Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Hijos de la luz" · Sonia Fides (Mademoiselle joue avec son revolver) -
  2. 26 de Febrero de 2013
  1. Hijos de la luz, de
  2. Robert Stone

Una gran historia. […] Espléndida. […] Walker y Lee soportan tanto pasado que el futuro ya no cabe sobre sus hombros y por eso el autor recurre a la fortaleza de Faulkner, de Shakespeare, de Dickinson, al cine y a la literatura, a la imagen y a la palabra como alimento, pero sobre todo para darle vida a la destrucción. […] Extraña e hipnótica.
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Mucho antes de leer esta novela ya tenía claro que me gustan y mucho las novelas en la que la sed es casi una forma de vida. Y aunque suene paradójico porque al leer caminamos entre borrachos, es esta una novela en que la sed también ocupa su protagónico espacio.

Cinematográfica y brutalmente carcomida por la sombra de los titánicos personajes de Shakespeare, Hijos de la luz es una gran historia que si la dejaran iría a parar directamente a las manos de la siempre singular Sophia Coppola. De hecho su protagonista Walker Gordon se aloja en el decadente e inolvidable Chateau Marmont como también se alojara el último héroe de la hija del viticultor italoamericano. De hecho Walker Gordon bien podría ser una copia avejentada de su Johnny Marco. Pero dejemos las odiosas comparaciones y centrémonos en esta historia de amor en la que el asfalto es un lecho infinito que no arroja pistas. Una nada hermosa y electrizante que se sostiene sobre la poderosa frase que William Faulkner escupió sobre las hojas en blanco de su novela “Las palmeras salvajes”:

“Si tengo que escoger entre la nada y el dolor, escojo el dolor”

Espléndidos subtítulos los que salpican las vidas de Walker y Lee, dolorosos pero bellos, incómodos pero únicos. Shakespeare es quien conduce los coches y los cuerpos de los protagonistas, personajes al límite con los pies llenos de arena y la cabeza llena de líquido. Si no se puede salvar la cabeza para qué se necesita el cuerpo, lo mejor es convertirse en una Ofelia insana y acabar con todo. Los protagonista de esta espléndida pero complicada historia se mueven a la velocidad que marca la droga, habrá carreras feroces sin que haya un cuentakilómetros de por medio y parones dramáticos que convertirán a los protagonistas en esclavos. Es como si dejaran de ser cuerpos para convertirse en unas grandiosas papilas gustativas a la que se les impusiera probar de todo. Walker y Lee soportan tanto pasado que el futuro ya no cabe sobre sus hombros y por eso el autor recurre a la fortaleza de Faulkner, de Shakespeare, de Dickinson, al cine y a la literatura, a la imagen y a la palabra como alimento, pero sobre todo para darle vida a la destrucción. En historias como estas en la que el desierto nada tiene que ver con el paisaje todo debe estar en su sitio si el autor no quiere que la historia se convierta en un chiste estúpido y sin gracia. Quizás no debería recomendar que leyeran esta novela, extraña e hipnótica, porque después de leerla te duele la carne, pero para que sirve si no la carne.

Leer en [Mademoiselle joue avec son revolver]

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