabos para que encajaran todas las piezas a la vez, o lo tenías ya pensado desde el principio?

Tenía claro el horizonte hacia el que debía ir, pero no sabía cómo. Fue complicado, porque como tiene un ritmo in crescendo, quería que acabara como con una gran traca final. Sé que a nivel literario eso queda artificioso, pero era lo que pedía el libro para terminar con una gran salvajada. Cuando me quedaban unas cien páginas, mi mujer se marchó un mes de vacaciones y me dejó con mi perro Pinter (en honor al famoso dramaturgo, Harold Pinter) en Madrid, terminando la novela. Cuando volvió, nos encontró con mi escritorio lleno de post-its con todas las historias, para intentar enlazar los personajes. Incluso, como la escena transcurre en un campo de fútbol, había dibujado un mapa para situar a todos allí y poder orientarme. Tuve que hacer un esquema visual para poder ubicarme y que el lector no se pierda, pese al caos reinante.

¿Cómo fue la documentación para los 132 sinónimos de “porro” que cita un personaje?
Tiré mucho de memoria, pregunté a amigos profesionales, navegué por internet, etc. Es un fragmento que fui rellenando a lo largo de los años. Estoy satisfecho, aunque en las presentaciones del libro siempre hay algún listo que me dice “se te olvidó meter ‘trusky’, que es como lo llamamos en mi cuadrilla”. Ya me ha pasado ocho veces.

¿Cómo te dio por escribir ya el guión de la posible película?
Al de dos o tres meses de su publicación, contactó conmigo por Twitter Max Lemcke, un director de cine al que no conocía. Su última película es Cinco metros cuadrados, con Fernando Tejero. Me dijo que se había descojonado con mi libro y que había pensado en hacer un guión para que ése fuera su siguiente filme, un cambio de registro respecto al anterior. Me propuso escribirlo juntos, aunque yo no había hecho jamás un guión de cine. Nos reunimos varias veces y hablamos mucho. Tiene unas 150 páginas y ahora Max está moviéndolo por las productoras, pero es complicado.

El niño que robó el caballo de Atila parece un mal sueño, una oscura pesadilla. ¿Es deliberado ese tono onírico?
Es lo que pretendía, pero me dio muchos quebraderos de cabeza. Utilicé ese lenguaje para reforzar y explicitar un mundo más amplio y que los lectores no se quedaran sólo con la interpretación superficial de los niños atrapados.

Por otro lado, su lenguaje también es muy crudo y descarnado. ¿Es difícil aunar ambos estilos, uno más abstracto y otro más concreto?
Trato de hacerlo lo mejor que sé, pero no es fácil. Hablo de los procesos físicos que sufren los hermanos, pero también de los mentales, donde ejerce más fuerza el lenguaje poético. Por un lado está la impresión de la realidad y por otro, la expresión de lo subjetivo. Son dos piezas que se pueden aunar para darle más fuerza al texto. Hubo muchas revisiones y reescrituras, y bastante trabajo con la editorial, con el corrector de estilo y con mi propio editor. Queríamos afinar y mantener el equilibrio para que no fuera una ida de olla a nivel poético, ni tampoco insoportablemente crudo.

¿Qué importancia tienen los sueños para ti?
Me dan mucho que pensar, porque tengo facilidad para recordarlos. Cuando el sueño es significativo o me causa algún tipo de inquietud, suelo apuntarlo en la libreta de la mesilla. Así que tengo muchas páginas escritas con sueños, principalmente pesadillas. Luego los analizo, aunque no sea psicólogo. A veces, saco ideas que luego desarrollo, preguntándome sobre todo por qué he soñado eso para luego intentar escribir algo sobre ello. En este caso soñé con dos personas atrapadas en un pozo y dándole vueltas después desarrollé la historia, hice que fueran hermanos, etc.

Usas metáforas constantemente, con gran facilidad para elegir las más certeras y gráficas. ¿Cuesta mucho dar con la más apropiada o es algo que te sale de manera inconsciente?
Quería que no fuera una simple fotografía de los hechos, para activar la imaginación del lector provocando procesos en su mente mediante asociación de ideas y referencias que pueden enlazar con sucesos del día a día. Siempre he leído mucha poesía y tengo una editorial muy pequeñita e independiente junto a dos socias llamada Masmédula. Sólo publicamos poesía y además tengo muchos amigos poetas, así que supongo que eso ha influido en mi manera de escribir, para que me salgan de manera más natural.

La historia se puede interpretar como un alegato a la insurrección, en estos tiempos oscuros. ¿Era esa tu intención, o prefieres que cada lector saque su propia conclusión?
La novela tiene varias lecturas, se puede entender de muchas maneras. De una superficial, la historia que cuenta, pero admite dos interpretaciones más existencialistas, aplicadas al “yo” y relacionadas con Camus. Una sería la persona atrapada en unas circunstancias vitales concretas y la presencia de Dios en algunos momentos. Otra está más relacionada con la crisis que estamos viviendo y las ganas de salir de este infierno en el que estamos metidos seguramente no por nuestra culpa.
Escribo para plantearme preguntas, todos tenemos dudas, existen pocas certezas. No pienso tanto en los niveles de interpretación que pueda tener, sino en los que yo le doy. Al haber lectores distintos con mentes diferentes, el libro se expande en otras direcciones. Todas las interpretaciones me parecen válidas.

El libro comienza con una famosa cita de Margaret Thatcher1. ¿Ahora que ha muerto, crees que ella habría captado o aceptado el mensaje del libro?
Creo que jamás habría leído un libro como éste. Yo no la he vivido, pero su influencia llega hasta hoy día. Esa cita suya me parecía la más significativa, porque se aleja tanto de lo que yo entiendo por un mundo habitable y decente…

Cuando leí la novela, en el último capítulo sonó casualmente en mi Spotify The Ectasy of Gold, de Ennio Morricone, y aumentó la tensión del momento considerablemente. ¿Se te ocurre alguna otra canción conocida que encaje en esa emotiva escena?

No, pero en una presentación mi amigo músico James Room dijo que si tuviera que poner banda sonora al libro, utilizaría alguna canción de 16 Horsepower. Su música es muy oscura, atmosférica y áspera, como podría ser el libro.

Para la otra novela servirían muchas canciones distintas. Gogol Bordello es un grupo ruso-americano muy peculiar que encajaría muy bien, sobre todo su tema Start Wearing Purple.

Quizá para la película…
¡Sí, sería genial conseguir los derechos! Me encantaría que Gogol hicieran un cameo también.

¿Estás trabajando ya en tu siguiente libro?
Estoy escribiendo borradores y tengo varias ideas, pero nada tangible. Estoy un poco más enfocado ya en una idea ambiciosa. He publicado dos libros en poco más de un año, así que no tengo prisa. Además el mundo editorial es un misterio en estos tiempos, pero seguiré escribiendo.

 

Títulos

Los títulos que propuse a la editorial no gustaron a nadie, ni a la editorial, ni a mi familia, ni amigos. Los títulos actuales son sugerencia de mi muy inteligente editor, desgraciadamente ya fallecido. Cuando me los propuso, me encantaron.

Originalmente, el primero se titulaba La Gatoparda, una historia de emprendedores, pero la gente no sabría con qué se iba a encontrar. El otro quería que fuera Lalla, lalla, que era el estribillo de una nana en latín que cantaba un personaje, pero decidimos que era demasiado compleja y no se ajustaba a la idea del libro. Así que modificamos la nana y ya no tenía sentido el título, así que lo cambiamos.

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