Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "Cuatro por cuatro" · Sergio del Molino (Sigueleyendo) -
  2. 28 de Febrero de 2013
  1. El niño que robó el caballo de Atila, de
  2. Iván Repila

Un texto lírico y emocional que va muy en serio. […] Seguro en sus fraseos, atrevido con las metáforas, con una prosa fina. […] Evidencia un sentido del lenguaje que empieza a ser raro de ver en los narradores españoles. […] Una alegoría bien planteada, con símbolos trabajados y toda clase de guiños a los cuentos infantiles tradicionales. Todo Grimm cabe en las escasas cien páginas de este librito.
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Tenía mucha curiosidad por leer esta nouvelle de Iván Repila, que el año pasado debutó con Una comedia canalla. Si aquel debut era una especie de broma, con mucha violencia y mucha droga y mucho diálogo desfasado, este es un texto lírico y emocional que va muy en serio. Y yo me alegro, porque el registro íntimo y serio le sienta muy bien, mucho mejor que el registro cómico. He disfrutado bastante descubriendo a este Repila, seguro en sus fraseos, atrevido con las metáforas, con una prosa fina y ¿poética? (¿se puede calificar una prosa de poética sin que el prosista aludido te rompa un verso en la cara?), que en algunas páginas cae como las gotas que se escurren por las paredes del pozo y dan de beber a los hermanos protagonistas de la historia. «El amor como un pacto de silencio donde se administran violencias propias de un reptil, de un cocodrilo viejo». Ese casi pleonasmo que va detrás de la coma, esa corrección sobre la marcha, cuando el autor se da cuenta de que un cocodrilo viejo es mejor símil que un reptil generalista, esa concreción superpuesta, evidencia un sentido del lenguaje que empieza a ser raro de ver en los narradores españoles. La atención a la frase bella y el cuidado flaubertiano por la página bien construida son actitudes literarias muy de agradecer para quienes aún creemos en la lectura como forma superior de placer. Con esos mimbres, para mí, lo de menos, es la trama (dos hermanos han caído en un pozo en medio de un bosque y no pueden salir, el libro cuenta su supervivencia). Porque lo que me gustan son las elecciones estéticas que Repila ha tomado. Y no es la menos relevante el léxico que escoge para los diálogos, esos niños que se expresan como si fueran Prousts en pleno subidón de magdalenas. Una alegoría bien planteada, con símbolos trabajados y toda clase de guiños a los cuentos infantiles tradicionales. Todo Grimm cabe en las escasas cien páginas de este librito. Si tuviera a su autor junto a mí en la barra de un bar (y, salvo Roberto de Paz, todos los autores cuyos libros comento aquí han compartido barra de bar conmigo en algún momento, avisados quedan) le diría que siguiese por ahí, que su camino está en el fondo de los bosques y no en las comedias canallas. Pero, como no lo tengo enfrente, me contentaré con aplaudir esta nouvelle y desear que tire fuerte de los hilos que cuelgan de aquí.

¿A quién se lo recomendaría? A cualquiera que no tenga prisa por saber cómo acaban los libros. A cualquiera que encaje en el perfil nabokoviano de lector, los que saben que en la literatura casi nunca importa el qué, sino el cómo.

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