Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "'Hollywood siempre ha sido muy cruel, brutal', acusa Robert Stone · Entrevista a Robert Stone" · Laura Fernández (El Mundo) -
  2. 17 de Abril de 2013
  1. Hijos de la luz, de
  2. Robert Stone

Stone acaba de publicar Hijos de la luz (Libros del Silencio), la historia de un guionista de Hollywood que odia Hollywood por prometer cosas que jamás cumplirá. […] «Tanto Walker como la chica son especiales, tienen algo que los diferencia del resto, y juntos se sienten fuertes, como si pudieran derrotar al mundo. Juntos son ellos contra el mundo. Durante esa época, durante todas las épocas, Hollywood siempre ha sido muy cruel, brutal», apunta Stone.
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Toma el pulso al lado más perverso de la Meca del Cine en «Hijos de la luz»

Con la sensación de estar siendo observado por una iguana, en una habitación repleta de libros, en algún lugar de Florida a escasas 90 millas de La Habana, Robert Stone contempla un manual de Historia de la religión, ajeno a las palmeras que se mecen ahí fuera. Está a punto de cumplir los 76 años y, aunque no presume de ello, pasó más de una noche en compañía de Jack Kerouac. «Mi vida era por entonces muy distinta a la suya. Yo me había alistado en la Marina», recuerda el escritor, que decidió que quería ser escritor después de leer El Gran Gatsby, de Fitzgerald. Buen amigo de Ken Kesey (beatnik autor de Alguien voló sobre el nido del cuco), Stone conoció a Neal Cassady (figura clave de la generación beat) a mediados de los 60, en México. «Por entonces era adicto a las anfetaminas. No comía ni dormía y no paraba de hablar. Tenía un loro en una jaula. Lo llevaba con él a todas partes. A veces uno no sabía si el que hablaba era él o el loro. Apuesto a que el condenado loro suelta de vez en cuando aún un discurso de Cassady. Está vivo, en casa de alguien, en Oregón», cuenta. Stone acaba de publicar Hijos de la luz (Libros del Silencio), la historia de un guionista de Hollywood que odia Hollywood por prometer cosas que jamás cumplirá.

El guionista en cuestión es Gordon Walker. Acaba de perder a su mujer y cree haber hundido por completo su carrera como guionista y actor. En una huida hacia adelante, que incluye alejarse lo máximo posible de la supuesta Tierra Prometida (California),Walker viaja a México en busca de un viejo amor: Lee Verger, actriz como él, adicta a toda clase de sustancias y perturbada por visiones de todo tipo. De camino, Walker recorrerá un buen puñado de moteles de carretera en los que no dejará de preguntarse qué sentido tiene todo. «Siempre he dicho que mi tema es América y los americanos», sentencia Stone. Lo que significa ser americano, haber vivido en la América del siglo XX. «Durante una parte de mi vida me involucré mucho en la política estadounidense», dice. «Tenía la sensación de que podía enseñarle al mundo todo aquello en que los americanos se equivocaban», añade. «Pero la realidad americana es demasiado compleja», considera. Y prosigue: «Como escritor de los bajos fondos, que había leído a Dos Passos, Steinbeck y Dreiser, me sentía antiacadémico, un romántico, un prorrealista. A finales de los años 50, la ficción norteamericana era muy apolítica. Pero luego llegaron los 60 y todo cambió. En cualquier caso, sí, América siempre ha sido mi objeto de estudio. Y por ella siento una mezcla de amor y odio, y en parte, también de culpa».

Stone, que fue corresponsal de guerra en Vietnam y que pasó buena parte de su infancia en un orfanato (su madre era esquizofrénica, como la protagonista de Hijos de la luz), tiende a enviar a sus protagonistas lejos de América para poder analizarlos mejor. En este caso es México, pero en el de Dog Soldiers, fue Vietnam. «Observar desde fuera el aspecto que tiene tu país es importante para tratar de entender el misterio que lo rodea y que jamás podrás entender por completo en casa», dice el escritor. Los personajes, a medida que se alejan de su país, empiezan a sentirse fuera de lugar, lo que les hace tomar conciencia de cómo se han estado comportando hasta el momento y por qué. «Al alejarse, Gordon comprende que ha sido una víctima de esa Tierra Prometida que en realidad no era una Tierra Prometida en absoluto. Sobrevive porque toma distancia», explica el escritor. Distancia real, pero también distancia conceptual. «La ironía es su arma. Sólo con ella puede enfrentarse a su propio fracaso y al hecho de que, después de todo, no es más que el hijo de un alcohólico», dice.

«Tanto Walker como la chica son especiales, tienen algo que los diferencia del resto, y juntos se sienten fuertes, como si pudieran derrotar al mundo. Juntos son ellos contra el mundo. Durante esa época, durante todas las épocas, Hollywood siempre ha sido muy cruel, brutal», apunta Stone. Hablando de cine, la novela cuya adaptación protagoniza en la ficción la ex novia de Walker es El despertar de Kate Chopin. «Durante un tiempo trabajé en una biblioteca en la que había una sección importante dedicada a la literatura feminista. Un día me topé con esa novela y empecé a leerla por curiosidad y no pude parar. Me encantó. Siempre he tenido la sensación de que es una especie de Madame Bovary nortamericana. Su autora tuvo una vida corta pero muy interesante. Llegó a ser espía durante la Guerra Civil Americana», explica. No conoció a Kerouac porque cuando ella murió aún quedaban 18 años para que naciera el autor de En la carretera. «Recuerdo la primera vez que le vi. Le pedí un cigarrillo y no me lo quiso dar, porque era el último que le quedaba. Ya estaba destrozado por el alcohol. Me pareció un tipo demasiado sensible, al que se le había roto el corazón hacía mucho tiempo. Hoy la gente ha olvidado cómo se solían meter con ellos, con los beatniks, en aquella época. Truman Capote solía decir que Kerouac no era un escritor, era un tipógrafo. Y cosas por el estilo. Nadie los tomaba en serio», sentencia Stone.

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