Un libro es un fragmento de silencio en manos del lector.

Aquel que escribe calla.

Aquel que lee no rompe el silencio.

PASCAL QUIGNARD

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  1. "El último reducto" -
  2. 26 de Marzo de 2011
  1. Marta Moreira, de
  2. ABC

En el marco de la Feria del Libro de Valencia, que comienza el 7 de abril, un buen número de editoriales independientes, entre ellas Libros del Silencio, debatirán sobre los nuevos retos del sector, amenazado por la eclosión de los e-books y la posible obsolescencia de la cadena de producción y distribución vigente hasta el momento.
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Los que nacimos en la era de la pizarra, las tizas y los libros de papel, hemos vivido el salto a un mundo de soportes intangibles, en el que la formación de conocimiento es intercontextual y continua; un mundo al que, además, es imposible sustraerse. Podemos empeñarnos en seguir buscando conceptos entre los tomos de una enciclopedia polvorienta, como movidos por un rencor perruno hacia el monopolio digital, pero, lo queramos o no, estaremos cayendo en un atavismo excéntrico, cuando no en un capricho puramente posmoderno. Hay avances que no tienen vuelta atrás, porque no solo nos ahorran tiempo, sino que amplían y mejoran los resultados que buscamos.

El mundo del libro -entendido éste como la cadena que integran autores, editores, distribuidores y lectores- es bien consciente de ello, pero no todos se dejan arrastrar por un pesimismo estéril, ni se ven llamados a desaparecer bajo el yugo de «amenzas» como el libro electrónico. El caso particular que ocupa este artículo es el de los editores independientes, pequeños y jóvenes, que siempre se han considerado los elementos más vulnerables del sector, pero que sin embargo podrían estar más preparados que otros para sobrevivir en estos tiempos de cambio tecnológico, depresión económica e incertidumbre a manos llenas.

En la era de los blogs y las redes sociales, los púlpitos desaparecen o se diluyen en el océano de internet, lo que obliga a las grandes editoriales a reiventarse para seguir monopolizando la atención de los lectores, que necesitan en cantidades masivas. Las nuevas herramientas de comunicación favorecen la visibilidad de proyectos grandes y pequeños, aunque también exigen al lector un criterio de selección más afilado.

En este contexto, las pequeñas editoriales parten de una situación ventajosa. Sus productos se diferencian del resto en los contenidos -apuestan por clásicos inéditos, autores arriesgados- y en el valor añadido de unas presentaciones cuidadas, dirigidas al coleccionismo. Además, no requieren vender de forma masiva para mantenerse a flote. No sufren la presión de buscar el éxito de masas. «Nuestro gran reto es hacer lo que nos gusta y vivir de la edición. Creemos que hacerlo por amor al arte sería un objetivo cobarde. Y nosotros lo estamos consiguiendo», afirma Jan Martí, de Blackie Books, que en su escaso año y medio de existencia ha conseguido destacar con nuevas propuestas como la recuperación de las novelas del exponente del teatro del absurdo Enrique Jardiel Poncela.

Ésta y otras cuestiones serán objeto de discusión en las mesas redondas y actividades que, bajo el título «End time books», tendrán lugar en la próxima Feria del Libro de Valencia. Detrás de este proyecto, al que están llamados algunos de los principales representantes de la edición independiente en España -Ático de los Libros, Principal de los Libros, Nevski Prospects, Alfabia, Blackie Books, Libros de Lince, Errata Naturae, Libros del Silencio, Sajalín, Belleza Infinita, etcétera- encontramos las librerías valencianas Odisseu Llibres y Slaughterhouse, coordinadoras de los encuentros con autores, actuaciones musicales y talleres musicales que se celebrarán entre el 7 y el 15 de abril en los Jardines de Viveros.

Como novedad, el programa reserva un apartado especial a los editores especializados en el mundo de la música, que podrán aportar interesantes paralelismos con lo acaecido en la industria musical cuando el CD llegó para desplazar al vinilo. Hoy vivimos un renacimiento del coleccionismo de los 12 pulgadas que demuestra que el valor del objeto, el fetichismo si se quiere, garantiza la supervivencia de soportes «obsoletos».

Libreros, el eslabón más débil 

La escasa penetración del libro digital en España -la determinación del precio es todavía un importante escollo, porque los pdf a 15 euros no convencen a nadie- es una de las razones que desaconsejan el alarmismo. Sin embargo sí se pone en tela de juicio la obsolescencia de la cadena de producción, edición y distribución vigente hasta este momento, cuyo eslabón más débil parecen ser los libreros.

Nunca dejará de haber autores ni lectores, pero cada vez se habla más de la autoedición y de la venta directa por internet, lo que elimina el papel del distribuidor como mediador y el del librero como prescriptor. La posibilidad de que desaparezcan del mapa estos últimos debe llamarnos a la reflexión, porque son un filtro de calidad necesario en el confuso maremágnum de novedades editoriales, y porque supondría la eliminación de la espontaneidad del lector a la hora de escoger sus lecturas. Uno entra en una libería buscando un título, pero muchas veces sale de allí con algunos más bajo el brazo. Una portada sugerente, una «joya» encarecidamente recomendada por tu librero de confianza, esa novela que ya dabas por imposible y que de repente aparece en la estantería, reeditada o traducida en tu idioma. En internet, el proceso es algo más parecido a un «aquí te pillo aquí te mato».

Por último, unas palabras para la función social que ejercen las editoriales con criterios propios e independientes. Al desligarse totalmente de la obsesión por la producción en cadena de novedades y otorgar a los libros el tiempo necesario para que encuntren a sus lectores, el sector se reconcilia con la naturaleza reflexiva de la propia literatura. Con la apuesta por presentaciones y contenidos frescos, distintos, extraños, gamberrros incluso -por lo general arriesgados comercialmente, y por ello poco atractivos para las grandes empresas editoras-, estas pequeñas empresas ayudan a sostener y reforzar el pensamiento crítico de la sociedad. Que no es poca cosa.

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